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Cuando la ganadería es tu pasión: hay jóvenes que no rehúyen el rural

María Manteiga en su ganadería en Oirós, En Vila de Cruces. PATRICIA FIGUEIRAS
María Manteiga en su ganadería en Oirós, En Vila de Cruces. PATRICIA FIGUEIRAS
María Manteiga, de 24 años, advierte que los que deciden trabajar en el rural, "están muy formados y con ganas de quedarse"

Cada año, decenas de ganaderías echan el cierre por falta de relevo generacional. El modo de vida del rural y la falta de servicios provocan que los jóvenes descarten tomar las riendas de un negocio que dio de comer durante décadas a varias generaciones de su familia. "El interior va a menos. Quedan muchas personas mayores y pocos jóvenes. Es triste ver como mucha gente lo que quiere es tirar con la ganadería unos años, hasta que se jubile. Su único objetivo es cerrar, no es crecer ni que se queden sus hijos o sus nietos con el negocio". María Manteiga tiene 24 años y es de Oirós, de Vila de Cruces, y ella es una de las excepciones a esos cientos de jóvenes que cada año deciden buscarse la vida lejos de la aldea en la que crecieron. "Para mi la ganadería es parte de mi vida, no es mi trabajo. Cuando haces lo que te gusta es como un pasatiempo". 

Desde pequeña siempre lo tuvo claro. Se quedaría en la granja en la que se crió toda su vida, la Ganadería Manteiga, de la que actualmente son socios sus padres, su hermana, de 26 años, y ella. "Desde pequeñita vi el amor y el buen trato a los animales. Yo estaba siempre en el medio ayudando en lo que podía y en lo que me dejaban, siempre supe que eso es lo que yo quería hacer. Toda la vida quise quedarme en mi granja", e incide en que "pienso seguir dedicándome a esto toda la vida". 

Estudió Ingeniería Agrícola y aplica sus conocimientos a la explotación

Así, cuando llegó el momento de decidir qué carrera estudiar, optó por Ingeniería Agrícola, estudios que terminó el año pasado. Y es que "el campo a día de hoy necesita gente muy formada y preparada", ya que "de lo que se trata es de ser cada vez más eficiente, de tener más armas en la mano para poder seguir adelante" y para "poder estar al nivel de lo que nos piden las industrias y el consumidor final, que a día de hoy quiere un producto de calidad". 

Sus conocimientos de Ingeniería Agrícola sirvieron para reformar por completo la explotación de Oirós y crear una ganadería mucho más productiva, eficiente y que, al mismo tiempo, les deja tiempo para disfrutar de una mejor calidad de vida. Así, la reforma le ha permitido automatizar el ordeño de sus 120 vacas y el sistema para dar de comer a los terneros.

"Las ganaderías están haciendo un esfuerzo muy grande para poder seguir invirtiendo para mejorar", reconoce María, que, aunque mira con recelo hacia el futuro del sector ganadero, se congratula con que "al menos los jóvenes que se quedan están muy formados y con ganas de quedarse". 

SU DÍA A DÍA. Aunque la reforma de la explotación le ha permitido disponer de más tiempo libre, "tener un robot de ordeño significa que tienes que estar muy pendiente del teléfono las 24 horas del día, porque si para te llaman para que vayas". Cada día, María, sus padres y su hermana limpian el pesebre, hacen las camas de las vacas con carbonato y serrín, meten a los animales en el robot para ordeñar y les dan de comer y de beber. Y es que la ganadería "es un trabajo continuo, de 24 horas", confiesa María, pero al que piensa dedicarse toda su vida.

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