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Cuestión de caballos

Jacobo Andújar, con uno de sus équidos, el semental Rombus, y con su Kincar, en A Estrada. PATRICIA FIGUEIRAS
Jacobo Andújar, con uno de sus équidos, el semental Rombus, y con su Kincar, en A Estrada. PATRICIA FIGUEIRAS
Papá Noel le regaló su primer kart con seis o siete años y a los nueve tuvo su primer équido. Para el estradense Jacobo Andújar esta segunda afición se convirtió en un negocio familiar, del que saca tiempo para competir en rallyes

Lo suyo es cuestión de caballos. Tengan estos cuatro patas o vayan sobre ruedas, lo cierto es que son el círculo alrededor del que gira la vida del joven estradense Jacobo Andújar Moure, criador de équidos y corredor de rallyes, ahora al volante de un Kincar, un modelo de vehículo fabricado por Joaquín Chamorro, nombre destacado en el mundo del motor, que cuenta con un taller en Nigrán. "As sensacións que me aportan uns e outros son iguais. Cando vou encima do cabalo ou dentro do coche sinto paz. Estou eu só e o que levo debaixo", dice. Lo de la calma mientras pisa el acelerador a fondo lo explica: "No momento no que arrancas, vas tranquilo. Ti só ó volante es quen mandas".

Su última carrera fue en casa, hace una semana, en la XXIV Subida á Estrada, una prueba que pudo completar a pesar de que su coche sufrió un incendio. Su pasión por el motor le viene de cuna. La afición por los caballos le llegó más tarde, pero también partió del ámbito familiar. Con "seis ou sete anos" Papá Noel le regaló un kart. Entonces, su padre corría en el campeonato gallego.

Con nueve, tuvo su primer caballo "e despois xa empezou meu irmán e comezaron a chegar máis á casa", explica. Hoy él, sus padres y su hermano son criadores de équidos de raza árabe. La familia regenta la Ganadería Pozo do Barro, que ha llegado a vender ejemplares hasta a un chino. Cuenta Andújar que un cliente de esta nacionalidad adquirió uno de sus animales que, en un primer momento, estuvo a pruebas en Madrid y que, según sus informaciones, ahora vive en el país asiático.

A este joven, el gusanillo por el motor se le volvió a despertar, esta vez más en serio, a los 20 años (ahora tiene 26). Cumpliendo una promesa que hizo a raíz de la muerte del compañero Miguel Castro, alquiló un coche a un histórico, Alberto Meira, para participar en la Subida á Estrada. En la primera manga, se le rompió el motor y tuvo que parar. Al año siguiente, compró una moto de cross, pero acabó cambiándola por un coche de carreras. "Volvemos empezar outra vez", recuerda. Junto a su equipo, hizo el Campeonato Gallego de RallyMix con un BMW, luego adquirieron un Peugeot 106 y el año pasado ganaron el Campeonato Gallego de Montaña de la Agrupación 4. Ahora, prueba con una nueva modalidad, al volante de un Kincar "a ver como vai a cousa".

CORAZÓN DIVIDIDO

Jacobo admite que la de los caballos y la del motor son aficiones caras, pero, para él, casi irrenunciables, aunque si le dan a elegir en estos momentos, reconoce estar más entusiasmado con los coches. "Estar cos cabalos é moi bonito, andar de paseo con eles, aínda que agora xa hai tempo que non o fago, por unha rotura nunha perna. Calquera dos dous mundos son atractivos e en ambos coñeces xente moi boa", argumenta.

Aunque fue a través de su padre como se adentró en los deportes sobre ruedas, curiosamente es este último quien en estos momentos le anima a que se decante por los caballos. "Meu pai nunca tivera na casa, pero penso que agora está máis contento que nós de telos. Miña nai non tanto... Pero el co mundo do motor sufre máis", será por eso de ver a su hijo exponerse a los riesgos que toda actividad de velocidad entraña.

As sensacións que me aportan uns e outros son iguais. Cando vou encima do cabalo ou dentro do coche sinto paz

Aunque el joven ganadero y piloto lo tiene claro: "É máis fácil dominar un coche que un cabalo. O coche telo ti no teu pé. Ó cabalo, se se lle cruza un cable, escapa". Por el momento, está llevando a la perfección las riendas de ambos y su objetivo más inmediato es acabar, "dentro dun mes", la temporada en el RallyMix de Barbadás "e, para o ano que vén, tentaremos saír outra vez ó campionato galego a probar sorte, a ver que pasa". ¿Y con los caballos? "Pois seguir así, quen queira algún, están á venda!".

Saca tiempo para sus aficiones, pero no descuida su trabajo, también como conductor de un camión de recogida de leche, un negocio familiar. "Co camión non fago xincanas! Hai que ser máis tranquilo!", bromea mientras acaricia a Rombus, el semental de su ganadería que posó, reluciente, para este reportaje, junto a la otra debilidad de su dueño, el Kincar.

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