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El ejemplo de Celestino Carbia

Celestino Carbia Magariños. CEDIDA
Celestino Carbia Magariños. CEDIDA
Proceso al alcalde de Valga ►Siendo un hombre con notable fortuna, se implicó en la lucha por la justicia, que equivalía a enfrentarse a la red caciquil que lo manejaba todo. Y tras el golpe de estado, los franquistas quisieron convertir su asesinato en un escarmiento
Francisco Carbia Fariña emigra a Cuba, hace fortuna, retorna a Cordeiro y se implica en la lucha contra la miseria. En esta localidad se sienten marginados por el poder político, que reside en Valga, y el económico, en Pontecesures. Se organizan, y brota la llama del agrarismo.

Ponen en marcha el Sindicato Agrícola, en el año 1908, y con Francisco Carbia como presidente, su primer reto es eliminar el analfabetismo. Los emigrantes crean la Sociedad de Residentes de Cordeiro, Instrucción y Protección, en Buenos Aires, y el impulso conjunto es el cimiento sobre el que se asienta la escuela de Ferreirós.

Corre el año 1913. Es un edificio rectangular, de una planta. Dispone de ochenta plazas y es insuficiente para atender la demanda femenina, una carencia resuelta cuatro años después con la apertura de otro centro educativo.

Ocupa el bajo de una construcción cuya segunda función es servir de almacén de los útiles del Sindicato Agrícola, entre los que se encuentra uno de los dos arados de acero adquiridos por Carbia, que pone al servicio de sus vecinos, y una báscula para el pesaje de los productos que vendían los agricultores. Su hijo Celestino Carbia Magariños sigue sus pasos. Llegaron a ser 225 los afiliados.

Puso a disposición de los vecinos de Cordeiro un arado y compró una báscula para poner fin a los engaños con el peso

COOPERATIVA. Carbia es uno de los grandes propietarios del municipio. En sus mejores tiempos dispuso de dos centenares de cabezas de ganado y una plantación de tabaco. Uno de los proyectos que quiso llevar adelante fue la creación de una cooperativa para la producción de sidra, cuyo paso previo era la plantación de 16.000 árboles.

Ambos formaron parte de la Corporación municipal durante la dictadura de Primo de Rivera, de la que Francisco Carbia Fariña fue alcalde, y la abandonaron al estar disconformes con la segregación de Pontecesures.

Con una lata de sardinas, los alumnos de la escuela de Ferreirós riegan los árboles que plantaron en el entorno de la iglesia. Cogen el agua en la fuente situada en este entorno. Es una experiencia didáctica que promueve Ramón Martínez Buján, el maestro. Doña Juanita se encarga de las niñas.

La traición de Alfonso XIII, cómplice del golpe de estado de Primo de Rivera, caldea el ambiente, y la confluencia entre las candidaturas de izquierda y agraristas es la clave de los resultados en las elecciones municipales celebradas en 1931.

Celestino Carbia Campaña (Izquierda Republicana) es elegido alcalde de Valga. Cae la monarquía. Construir caminos, puentes y lavaderos, sanear la economía municipal, promover la enseñanza en escuelas mixtas y atender las necesidades más acuciantes de la población son los retos a los que se enfrenta el Concello.

En Valga, los ensotanados hicieron todo lo que estaba a su alcance para mantener sus seculares privilegios. Y cuando el proceso de transformación avanzaba, la oligarquía, los terratenientes, la Iglesia Católica y los militares traidores protagonizaron el golpe de estado el 18 de julio de 1936.

Pero el modo de actuar de Celestino Carbia no varía.

Con la conciencia tranquila, aguarda acontecimientos y rechaza la oferta que le plantean para que huya. Está casado desde los diecinueve años con Robustiana Barreiro, que tenía dieciséis cuando se comprometieron, tienen cinco hijos y no está dispuesto a abandonar a su familia.

El 24 de julio lo detienen y lo llevan a la Escuela Normal de Pontevedra, convertida en una prisión. Después de interrogarlo, lo envían a San Simón, una isla transformada en un campo de concentración. En este lugar recibió frecuentes visitas de su esposa, acompañada por alguno de sus hijos.

En las alas de lo que fue un convento y un lazareto duermen decenas de hombres en el suelo. Cuando alguno necesita salir para orinar, debe hacerlo tropezando con cuerpos y cabezas. Los piojos y las pulgas los abrasan. Se propaga el tifus y la tuberculosis.

"Cristo perdona al que corta las malas hierbas", proclama el padre Nieto en sus homilías. Lleva una pistola en el cinto. El director del campo de concentración, Fernando Lago Búa, le hace una propuesta: si le paga 20.000 pesetas lo deja huir. Para enternecerlo, coge a su hijo Francisco Celestino Carbia Barreiro en el regazo. El alcalde de Valga la rechaza.

Se celebra el juicio. El veredicto está firmado de antemano. Así tratan de realizar un escarmiento público, que tiene una especial sentido ejemplarizante si el reo es una persona con una notable fortuna, como es este caso.

CONDENA. Celestino Carbia es condenado a muerte. La celda que ocupa está en el cuartelillo de la Guardia Civil, situado en la Praza da Feira de Pontevedra, ante cuya fachada era habitual la presencia de una moto encendida, cuyo estruendoso sonido ahogaba el sonido de los gritos de quienes estaban siendo torturados en su interior.

El día 2 de abril de 1937 lo conducen hasta un descampado la altura del número 1 de la Avenida de Buenos Aires. "Colocado el reo en dicho campo, frente al piquete, fue dada la orden de fuego", es la retórica habitual.

El mando se aproxima a los cuerpos para comprobar que el crimen fue ejecutado. Despachada la remesa, sigue la matanza. En el documento del médico se alude a "un colapso cardíaco" para explicar la causa de la muerte.

Tenía 38 años.


Pasaron 40 años hasta el traslado a su lugar de origen
Después de la escabechina cargan los cadáveres en una camioneta en la que los trasladan hasta el cercano cementerio de San Mauro. En un cajón de tablas de pino sin pulir enterraron a Celestino Carbia Campaña, introduciendo en la tierra el rudimentario féretro en posición vertical para aprovechar mejor la superficie (el espacio resultaba insuficiente). Sobre cada uno de ellos clavaron estacas metálicas con chapas atadas en las que figura el número que los identificaban mientras permanecieron presos.

Todas las gestiones realizadas por su hijo Francisco Celestino para recuperar el cadáver de su padre y enterrarlo se encontraron con respuestas negativas. En el año 1977, recibió una carta en la que le notificaron que si no se hacía cargo de los restos, acabarían en un osario.

Su reacción fue inmediata. Desde el entonces, se encuentran en el cementerio de Cordeiro, junto a su esposa y al hijo que luchó por perpetuar la memoria e impedir la muerte definitiva: que crimen cayese en el olvido.

La lucha continúa. Buscar la justicia en Argentina para una víctima de la dictadura en España

Manuel Carbia, su nieto, se adhirió a la querella conjunta que tramita Maria Servini en un juzgado de Buenos Aires

La decisión de Francisco Celestino es la misma que mueve a Manuel Carbia, Manolete, su hijo. No le resultó fácil excavar en los recuerdos, porque su padre levantó un muro de silencio para proteger a sus descendientes e impedir que sufriesen el trauma del que fueron víctimas.

Fue su progenitor quien le contó cómo Fernando Lago Búa lo cogía en brazos. Aquel carlista violador que fue condenado a muerte y fusilado a raíz de la denuncia presentada por un preso al que quiso extorsionar y resultó ser un amigo Severino Martínez Anido, el responsable del orden público franquista y ministro en la dictadura de Primo de Rivera.

En la escuela de Ferreirós estudió Arturo Ferro Eiras, yerno de Celestino Carbia y la persona llamada a continuar su labor al frente del Concello. Le impusieron cadena perpetua y lo trasladaron al fuerte de San Cristóbal (Pamplona).

FUGA. Cuenta Manolete que su muerte fue justificada durante el intento de fuga protagonizado por varias decenas de presos, pero advierte de que recibió un tiro en la nuca, una circunstancia que abona la teoría de que fue un encargo de quienes en Valga sabían que si salía con vida sería la persona encargada de administrar los bienes de la familia.

Práctica habitual de los franquistas era incautarse de los bienes de las víctimas, y los del alcalde ano fueron una excepción.

En la Casa Consistorial de Valga colocaron una fotografía de Celestino Carbia al lado de la de otros exalcaldes que ostentaron el poder en nombre de la dictadura. Víctima y victimarios juntos.

Manolete busca lejos de España la justicia para quienes murieron por defender la democracia en este país, y se sumó a la Querella argentina -de la que se encarga el Juzgado Nacional de lo Criminal y Correccional Federal número 1 de Buenos Aires, del que es titular María Servini, para impedir que la suma del silencio y el olvido den como resultado la impunidad de los asesinos y sus cómplices.

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