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La escombrera sigue en Cardín

El descomunal vertedero ilegal ocupa una hondonada del monte comunal del lugar de Cardín. F.S.
Ya han pasado dos años desde que el concelleiro del BNG de Caldas de Reis Manuel Fariña Souto denunció la existencia de una escombrera en el monte comunal
 

CAMIONES BAÑERA repletos de escombros, la mayor parte de ellos con la carga tapada con lonas, circularon con una frecuencia de uno cada quince minutos en algunos días durante varios años. Así sucedió hasta los primeros meses del 2020.

A veces se registraba un alto en la actividad, que después se reanudaba con toda la intensidad, iban y venían hasta el monte de Cardín, situado en la parroquia de Saiar (Caldas de Reis). Más de treinta en una jornada llegaron a contar los vecinos.

El camino que siguieron para llegar hasta este lugar está diseñado para un uso agrícola o forestal, pero no para soportar el paso constante de semejantes cargas, y la consecuencia es que se fue hundiendo paulatinamente. Fue el tiro de gracia.

Las cunetas quedaron destrozadas, y cuando llueve ya no sirven para realizar la función de canalizar el agua, que circula por el centro mezclada con el lodo. Alguna señal que limita la velocidad máxima recuerda que se trata de un camino rural.

DETERIORO. El proceso de deterioro medioambiental del monte de Cardín empezó mucho tiempo atrás. Allí acabó la grava sobrante de la construcción de la autopista, y los escombros que llevaron los vecinos: cristales, televisores o frigoríficos, distribuidos en varios puntos. La altura del las planchas de fibrocemento apiladas una sobre otra alcanzó varios metros.

En ese lugar, los camiones de una empresa dedicada a la gestión de residuos empezaron a bascular recientemente, y cuando el escombro formaba una montaña, una pala lo extendía. Para evitar este trabajo, buscaron un montículo próximo a un precipicio.

Hoy, la montaña supera los veinte metros de altura, en una superficie superior a dos hectáreas, e impone situarse en su parte inferior ante el temor de que pueda registrarse un desprendimiento.

Plásticos, mangueras, gomas, tubos o uralitas compone la amalgama de residuos, son aquellos que no tienen valor comercial en el mercado y proceden, en no pocas ocasiones, de obras públicas que llevaron a cabo empresas que no cumplieron la obligación de contratar a una empresa que gestionase su reciclado, o que la firma contratada para hacerlo tiró por el camino más fácil: abandonarlos en el monte.

Y como la escombrera está situada en un punto elevado, cuando llueve, el agua mezclada con el barro e impregnada por los residuos tóxicos desciende por los caminos, inunda las fincas y se filtra en las traídas de agua de las viviendas, y hay vecinos que no disponen de este servicio municipal, por lo que dependen totalmente de ellas.

Todo lo que sucedió en una parcela del monte comunal de Cardín, en la parroquia de Caldas de Reis, era un secreto a voces, pero nadie dijo nada.

Sucedió como en el cuento El nuevo traje del rey, que se paseaba desnudo ante la mirada de sus súbditos, quienes pasaron por alto esta circunstancia hasta que un niño dijo en voz alta aquello que ellos no se atrevieron a aseverar.

En Caldas de Reis, en marzo del año 2020, el portavoz del grupo municipal del BNG, Manuel Fariña Souto, denunció lo que estaba aconteciendo ante el Concello, a través de las redes sociales y ante la opinión pública.

La respuesta a su decisión, adoptada como representante de los vecinos, fue recibir en su domicilio de Saiar la visita (sin previo aviso) de Juan José Caamaño Iglesias, el responsable de la empresa que vertió en Cardín, acompañado de otra persona, y lo invitó a subirse a su vehículo y trasladarse a la escombrera.

Manuel Fariña Souto reconoció que era consciente de que la situación podía resultar tensa, pero no por eso respondió negativamente. Ya en el lugar, la sentencia del Xulgado número 1 de Caldas de Reis resulta elocuente.

Tras una discusión, Juan José Caamaño "con ánimo de atentar contra a integridade física de Manuel, dirixiulle o puño á cara, o que provocou a caída de este".

Una vez en el suelo, Fariña mantuvo la serenidad como para hacerle una pregunta: "Paréceche que esta é a forma de amañar as cousas?", a lo que el industrial respondió: "Douche unha e douche vinte, porque as mereces e porque teño huevos para darchas porque eres un fillo de puta".

Dos años. Dieciséis meses después de la agresión, de la que es criminalmente responsable Juan José Caamaño Iglesias y por la que fue condenado a una multa por un delito leve de lesiones, los escombros sigue en el mismo lugar.

Manuel Fariña Souto advierte de que la agresión no lo frena y tampoco la sentencia, aunque haya sido favorable, y anuncia que seguirá luchando para que sea eliminada la montaña de escombros y se proceda a la recuperación medioambiental de Cardín.

El deterioro tiene dos responsables: uno por acción, el industrial que vertió los escombros, y el otro, por omisión, las administraciones públicas (Concello de Caldas de Reis y Xunta de Galicia), que no impidieron que se produjese ni adoptaron medidas para exigir responsabilidades económicas a quien corresponda por el daño provocado.

La escombrera sigue en Cardín
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