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Escuchar en lugar de victimizar

De izquierda a derecha: Daisy Alcalde, Romina Nieto y Nanina Santos. F.S.
De izquierda a derecha: Daisy Alcalde, Romina Nieto y Nanina Santos. F.S.

Un debate sobre la prostitución celebrado en Valga pone de relieve las controversias en la sociedad y en el movimiento feminista sobre la posibilidad de legalizar esta actividad

"Las prostitutas no venden sus cuerpos, ofrecen sus servicios y cobran por ello. Realizan una función en un sistema capitalista en el que son explotadas, como le sucede a cualquier trabajador del sector de la hostelería o el textil". Este planteamiento fue expuesto por la profesora y escritora Nanina Santos en la primera jornada del Encontro Feminista, celebrado en Valga el día 23. Pagar no elimina sus derechos, lo que las convierte en esclavas es la trata, porque son privadas de su documentación en un país en el que no tienen vínculos familiares o afectivos y tampoco pueden comunicarse.

"No hay datos objetivos que permitan establecer el porcentaje de aquellas que son forzadas a ejercer la prostitución", afirmó Santos, "y son muchas las que lo hacen de forma voluntaria". No hay un perfil único: las hay que pagan sus carreras universitarias y para otras es su medio de vida, lo que no quiere decir que no tuviesen la oportunidad de disponer de un puesto de trabajo en otro sector. "Son mujeres valientes", señaló, "porque deciden y marcan los límites en las relaciones y hacen un trabajo mal visto y bien pagado, en lugar de dedicarse a otros con buena imagen social pero escasa remuneración económica".

Este planteamiento fue realizado en un debate moderado por Romina Nieto, del colectivo O Refaixo de Carolina, en el que también participó la feminista de Vilagarcía Daisy Alcalde.

"También el matrimonio, como institución paternalista que es, tiene como trasfondo el sometimiento de la mujer al hombre", señaló Alcalde, que no considera equiparable la explotación que supone "trabajar 15 horas al día limpiando atún" con la prostitución.

"En los clubs de alterne situados en A Goulla (Meis) fueron realizadas varias intervenciones policiales y siguen abiertos", denunció, a pesar de que en estos establecimientos había mujeres trabajando irregularmente, además de advertir de que el consumo de pornografía aumenta entre los jóvenes.

"Hay clubes horrorosos y otros de alto nivel. No es lo mismo una puta de alto nivel que otra que trabaja en la marginalidad, porque el clasismo es otro filtro a través del que también se juzga la prostitución", recordó Santos.

"Existe en la izquierda un complejo que es el origen de que en lugar de escuchar a las prostitutas, como paso previo a la regulación laboral de su actividad, se las victimice", apuntó Santos, recordando el reciente intento para crear un sindicato que rechazó el Gobierno del PSOE y fue frenado en instancias judiciales.

Las intervenciones de Alcalde y de Santos se intercalaron con las del público, y fue una asistente al acto la que planteó la pregunta de si la sociedad está preparada para asumir la regulación. Otra dijo que esta actividad cuenta con un marco legal en Alemania, y la práctica totalidad de quienes la practican son extranjeras.

"El movimiento feminista debería abrir sus horizontes en lugar de dividirse", planteó Santos. "El vocablo puta no solo se usa para definir a quienes ofrecen servicios sexuales, sino que también se utiliza para referirse a cualquier mujer que decide ir a contracorriente en una sociedad paternalista (...) Todas as mulleres son putas por sacar os pés do testo", dijo.

Escuchar en lugar de victimizar