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Anya Rit: "Nadie es propiedad de nadie"

La escritora caldense Anya Rit. FACEBOOK
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Con El príncipe que se convirtió en bestia, Anya Rit da un salto de la novela romántica y erótica para denunciar en un cuento la violencia machista bajo el paraguas del matrimonio

"La violencia es violencia, sin importar el género, la raza o la religión. Nadie es propiedad de nadie, y mientras no tengamos eso claro, no seremos capaces de amar libremente". A estas alturas, la civilización debería haber asimilado principios tan básicos, como los que plantea Anya Rit. Pero no es así.

Esta reflexión figura en el preámbulo de un cuento que titula El príncipe que se convirtió en bestia. "Es muy realista, más de lo que me hubiese gustado, pero así es la vida y hay historias que debemos contar", argumenta.

La escritora caldense Anya RitY la que expone en 18 páginas comienza como empezaron tantas. Una adolescente que estaba convencida de que con ella sería diferente, que lograría ser "la calma en la tempestad". Que nada de lo que había llegado a sus oídos, y que hablaba de relaciones que en nada se parecía a lo que aparentaban externamente, tendría relación alguna con la suya.

Que veía al príncipe y no a la bestia. "Hay cosas que no se explican en los cuentos infantiles, que nadie se atreve a contar, y debería", señala.

Y el drama de una adolescente de 16 años se inicia con una dulce sensación. "me sentía una reina en sus brazos. Sentía que podía entregarle todo y que el lo cuidaría", y a continuación da el primer paso hacia el abismo porque comienza el aislamiento de su grupo de amigas de la infancia y la adolescencia, y una boda con 18.

El trato era "genial" y se convenció de que era el "hombre de mi vida". "Es probable que lo sea porque tampoco sé muy bien cuanto tiempo me puede quedar".

Pero todo empezó a torcerse casi imperceptiblemente: el desdén al llegar a casa, que ella justificaba por el exceso de trabajo en sus labores como comercial de una empresa y la presión laboral.

Tampoco le da importancia a que un día revise su teléfono móvil, y se convierte en una costumbre hacerlo. "Mi marido me trataba genial, la cosa no pasaba de ahí y no le di importancia".

EL BOFETÓN. Se equivocaba. Anya Rit narra como tras una discusión se le cayeron unas bolsas donde llevaba la compra, y llegó el primer bofetón. "No dije ni hice nada. Estaba en shock". Y el día siguiente parecía como si nada hubiese ocurrido. "Volvió a centrarse en mí, como si fuese una delicada flor, y yo decidí enterrar aquel desarreglo en un recoveco de mi memoria".

Y se presentaron los celos, ordenando que no usase el rimel, que al natural estaba suficientemente hermosa. Ella consideraba "romántica" una orden revestida en papel de regalo. Y los cambios de humor, que consideraba normales. Y el temor.

Con el paso del tiempo se sucedieron los desencuentros, y "las disputas aumentaban por momentos". "Después de cenar me metía en la cama y el corazón se me aceleraba cuando sentía el peso de mi marido sobre mi cuerpo", narra la protagonista de El príncipe que se convirtió en bestia. El descenso por la cuesta abajo era evidente y, previsiblemente, imparable ya. Había aceptado sus golpes como un peaje del matrimonio que debía pagar y a consider "normales sus cambios bruscos de humor".

"Y mientras tapaba con tiritas cada herida, la bestia se empoderaba con cada lágrima", cuenta Anya Rit en su cuento El príncipe que se convirtió en bestia.

"Se adorna y protege al maltratador"
Transcurrieron tres años desde que Anya Rit escribió El príncipe que se convirtió en bestia, un cuento del que puede escucharse un fragmento escenificado en formato digital. En la adolescencia, "se toleran muchísimas cosas", lamenta y "se adorna y proteger al maltratador", denuncia.

Con una trayectoria literaria caracterizada por sus novelas encuadradas en el género romántico y erótico, este trabajo es un punto y aparte con el que quiere dejar clara la línea que diferencia el amor del sometimiento.

En los próximos días tiene una cita con los alumnos del IES Aquis Celenis para reflexionar entorno a este trabajo.

Anya Rit: "Nadie es propiedad de nadie"
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