Retratos para salir adelante de un pintor impresionista

Un accidente en su niñez condicionó la vida de José Castro Argibay, un artista de Moraña que fue becado por la Bienal de la Deputación y dio clases a varias generaciones de vecinos
El artista José Castro Argibay. SERGIO GONZÁLEZ/CEDIDA
photo_camera El artista José Castro Argibay. SERGIO GONZÁLEZ/CEDIDA

Podría esperar cualquier cosa un traumatólogo cuando acude a los baños de la habitación del hospital en el que trabaja menos encontrarse con el rollo de papel higiénico convertido en una secuencia continuada de imágenes tebeos como Capitán Trueno o Roberto Alcázar y Pedrín, con los globos donde figuraban los diálogos. Sucedió en el año 1965 en la Residencia Almirante Vierna (conocida como el Pirulí) y hoy Hospital Xeral de Vigo.

Su autor había sido un chaval de Moraña de 14 años, llamado José Castro Argibay. Y quiso el destino que el hijo del médico que lo escayoló casi totalmente un día después del hallazgo hubiese estudiado Bellas Artes, porque el sorprendido galeno le regaló material de pintura. "Vas a ser bueno", vaticinó.

Había destrozado la columna vertebral en una caída, y a años duros siguieron años difíciles porque los recursos en su familia eran escasos. Una vez recuperado, comenzó a pintar en el tiempo que le dejaba libre las ocupaciones del campo y la casa, además de atender a su madre, enferma, del que era su único recurso porque sus hermanos habían emigrado. Apenas pisó la escuela y sacó el certificado de Estudios Primarios estudiando con alumnos que por edad podrían ser sus padres.

Y otra vez el destino volvió a cruzarse en su camino. En la Galería Torrado, de Pontevedra, pidió azul cielo, y un cliente le comentó que necesitaría una paleta gigantesca para dar espacio a todos los colores. A continuación, le explicó que se hacen por combinación. Era el pintor Manuel Aramburu, que lo invitó a asistir a sus clases, cosa que hizo cuando podía.

Después fue becado en la Bienal de la Deputación y siguió su carrera en Madrid durante dos años, antes de regresar a Moraña para atender a su madre, donde impartió clases (tres generaciones pasaron por su estudio), Portas y Barro. "Agora os rapaces prefiren unha play-station", lamenta.

Nacido en 1951, cobra una pensión, su producción artística está destinada a la venta y se dedica, sobre todo, al retrato. Si no fuese su prioridad el día a día, apostaría por el impresionismo.

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