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Ananos, la hortofrutícola de Sacos que no encuentra manos para la recolección

Manuel cultiva cuatro variedades: Duke , Chandler, Aurora y Ochlockonee y obtiene frutos hasta septiembre. J.L. OUBIÑA
Manuel cultiva cuatro variedades: Duke , Chandler, Aurora y Ochlockonee y obtiene frutos hasta septiembre. J.L. OUBIÑA
El único cultivo de arándanos de la comarca y uno de los escasos productores gallegos con sello ecológico encadena dos años con carencias de personal en la temporada alta  Cuentan con seis temporeros y necesitarán otros tantos

Hace unos seis años que Manuel Ángel Currás inició en montes de O Cadavo, Santa María de Sacos, su aventura empresarial vinculada a la silvicultura. A través de un acuerdo con la comunidad de montes local, se hizo con varias hectáreas de terrenos en las que inició una plantación de lo que entonces era un producto casi único en la provincia: los arándanos.

A día de hoy, cuando su explotación cuenta con la madurez necesaria para dar frutos de un calibre más que aceptable en el mercado, son varias las competidoras que se han sumado a esta carrera en toda la provincia y en el resto de Galicia, pero la historia de Ananos —una plantación cuya inversión inicial alcanzó los 55.000 euros— ya tiene un buen ritmo y ya no es solo la de una hectárea y media con cuatro variedades del arbusto del fruto morado. Ahora hay fresas, grosellas, grosellas blancas, moras y frambuesas de Ananos. La firma, que además se topó con una realidad de mercado complicada cuando por fin el producto alcanzó la talla y calidad deseada, ha ampliado sus formas de llegar al gran público, añadiendo la mermelada de arándanos y el zumo, —realizados ambos bajo el sello ecológico— a su gama de productos. Además de llegar al mercado mayorista, estos arándanos están presentes ya en bastantes fruterías y tiendas de alimentación de Pontevedra, abasteciendo, de este modo un mercado de proximidad en el que se pueden encontrar a precios a partir de los 16 euros el kilo.

El buen funcionamiento de la plantación ha llegado a hacer incluso que el propietario se encuentre ante un panorama inesperado: ofrece trabajo temporal en la recolección y empieza a encontrar dificultades para cubrir los puestos. La clave, explica, está en que la maduración del arándano se puede prolongar durante todo el verano, gracias a la combinación de distintas especies, y esto hace que al posible personal temporero, le sea difícil combinar la tarea con otros trabajos estivales, como los de la hostelería o la recolección de la uva. Manuel cuenta con seis trabajadores y trabajadoras, que en estas jornadas mantienen la custodia de las primeras hileras de arándanos de su plantación.

El buen tiempo, explica "está acelerando moito a maduración e este ano parece que sacaremos todo antes case de que comece setembro", Para entonces, calcula que va a necesitar la ayuda de otras seis personas. "Aínda que pagamos segundo convenio, e sumamos os sábados retribuidos como horas, e temos xornada partida, non sempre temos xente para cubrir estes postos", explica.

Una de las claves, apunta "pode ser o feito de que o traballo de campo está menos valorado que o outro, aínda que obxectivamente as condicións poidan ser iguais ou mellores". Otra, es el horario: al parar para comer e incorporarse por la tarde en las horas de menos sol, los y las trabajadoras, ven el puesto menos atractivo. "Aínda que a xente que é de por aquí si que é certo que ten menos problema. Vai a comer á casa e despois volta", aclara.

TAREA DELICADA. Por lo demás, parece que ni la crisis sanitaria ha influido demasiado en la forma de trabajar de esta recolección. Al ser media docena de trabajadores, se ha establecido que recorran las hileras con unos metros de separación (tres arbustos o cuatro) y que se sometan a frecuentes lavados de manos con gel hidroalcohólico. Además, sus equipos personales (un cinturón con varios compartimentos clasificadores) se higienizan también antes de que los cojan los trabajadores y las trabajadoras.

La tarea de retirar los frutos no es muy exigente en lo físico, pues los arbustos han alcanzado ya una altura ergonómica, pero, en cambio, sí lo es en la propia recolección: se sacan uno a uno, dejando que el fruto verde siga su maduración y se clasifican "in situ" según aspecto y calibre. La producción de esta plantación, muy cerca ya de su estado óptimo, alcanzó el año pasado los 4.000 kilos de frutos rojos y se espera que la cosecha de este año sea todavía mayor.

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