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Cómo se vive la crisis sanitaria aislados en los confines de la provincia y casi sin vecinos

Un hombre trabajando en una finca del rural pontevedrés. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Un hombre trabajando en una finca del rural pontevedrés. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Pomba, Verenne y Gérnot son los únicos habitantes de sus aldeas y experimentan el aislamiento por partida doble, con preocupación aunque con un espíritu optimista

A 35 kilómetros de Pontevedra y ya en el límite con Ourense, A Lama tiene el honor de ser el confín de la comarca y también de esta parte de la provincia. Este concello rural tiene la peculiaridad de que, a su población envejecida hay que sumar, por un lado la cantidad de segundas residencias de vecinos emigrados (a Pontevedra y Vigo, pero también a México, Brasil o a Alemania) y por otro, la cantidad de núcleos ya deshabitados fruto del éxodo de varias generaciones y del paso del tiempo. En esos pueblos es en donde A Lama, como muchos otros concellos gallegos, se ha hecho con un saldo de nuevos moradores, que en su mayoría son personas que recalan en el municipio atraídas por la posibilidad de comprar y restaurar casas a bajo coste, -o incluso ocuparlas- y en muchos casos vivir de la agricultura para el autoconsumo, o la artesanía.

La amenaza se siente poco cuando no hay vecinos, pero los tres consideran fundamental que todos respeten el aislamiento

Los tres casos que nos ocupan no son los únicos en este municipio, pero sí tres ejemplos de cómo se vive el confinamiento impuesto por el estado de alarma cuando las condiciones ya son las de confinamiento: sin vecinos, con pocos servicios y con pocas posibilidades de comunicación. Pomba Longueira suma tres años en A Lama, el alemán Gernot, uno, mientras que su compatriota Verenne, su pareja y sus dos niños han conseguido dar vida durante más de un lustro a su núcleo, Cabalar.

Las opiniones son unánimes entre los consultados: en A Lama, la amenaza se siente poco, aunque infunde respeto. En los núcleos de la España vaciada, la soledad se está convirtiendo en una aliada para los que han elegido romper con todo antes de que todo se rompiese.

Este enorme fallo del sistema que ha llevado a muchos a reflexionar ya sobre las debilidades del capitalismo, de la sociedad de consumo y de la deslocalización de la producción.

Sin embargo, también ellos aquí se sienten amenazados, porque cuando decides vivir con tus propios medios, la economía suele resistir poco a las situaciones de crisis y la agricultura está ahora condicionada por la falta de suministros de semillas y plantas para poner en marcha los cultivos de los que depende el autoabastecimento gran parte del año.

A pesar de ello, las redes de solidaridad entre vecinos y amigos y el propio apoyo que en algunos casos llega de la Administración infunden esperanza a los participantes.

Segunda casa. Más visitantes
Fuentes municipales indican que A Lama ha sido elegida también por muchas familias que tienen su segunda residencia en este lugar para pasar el confinamiento. "No es fácil controlar que todos cumplan con las medidas de aislamiento", aseguran desde el Concello, desde donde se afanan estos días en convencer a los recién llegados de que esta alarma les afecta a todos.

Pomba Longueira Lis, madre soltera de un niño de dos años y única habitante de O Toxal, en Covelo

Trisquel pasa el confinamiento acompañando a su madre en el cultivo de la huerta y cuidando animales. DP

"Quero que Trisquel aprenda a cultivar"

Madre soltera, tuvo que destinar las primeras horas antes del estado e alarma a juntar leña para poder tener a su niño en casa todo el día ▶"Aquí xa sempre dicimos que imos ao súper por se o resto necesitan algo"

Pomba Longueira es vecina de O Toxal. Hace tres años que recaló en A Lama con la intención de recuperar un lugar abandonado, como muchos otros de los que llegan a los concellos con un gran número de aldeas abandonados. Pomba tardó poco tiempo en decidir que quería ser madre y cría ella sola a Trisquel, su niño. Ella es madre soltera por elección y el año pasado tuvo que ingresar en una UCI de quemados tras un incidente en una quema de rastrojos. Dejar a su bebé con unos amigos y afrontar en A Coruña una recuperación ella sola, en la que no pudo ni mantener la lactancia de su bebé, pueden estar ayudando a que su enfoque de este confinamiento forzoso sea distinto. Vivir a unos diez kilómetros del centro de A Lama, sin vecinos, y casi más cerca del límite con Ourense, también.

El estado de alarma le ha dado dos sustos: el primero cuando cerró la casa nido a donde acudía su niño a diario. "Mandábano xa o xoves, pero pedín para levalo o venres tamén para poder prepararme eu. Ao non ter veciños, o neno está todo o tempo comigo, de xeito que tiven que coller a mañá para facer recados e, sobre todo, acopio de leña. Xa sabemos todos que estas medidas non son nada boas, pero, se cabe, aínda foi peor que nos pillaran en marzo, porque segue facendo frío pero cóllete coas reservas de leña case esgotadas. E fai falla quentar a casa tendo ao neno todo o día", relata.

El segundo susto lo proporcionó Trisquel, su pequeño, al necesitar de repente inhaladores. "Nunca tivera nada e xusto uns días despois de vir para casa, comeza a ter unha tos rara e esforzo ao respirar. Unha pensa: é imposible que o neno collera o virus aquí, e está tranquila, pero, claro, nunca tivera nada ata ese momento. E tamén é casualidade que tivera que ir á pediatra xusto estes días. Primeiro atendeunos por teléfono, pero por precaución quixo ver ao neno. Ao chegar estaba con máscara e luvas, pero foi moi ben. Ata nos dixo que na Lama todo está tranquilo e que no concello veciño teñen moito máis nerviosismo".

El niño mejoró y Pomba concentró esfuerzo en lo que tenía previsto para este mes: plantar en su huerto. Pomba relata que, "aquí xa sempre que baixamos nos dicimos entre nós iso de vou ao súper, precisas algo?". La vecina de O Toxal cuenta con su propia red solidaria y social. Amigos cerca de su casa y otros que como ella, están haciendo lo posible por recuperar la vida rural en distintos puntos de A Lama.

Otra cosa que le da tranquilidad es formar parte del plan de alimentos del Concello. Al ser madre soltera cuenta con este apoyo "e agora os concelleiros tráeno polas casas, así non hai que correr riscos innecesarios indo ao centro, algo que valoro moi ben".

Si hay una lección que esta mujer cree que sacará de esta crisis es la de que no siempre lo tendremos todo al alcance de la mano. "Quero que Trisquel aprenda a cultivar", confiesa. "Logo xa decidirá se estuda, se traballa ou que fai na vida, pero ten que saber como conseguir as cousas elementais da terra, e iso téñoo cada vez máis claro".

Hay otros contagios que preocupan a Pomba: los del miedo, los bulos y la paralización psicológica que generan los flujos de información. No duda en reconocer que solo se informa por el teléfono y que le interesan lo justo las redes sociales. Hace unos días anunció que se bajaba de su perfil de Facebook un par de días para conseguir mantenerse al margen de toda esta situación. Por suerte para quienes la siguen a través de las redes, pronto volvió para colocar fotos de los últimos cultivos de verdura y patatas y de las travesuras de su niño. La paz en O Toxal, de momento, no entiende de pandemias.


Verenne Cristine, alemana que se instaló en Cabalar, A Lama, con su familia, para recuperar la aldea

Verenne muestra una de las hadas de lana que ella misma realiza y que ahora no puede vender por culpa del Covid-19. DP

"Llegó la primavera y no podemos plantar"

En Cabalar, la principal preocupación de los adultos es buscar formas económicas de sacar adelante la huerta, mientras que los niños se refugian en las llamadas y chats con los amigos mientras no se acaba la crisis

Verenne y su pareja, Miguel, son artesanos. Viven desde hace bastantes años en A Lama, en una casita que adquirieron en un pueblo, Cabalar, en donde no quedaba nada, salvo las piedras. Tras iniciar la restauración de su vivienda, emprendieron también la aventura de vivir del campo. Cultivan varios terrenos que antes estaban baldíos en este núcleo que suma unas 15 casas y crían animales: un par de burritos y unas ovejas.

Con el tiempo y a medida que sus hijos fueron creciendo, Verenne empezó a trasquilar a las ovejas y a reutilizar la lana convitiéndola en un fieltro con el que realiza artesanías. Las hadas multicolor son su especialidad, aunque también consigue que sus fieltros teñidos den lugar a otras formas. Una de sus reflexiones sobre el estado de alarma es, quizás, la más certera de las que han ofrecido todos los nuevos pobladores de A Lama. "Dicen que cada dos generaciones pasa algo así y está claro que no lo teníamos en cuenta". Verenne no suele ver el lado negativo de las cosas, y se fija en que el día antes de que se decretase el confinamiento "al ir al monte, a por piñas, en vista de lo que iba a pasar, me encontré a mucha gente: vecinos que hacían lo mismo, una familia que estaba haciendo una excursión y unos motoristas que aprovechaban para dar la última vuelta. Pensé que no estaría mal ver siempre algo más de gente en el monte", aventura .

SOLO UNA VECINA. Esta alemana reconoce que los contactos en Cabalar ya son pocos habitualmente, aunque desde hace un tiempo en su tarea repobladora cuentan con una vecina, Merce Alegría, que vive relativamente cerca.

En ese sentido, ella no se siente en riesgo de estar desprotegida por el aislamiento. Otra cosa son los efectos económicos de esta crisis. "Es primavera y todo florece pero apenas podemos cultivar, porque los plantones se agotaron y las empresas sí pueden distribuir piensos pero no tienen más suministros de verduras y vegetales. Además, los mercadillos y ferias, como la de A Lama, en donde comprábamos a un precio más económico, han sido suspendidos y no podemos cubrir largas distancias si no es para ir a por la comida o a la farmacia", explica preocupada.

También sus finanzas van a sufrir el estrés del parón: "Yo vendía mis hadas en los mercadillos e iba a ponerlas también en un comercio, pero todo ha cerrado", lamenta. "Ahora, con esto, estamos viendo que no tendremos fondos para mucho tiempo, porque está claro que los comercios y todo estará cerrado aún algún tiempo".

De momento, ante la expectativa de que la situación se mantenga así, han optado por ir plantando las patatas que quedaban de la cosecha anterior y por empezar a prepararse para trasquilar a las ovejas: ellas proporcionan la materia prima de los fieltros, y esa tarea puede continuar en el confinamiento".

Con respecto a los dos adolescentes de la casa, explica que ellos llevan el estado de alarma mejor de lo que se esperaba. "Estar aquí no es como estar en un piso en la ciudad. Pueden salir, ayudar con las cosas del campo y no es tan agobiante". Los niños, además, tenen sus propias formas de acortar distancias con respecto a sus grupos sociales. "Se conectan por teléfono o con Internet. Además, del colegio les siguen mandando tareas y están con algunos proyectos que les mantienen motivados. Eso me parece precioso".

En cuanto a la participación en las tareas del campo "siempre dicen que luego, o que están con otra cosa", según su madre, como es también propio de su edad.

Verenne, pese a todo, considera que pueden sentir "tranquilidad" gracias a las condiciones que les ofrece su rincón despoblado de A Lama, en comparación con los que "están en las grandes ciudades".

UN CAMBIO. Al igual que sus vecinos el hecho de que en A Lama los suministros estén garantizados, "de que los dependientes usen mascarilla y guantes y de que haya poca gente", ayuda a que los viajes al núcleo urbano sean menos preocupantes "aunque lo cierto es que normalmente tratamos de no ir demasiado".

"Esto nos hace pensar", concluye esta vecina, "que pasaría si no tuviésemos lo que necesitamos. Estamos muy acostumbrados a vivir como en actualidad. Pensar, necesito esto, pues voy a la ferretería y ya está; necesito lo otro, pues bajo a la tienda. La verdad es que da la impresión de que estábamos equivocados en eso: en suponer que lo íbamos a tener siempre todo cuándo lo necesitásemos".

En cuanto al futuro más inmediato, su llamada de auxilio, es sobre todo "para que tengan en cuenta la situación de los que vivimos de la artesanía, que no nos da para pagar autónomos y esto nos deja fuera de las ayudas".

 


Gérnot, exempresario procedente de Frankfurt que lleva un año en A Perdiz

Una casa abandonada cerca de A Perdiz, en cuyo confín reside el alemán Gernot. DP

"Aquí no hay tantos contactos de riesgo"

La crisis sanitaria le pilló viviendo en una caravana, pero se siente más seguro que en una gran ciudad como la suya

Gérnot habita una caravana en A Perdiz. Es poco conocido en A Lama porque lleva un año en el Concello, a donde llegó tras tiempo planeando su particular rotura con todo. Dejó Frankfurt y la empresa que compartía allí con un socio y se compró una casita en este pueblo. Vive solo. "Una señora pasa a diario, pero no sé cómo se llama", relata, en un perfecto español estudiado ya en el Instituto Cervantes antes de su aterrizaje en A Lama.

Ha elegido un punto remoto en el mapa para un cambio radical, y en pleno proceso, le tocó vivir una crisis sanitaria global que tiene al mundo temblando. "Es muy serio lo que está pasado. Lo veo aquí y desde Alemania mi familia y amigos me dicen que lo sienten igual". Gérnot piensa que gana con el cambio de residencia en lo referente a la amenaza del Covid-19.

"Aquí hay menos contactos de riesgo, eso parece claro, pero hay que respetar las instrucciones. Puede parecer que por estar alejados el virus no llegará y que eso lleve a la gente a olvidarse en cierto modo de las precauciones", señala. Para él, lo mejor que se encontró en este municipio "es el contacto con la naturaleza, y también, los vecinos amables que tengo". Su plan es el de la hoja de ruta de todo nuevo morador: rehabilitar la casa que compró (actualmente vive en una autocaravana), poner en marcha una huerta, ese trabajo, sospecha, se puede ver retrasado por los efectos de este inesperado parón.

Cómo se vive la crisis sanitaria aislados en los confines de la...
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