La libertad entre lana y cuchillas

Francisco Campañó, esquilador de rebaños ovinos: "Comecei con 14 anos, mirando o que facía meu avó, despois chamábanme os veciños, e o boca a boca fixo o resto"

Francisco Campañó. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
photo_camera Francisco Campañó. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

La esquila de ovejas, es, como gran parte de las tareas agrícolas en la provincia de Pontevedra, una actividad en recesión. Así, mientras en las zonas interiores aún hay cuadrillas de esquiladores que se encargan de cabañas ovinas realmente numerosas, en el rural de Pontevedra, la figura del esquilador es ya la del hombre que compatibiliza esta tarea con otro trabajo para subsistir. Eso sí, el hábito de mantener pequeñas cantidades de ganado en las casas y la proliferación de pequeñas explotaciones permiten que la tarea siga concentrada en manos de unos pocos expertos.

El caso de Francisco Campañó es el de un rapador relativamente joven, pues, con 38 años, lleva más de 24 haciendo esta tarea que, aunque es un trabajo de temporada, principalmente enfocado a liberar a los animales del pelaje antes del verano, cada vez más se puede hacer todo el año.

"Eu comecei vendo a meu avó, en casa, porque el era o encargado de rapar as ovellas que tiña. Co paso do tempo deixoume comezar a min e xa eu quedei ao cargo daquela tarefa", explica Fran, que, más pronto que tarde vio como muchos de sus vecinos de San Andrés de César, Caldas, le llamaban para la esquila de sus animales y el "boca a boca" hizo el resto.

"Comecei con 14 anos ou así, e ao principio tiña unhas tesoiras e facía todo 'a man', pero xa con 18 comprei a miña primeira máquina eléctrica". Aunque se hizo chófer de autobús y esa es su principal fuente de ingresos, nunca abandonó ya la actividad de rapador, y, con ella, una de sus mayores aficiones: mantenerse cerca del mundo de la granja y de los animales. Tal es así que, si no tiene turnos, consigue dedicar festivos y fines de semana completos a sanear animales por toda la geografía del centro de la provincia, aunque, confiesa, después de una época de mucha tarea, acabó por 'colapsar' y ahora se lo toma "con outro relax", dejando también algún día libre.

Con las máquinas eléctricas, que pueden costar desde 30 euros hasta más de mil, el trabajo del esquilador se facilita, dado que se ahorra el esfuerzo manual con la tijera, y permite concentrarse en mantener al animal quieto y avanzar la esquila.

Impedir que la oveja se mueva y se haga daño es parte del secreto de un buen esquilador, y, precisamente, Fran es contrario a todo lo que signifique alterar la ergonomía del animal: ni las tumba, ni las sujeta con correas. "Eu penso que nisto serve o refrán de 'cada mestrillo tiene su librillo', sei doutros que fan así e que rapan a ovella en moi pouco tempo. Eu mesmo podo rapalas en seis minutos, pero non penso que consista niso", aclara.

Su objetivo es que el animal no se haga daño "porque poden estar preñadas ou moverse en falso e mancarse. A ovella queda sobre as catro patas e eu suxéitoa, ben coas pernas, ben pola cabeza, mentres busco a mellor zona para comezar". Una vez que la máquina logra abrir una veta en el tupido manto de lana, el proceso depende ya solo de las cuchillas que irán separando al animal de la lana como si de un envoltorio se tratase.

"Normalmente, na zona do lombo, onde a lá cae para un lado ou para outro, como se fora a raia do pelo na cabeza, é onde é máis fácil meter a máquina. Os rapadores que tumban ao animal comezan polas patas, pero para min é máis sinxelo da outra maneira".

La velocidad del trabajo depende de lo rebelde que sea el animal, pero también de otros factores, como "a cantidade de lá, o tipo de pelaxe que teña a ovella e o estado do mesmo. A veces, algunhas delas teñen area metida polo medio e iso fai que a máquina vaia despacio e mesmo estraga as coitelas".

El maletín de herramientas de un buen esquilador debe incluir más de una de estas máquinas y, en la mayor parte de los casos, extensión eléctrica, ya que no todos los corrales tiene enchufes. Además, con el tiempo, han pasado a pedirle más cosas, como que arregle las pezuñas a los animales, o que los desparasite internamente, lo cual se requiere llevar tijeras, alguna pequeña navaja, además del jarabe desparasitador. Ninguna de ellas tiene mayor complicación.

El único caso en el que el esquilador reclama ayuda es, si el 'cliente' es un carnero grande. No en vano, son animales fuertes, que pueden ponerse agresivos, pero, como explica, "normalmente neses casos sempre hai alguén que bota unha man e suxeitámolo".

La mayor satisfacción de Fran es dejar a los animales pelados y listos para el calor, pero reconoce que su tarea en el rural es también la de escuchar. "Moitas veces chego ao sitio e atopo a xente maior, se hai confianza e os coñezo, aínda charlamos un anaco, aínda que non moito, porque, se me deixo, xa boto todo o tempo nunha soa casa e así si que non atendo a todos. Por aí polos pobos vese de todo, moitas veces a xente maior que xa non ten quen fale con eles a miúdo".

Fran acumula los encargos por la semana. Los anota en una lista y, en sus días libres organiza rutas por zonas en las que suma citas, como si de una peluquería real se tratase. "Se se poñen pesados e din que o queren para xa, dígolles que busquen a outro, porque a todos ao mesmo tempo non podo atendelos e o primeiro é a saúde dun", aclara. Con todo, puede sumar 30 o 40 paradas en uno de sus días de ruta, como el de este viernes, entre Cuntis, Vea, el Norte de A Estrada y Bemil. Entre sus clientes, un animalista "que ten a ovella coma unha mascota" y muchos, la mayoría, que las consideran una desbrozadora natural para mantener limpias las fincas. Con respecto a la lana, esta no se aprovecha en Galicia y todos sus clientes la tiran. "Se a queiman, pido non estar alí, porque cheira fatal".

Ficha personal

Profesión: Esquilador de ganado ovino.

Experiencia: Se inició con 14 años y lleva más de 20.

Materiales: Tijeras, esquiladoras eléctricas y sus repuestos.

Dónde encontrarlos: Organiza rutas por zonas, dedicando días completos a cubrir áreas como las comarcas de Umia y A Estrada, así como concellos Pontevedra y O Salnés. Hay días en los que se recorre más de 50 kilómetros pelando rebaños, de no más de 30 animales. La jornada en la que más ovejas esquiló, contó 80.

Precios: Hace unos años impuso un precio único, de 4 euros por animal. "Non me mola cobrarlle distinto á xente por ter menos animais, ou por estar máis lonxe", sentencia.

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