Dos meses y medio de lucha para que Telefónica levante un poste caído en un barrio de Poio

Pilar Monteagudo, una vecina de Samieira de 81 años, denuncia el estado de abandono de la instalación. "A ver si los Reyes, al leer el periódico, nos traen un regalo", dice con resignación
Pilar, la vecina afectada, junto al poste caído. DAVID FREIRE
photo_camera Pilar, la vecina afectada, junto al otro poste que está doblado y amenaza con caer sobre su propiedad. DAVID FREIRE

Los temporales del pasado mes de octubre dejaron récords de lluvia y viento en toda la provincia. Y Samieira, en el concello de Poio, no es excepción. Una vecina octogenaria lo sabe bien, pues una de las borrascas se llevó por delante el poste del tendido telefónico, situado en una esquina de su propiedad, que acabó derribado sobre una finca colindante y dañando dos árboles frutales.

Pilar Monteagudo, de 81 años, vive en el número 3 de la Rúa Camariñas, en la urbanización da Bouza, en Samieira. A su edad, y sin manejarse en el mundo de internet y de los contestadores automáticos de las grandes multinacionales, lleva dos meses y medio peleando para que se levante el poste que el viento se llevó. Y no solo eso, sino que el propio tendido telefónico está tirando con fuerza de otro poste de madera, situado en la calle, y que ya se ha doblado amenazadoramente hacia la terraza de su casa en un peligroso "efecto dominó".

"Tengo pocas esperanzas de que lo arreglen este año; a ver si los Reyes, al leer el periódico, nos traen un regalo"

Pilar asegura que ha llamado una docena de veces a todas las instancias. La Policía Local de Poio respondió y se personó en el lugar para levantar un informe. Además, le facilitó un número de teléfono para ponerse en contacto con Telefónica. Al cabo de unas semanas se presentaron un par de operarios de una empresa de mantenimiento, que le informaron que debería llamar al 1002, o sea al número de averías de Movistar. Y así lo viene haciendo con regularidad desde entonces para recibir siempre la misma respuesta: que ya irán por allí.

La vecina, que reside en esta casa desde hace casi 20 años, compró la propiedad con el poste ya situado en una esquina y con una gran hiedra que lo cubría por completo. Nunca, afirma, apareció nadie para hacer mantenimiento o revisar su estado. Hace algo más de un año la empresa que instaló la fibra óptica en esta zona se limitó a colocar los nuevos cables sin aventurarse a retirar la vegetación o revisar la solidez del soporte. Ahora ya es tarde.

"Llevamos así dos meses y medio y ya tengo pocas esperanzas de que lo arreglen este año; a ver si los Reyes, al leer el periódico, nos traen un regalo", afirma la residente en la zona y principal solicitante del arreglo ante la operadora de telefonía y ante las autoridades locales.