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Las tiendas de recuerdos de Combarro se adaptan a su nueva normalidad

Una pareja dotada con mascarillas en el interior de una tienda de recuerdos del Conxunto Histórico e Artístico de Combarro, ayer. G. GARCÍA
Una pareja dotada con mascarillas en el interior de una tienda de recuerdos del Conxunto Histórico e Artístico de Combarro, ayer. G. GARCÍA
Han pasado de atender a más de 160 clientes a contarlos con los dedos de las manos
La nueva normalidad sigue siendo un proceso especialmente exigente para quienes tienen negocios vinculados con el turismo que deben, por un lado adaptar sus instalaciones a las necesidades sanitarias y, por otro, hacer de tripas corazón ante una temporada que dista mucho, de momento, de parecerse a lo que era.

Los vendedores de recuerdos de la villa de Combarro, un total de 18 establecimientos, forman parte del grupo de profesionales que han visto como la pandemia golpeaba duramente su modo de vida. El centro histórico está abierto y las fronteras también, pero la nueva realidad es, de momento, un flujo de clientes que llega con cuentagotas.

Así lo reconoce Jorge González que es artesano y realiza parte de los objetos decorativos y recuerdos que se venden en este núcleo, ya que regenta tres tiendas en las calles interiores de la villa. Jorge abrió las puertas, como casi todos los comercios de recuerdos, el día 1. En las jornadas anteriores se dedicaron a instalar mamparas de metacrilato para el cobro, reorganizar las tiendas, dotarlas con geles, marcadores de distancia en las cajas e incluso reubicar los recuerdos que normalmente se exponían en la calle en el entorno de las tiendas y en terrazas próximas y que este año, en la gran mayoría de los casos solo se podrán ver en el interior de los establecimientos, en virtud a las necesidades impuestas por el control de la pandemia.

La mayoría de las tiendas de souvenirs (hay 18) abrieron el día 1 de este mes, pero la influencia de visitantes sigue siendo baja

Con respecto a la primera jornada, el comerciante se reconoce sorprendido. "En toda a mañá tivemos cinco clientes", afirma. La cifra ¿es aceptable o baja?, le preguntamos. "Baixísima para ser día 1 de xullo. O normal sería ter cen, só de mañá. Pensa que se coinciden dous autobuses de excursión seguidos a veces entran trinta ou cincuenta persoas dun golpe todas na rúa", explica. Esta reducción tan drástica "que eu penso que aos compañeiros da hostalería tamén lles está afectando", ha llevado a que en casos como el suyo haya renunciado a contratar a tres de las personas que trabajaban en sus tiendas en temporada alta.

"Non é só que haxa menos xente, é que ao ter todo dentro, non é preciso que haxa un empregado fóra do establecemento controlando para que non leven nada cando pasan moitos visitantes», explica el comerciante.

Jorge González en el interior de su comercio, Artesanía Brétema. G. GARCÍAEn cuanto a los gustos de los compradores, poco se sabe de momento si la pandemia ha hecho mella en el mercado de los recuerdos turísticos . "Nós somos artesáns e xa hai tempo que vemos como os recordos máis grandes, feitos a man, e a boa artesanía galega tarda máis en venderse ca a máis común. A xente viña apostando por imáns e cousas pequenas que se poidesen comprar con pouco gasto", relata Jorge González, que, en todo caso, cree que la situación seguirá siendo similar. En su propio negocio, incluso decidieron adaptar la artesanía que realizan, "de xeito que facemos cousas máis pequenas que entran en ese tipo de demanda e que teñen máis éxito".

Se podría pensar que, ante los temores que suscita el virus los productos alimenticios -que también son uno de los mejores recuerdos que uno puede llevarse de Galicia y que en Combarro abundan hasta el punto de que varias tiendas tienen marcas propias de licores- pasen a interesar menos al visitante, pero no es el caso. "Nós o que vendemos é o paté de centola e boi de mar, e teñen a mesma demanda, de momento".

Con respecto a los licores y cremas de orujo, un clásico en el que en la tienda de Jorge están especializados, puesto que comercian la marca propia en sus tres establecimientos, la demanda sigue siendo buena.

El público que está llegando a Combarro sigue siendo de origen nacional, y aunque se ha visto "a algún procedente de Madrid" y de otros puntos, el mayor porcentaje de visitantes sigue siendo gallego y de la provincia. Con respecto a los cambios en la villa histórica, sus calles estrechas y las pequeñas dimensiones de los establecimientos eran un reto para el Concello, que hoy explicará las medidas de regulación adoptadas en la zona.

"A xente é moi cauta vese que actúan con moita precaución, poñen o xel e veñen con timidez", reflexiona Jorge González desde el interior de su tienda, Artesanía Brétema, en cuyo exterior no habrá ni una parte de los reclamos que solía tener. "Un cambio non viña mal, porque moitos dicían que os recordos na rúa eran demasiados, pero, claro, pasar a estas limitacións para todos da unha idea de que é todo moi drástico", reflexiona. La villa, desprovista del colorido de otros años, parece otra, pero quienes llegan siguen paseándola y disfrutándola con interés.

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