Un tribunal ilegítimo y una sentencia nula

El Gobierno deroga la condena a muerte a Francisco Varela Garrido, Pancho Varela, secretario y juez municipal del Concello de Cerdedo, acusado de "rebelión militar" y fusilado, y dictamina que "tiene derecho a obtener la reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva"
Francisco Varela Garrido. ARCHIVO FAMILIAR
photo_camera Francisco Varela Garrido. ARCHIVO FAMILIAR

A las dos y media de la madrugada del día 27 de julio del año 1937 se presentan dos guardias en la celda del edificio donde está preso Pancho Varela (Francisco Eloy Agapito Constantino Varela Garrido), situado en la Praza da Feira de Pontevedra. Un funcionario lee la sentencia de muerte y le ofrece una copia del fallo, que rechaza.

"Acto seguido, fue conducido a la sala destinada a Capilla (...) haciéndole saber que podía pedir los auxilios que necesitase, compatibles con su situación, a lo que el reo contesta que nada tenía que pedir". Es la prosa fría de la Causa 1306/36, abierta por un supuesto delito de "rebelión militar".

"Fue dada la orden de fuego, recibiendo cinco balazos, tres en el tórax y dos en la región precordial", figura en la Causa 1306/36

Son las cinco y media, el pelotón de fusilamiento está formado en la Avenida de Buenos Aires. "Colocado el reo en dicho campo, frente al piquete, fue dada la orden de fuego, recibiendo aquel cinco balazos, tres en el tórax y dos en la región precordial", figura en el citado sumario. Un médico determina que falleció "por un colapso cardíaco". Tenía 39 años.

El tribunal "ilegal" que juzgó a Pancho Varela

Numeriano Mathé y Pedroche presidía el Consejo de Guerra que lo condenó a muerte el 16 de abril de 1937. Diez años después, un periódico lo calificaba de "persona de gran bondad para cuantos tuvieron la dicha de tratarlo". Lo formaban: Ramón Rivero de Aguilar, cuyos restos y los de su familia tienen espacios reservados en lugares de culto; Antonio Fontenla Romero, que estuvo al frente del campo de concentración de Camposancos (A Guarda), los exalcaldes de A Estrada y A Coruña, Pedro Gil Crespo y José Pérez Arda, respectivamente; Luis Gómez Pantoja, que dejó la huella de su labor represiva en Vigo, y Victoriano Pérez Llovera.

Francisco Varela Garrido. ARCHIVO FAMILIAR - Interior
Francisco Varela Garrido. ARCHIVO FAMILIAR

El general de División Nicolás Rodríguez-Arias y Carbajo presidió el Tribunal Militar de Valladolid que ratificó el fallo, contando como vocales con Luciano Conde-Pumpido Tourón, cuya firma figuran en varias sentencias de muerte; Francisco Fermoso Blanco, cuyo procesamiento por detención ilegal y crímenes contra la humanidad fue solicitado por el exjuez Baltasar Garzón, el vicealmirante de la Armada José María Gámez y Fossi, y Emilio de la Cerda y López Mollinedo, responsable de varios campos de trabajos forzosos de Andalucía.

En un documento firmado el 12 de febrero del año 2024, el Gobierno de España, a través del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, declara "ilegal e ilegítimo el tribunal que juzgó a D. Francisco Varela Garrido, así como los jurados y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, a partir del Golpe de Estado de 1936, se hubieran constituido para imponerle, por motivos políticos, ideológicos, de conciencia o creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la ilegitimidad y nulidad de sus resoluciones".

En el mismo documento, rubricado por el ministro Ángel Víctor Pérez Torres, figura que "se declaran igualmente ilegítimas y nulas las condenas, sanciones o resoluciones dictadas contra D. Francisco Varela Garrido, tanto judiciales como administrativas, producidas por razones políticas, ideológicas, de conciencia o de creencia religiosa, durante la Guerra de España o durante la dictadura posterior", y subraya que "tiene derecho al reconocimiento y a obtener la reparación moral y la recuperación de su memoria personal, familiar y colectiva".

Fue detenido en Salamanca y estuvo preso en la Escuela Normal de Pontevedra, donde había estudiado Magisterio, y en San Simón

"El destello de una joya en el estercolero"

Pancho Varela nació el 2 de abril de 1898 en Cerdedo. Gerardo, su padre fue nombrado alcalde de este municipio en 1902. Era un representante del caciquismo, personificado en la figura del marqués de Riestra. Lejos de seguir la estela de su progenitor, sigue con atención los movimientos sociales y políticos que cuestionan un sistema en el que unos pocos privilegiados condenan a la miseria a la mayoría de la población.

Promovió actividades para divulgar el conocimiento del entorno, la cultura y el deporte, habilitando un local de su familia para convertirlo en un salón de cine y teatro. Pancho Varela ejerció como corresponsal de El Pueblo Gallego. "Cuando todo es mentira, un asomo de verdad, de sanidad, de buena hombría, es el destello de una joya en el estercolero". Así lo define el periodista Joaquín Castrillón en El Progreso, en 1928.

El triunfo de las candidaturas de izquierda y agraristas es aplastante en las elecciones municipales de 1931. Pancho Varela está afiliado a Izquierda Republicana y es nombrado juez municipal en 1932. Ejerciendo esta función, ordena la detención de varios pistoleros que participan en una procesión que la derecha y el clero quiso convertir en una demostración de fuerza.

En 1934 es detenido por apoyar la Huelga General Revolucionaria, convocada por los mineros asturianos, y el tribunal que lo juzga lo declara inocente. Entonces compagina su labor con la de secretario en el Ayuntamiento de Latarce (Valladolid). Dos años después es nombrado secretario del Concello de Cerdedo.

El 18 de julio, el ejército se levanta en armas contra la República. El alcalde era Luciano García Ventín, que dio un paso atrás, mientras Pancho Varela lo hace en dirección contraria y es nombrado delegado del Gobierno. El 21, la Guardia Civil, asume el poder.

No suenan disparos, pero Pancho Varela sabe que irán a por él y busca refugio en el Monte do Seixo, desde donde organiza su huida hacia Monleras (Salamanca), donde un sobrino es el contratista de las obras de construcción de una carretera, con la finalidad de viajar a Portugal.

Detención y encarcelamiento en Salamanca

En esta localidad traba amistad con el farmacéutico Francisco Martín, que lo delata. En la fonda de la tía Tomasa, es detenido el 2 de septiembre y encerrado en una cárcel de Salamanca. Después de haber estado preso en la Escuela Normal de Pontevedra (donde había estudiado Magisterio) y en el campo de concentración de San Simón (Redondela). En abril de 1937 se celebra el juicio.

Cuatro vecinos de Cerdedo: Ramón Cortizo Lorenzo, Aurelio Varela Río, Ventura Pérez Alvite (el cura) y Francisco González Caramés, declararon contra él,

Su abogado defensor, Julio Conde, trata de desmontar las acusaciones: "Que estuvo al frente de diez mil hombres armados con escopetas y pistolas, y en posesión de una pistola de veintidós tiros", exclama asombrado. Pero la sentencia de la Causa 1306/36 (que sirve de título para un libro escrito por el autor de este reportaje) ya estaba escrita.

Los vecinos de Cerdedo Ramón Cortizo Lorenzo, Aurelio Varela Río, Ventura Pérez Alvite (el cura) y Francisco González Caramés declararon contra Francisco Varela

El médico que certificó el fallecimiento se llamaba Hermógenes Abilio Vidal García, ejercía su labor en A Insuela (Cotobade), y había participado en la campaña de apoyo al Estatuto de Autonomía de Galicia. Semanas antes del fusilamiento, en su casa se habían presentado varios componentes de la Guardia Cívica, pero no lo encontraron porque estaba atendiendo un parto. La mediación del deán de la Catedral de Santiago evitó su muerte.

Tres vecinos de Aldán (Cangas): José Gallego Nogueira, O Neno da Camiña, funcionario municipal de 37 años; Antonio Fernández Fernández, El Pavito, (32), militante del PSOE y presidente de la Sociedad de Oficios Varios de la UGT, y José Mejuto Bernárdez, afiliado al mismo sindicato, y José Meis Martínez, un maestro de Seixo (Marín), también con el carné del sindicato socialista, acompañaron a Pancho Varela cuando los soldados hicieron disparar sus fusiles. Cinco asesinatos.

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