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Un homenaje para don Antonio

El sacerdote (derecha), acompañado por uno de los responsables del homenaje. GONZALO GARCÍA - Raxó
El sacerdote (derecha), acompañado por uno de los responsables del homenaje. GONZALO GARCÍA - Raxó

Vecinos de Raxó celebraron hace unos días un emotivo acto para conmemorar los 50 años que lleva el párroco ejerciendo en la parroquia, donde impulsó la construcción de la iglesia nueva

Cuando le llegue la hora de retirarse, Antonio Fernández podrá poner punto y final a su dilatada trayectoria sacerdotal con la satisfacción del trabajo bien hecho. Muy pocos párrocos pueden presumir de llevar al pie del cañón más de medio siglo. Precisamente, este es el tiempo que ha transcurrido desde que Fernández Rodríguez, natural de Campo Lameiro, llegó por primera vez a la parroquia de Raxó. Corría el año 1968 cuando, recién entrado en la treintena, se convirtió en el cura de la villa vecina a Sanxenxo.

La media centuria de dedicación no ha pasado desapercibida para un grupo de vecinos de la localidad, que hace unos días ofrecieron a don Antonio, tal y como se le conoce en Raxó, con un homenaje muy especial. El acto incluyó el descubrimiento de una placa que luce en el que se ha convertido en uno de los grandes legados del sacerdote: la nueva iglesia parroquial, inaugurada a finales de 2016 y cuya construcción fue uno de los grandes retos que se planteó Fernández.

El párroco, que también ejerce como guía espiritual en Samieira, no esconde su sorpresa por la iniciativa vecinal. "A verdade é que non agardaba algo así", admite. Los impulsores del homenaje insisten en que la figura del cura merece ser recordada. La puesta a punto del nuevo templo y las reformas realizadas en la emblemática capilla de San Gregorio son algunas de las actuaciones que impulsó don Antonio, aunque él recalca que "o esforzo foi de moita xente. De feito, eu non construín nada, iso fixérono os obreiros", bromea. "Eu limiteime a achegar as miñas ideas. Alégrome moito de que fosen aceptadas", añade.

Placa conmemorativa dedicada al sacerdote Antonio Fernández. GONZALO GARCÍA - Raxó

A la hora de echar la vista atrás, el párroco habla con cariño de sus inicios en la parroquia. "Raxó cambiou moito desde entón, pero hai cousas que se manteñen", explica. Ya entonces, la villa contaba con algo más de 1.000 habitantes y se convertía en lugar de estancia para numerosos veraneantes. Este hecho no pasó desapercibido para el sacerdote, que rápidamente comprendió que a la parroquia le vendría bien contar con un espacio religioso a mayores que el templo de San Gregorio, cuya construcción data del siglo XVI.

inspiración. Sin embargo, construir una iglesia no fue la primera idea que se le ocurrió a don Antonio. En un viaje realizado a principios de los 80 a Tierra Santa, hizo alto en Grecia, donde se quedó prendado del teatro de Epidauro. A su manera, el cura intentó recrearlo, en versión reducida, en Raxó. "Un pequeno anfiteatro neste lugar parecíame algo moi útil", indica. No obstante, este proyecto fue finalmente sustituido por la construcción de la iglesia nueva, donde los feligreses le transmitieron su cariño con el homenaje realizado hace unos días.

A la hora de hablar del templo inaugurado hace menos de dos años, don Antonio destaca su belleza y su pragmatismo. "Está construído de tal xeito que o sol apenas molesta durante o verán, porque é cando está máis alto. En cambio, no inverno si que entra e iso fai que a temperatura sexa moi agradable", asevera.

Además, destaca que la cruz situada en lo más alto de la iglesia se puede ver desde el muelle de la parroquia.

Un homenaje para don Antonio
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