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O Vao de Arriba abre sus puertas (I): "Si alguien vende, lo tiro"

El patriarca posa en la 'plaza' principal de O Vao de Arriba. DAVID FREIRE
El patriarca posa en la 'plaza' principal de O Vao de Arriba. DAVID FREIRE
Los gitanos llegaron en 1966 y empezaron trabajando en la fábrica de Celulosas ► Esta es la historia del poblado

Con la dictadura aún en plena ebullición, en una etapa en la que muy pocos tenían noticias de la existencia de la heroína o de la cocaína en España, los gitanos llegaron a O Vao. Así lo recuerda el patriarca del poblado de Arriba, Adolfo Casal Jiménez, que destaca que en aquellos primeros años muchos de sus familiares trabajaron en la factoría de Celulosas que acababa de ser inaugurada por el general Franco. "Todo eso de los toxicómanos empezó años más tarde", explica el jefe del asentamiento. El miércoles pasado fue un día histórico por cuanto, por vez primera, O Vao permitió a un medio de comunicación entrar hasta la cocina, nunca mejor dicho. El patriarca, con la imperiosa necesidad de demostrar que la venta de sustancias es cosa del pasado en su territorio, abrió las puertas de su casa y del resto del núcleo de infraviviendas a este periódico para mostrar que sus intenciones son buenas. Las fuerzas de seguridad, que confirman que en estos momentos no hay trapicheo en O Vao de Arriba, mantienen su escepticismo.

"Soy Adolfo Casal Jiménez, y no soy el patriarca que vende droga, soy el patriarca que la está sacando. Establecí unas condiciones a todos los gitanos de aquí: que nadie vendiese ni cinco duros, ni diez euros de droga. Les dije que no quería ver por aquí a drogodependientes, y ellos, los que vendían, aceptaron". Con esta afirmación, Adolfo recibió en su casa a un equipo de este periódico.

"Después me acerqué a la Comisaría y fui a ver a la señora jefa. Le di mi palabra de que aquí ni se vendía ni se venderá más mientras yo viva, y si muero, la palabra de un gitano se queda escrita. El juramento de un gitano queda escrito. Estarán mis hijos y mis nietos, y aquí no se venderá más. Me pidió mi palabra y yo le juré que no se vendería más".

Los gitanos llegaron en 1966 y empezaron trabajando en la fábrica de Celulosas

Sin embargo, hay quien piensa que hay personas en O Vao que buscan el modo de saltarse la ley dictada por el patriarca. Ante eso, Casal asegura que "nosotros tenemos nuestras reuniones que yo convoco aquí. En ellas frené a los que vendían, que ya no lo hacen. Al que venda, yo lo tiro de aquí, porque para eso soy el jefe", y añade que "hablé con el capitán de la Guardia Civil, con el coronel y con el señor alcalde de Poio, que ha sido muy bueno con nosotros, dándole la misma palabra". 

El patriarca de O Vao. DAVID FREIRE

También lo sabe el sargento de la Guardia Civil. He tenido mucho apoyo por su parte. Él me ha ayudado a parar toda la borrasca de toxicómanos que venían, porque venían muchos. Pero desde hace tres meses aquí no viene nadie. Quiero que vengan la Guardia Civil y la Policía Local a comprobarlo, a ver si ven a algún drogodependiente". Lo cierto es que, al menos el miércoles, no detectamos presencia alguna de drogodependientes en el poblado ni en sus inmediaciones.

La llegada de las drogas a finales de los 70 convirtió al poblado en un punto de referencia

La historia del poblado comienza en 1966, cuando los gitanos dejaron sus empleos en Celulosas para levantar los cimientos del actual poblado. Con el apoyo de José Malvar y de Dorita Riestra, personas muy influyentes en la Pontevedra del momento, Casal Jiménez y sus familiares se asentaron en los terrenos de O Vao de Arriba. Sin embargo, a principios de los años 70, la recogida de chatarra no era suficiente para subsistir. En ese momento llegó a España la heroína, primero, y la cocaína, después. Los traficantes extranjeros precisaban de puntos en los que sus actividades permaneciesen lejos del alcance de la Policía. O Vao era perfecto.

"Yo reconozco que estaba metido en todo eso porque era una manera de ganar dinero, lo reconozco. No sé qué tipo de drogas, pero no voy a negar que subía mucha gente y esa gente a algo tenía que venir. Eso es lógico, no lo voy a negar. Esto estaba lleno drogodependientes, venga un coche, venga otro..., y el escándalo que había en la escalera. Pero todo esto se acabó con la ley que acabo de imponer".

"Esto era una borrasca de toxicómanos, no paraba de subir gente a por droga"

La respuesta vecinal, especialmente en A Caeira, y los operativos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, sirvieron para poner el foco en un lugar en el que se han vendido miles de dosis de droga al año y que a día de hoy, 17 de octubre de 2020, está más tranquilo que nunca. Más difícil será despojarse del sambenito de supermercado de la droga, intención del patriarca. Para eso, el actual escenario debe sostenerse en el tiempo.

Casal, por su parte, pretende que se haga borrón y cuenta nueva cuanto antes. "Hemos visto por las redes sociales y en el Diario, y esto es muy importante, lo siguiente. Si cogen con droga a uno en Marín, acusan a los de O Vao. Si lo cogen en Pontevedra, acusan a los de O Vao. Si lo cogen en Vilagarcía, también acusan aquí, a los de O Vao. Que no nos acusen más porque aquí no hay venta de drogas. Y otra cosa. Cada persona que cogen tiene nombre. Que lo den, y que no menten a O Vao".

Policía y Guardia Civil siempre han dicho que El Sevilla, de O Vao de Arriba (donde manda Casal Jiménez), era uno de los principales narcos del poblado. El patriarca sale en su defensa. "También se está mencionando al enfermo (El Sevilla tiene problemas de salud desde hace tiempo), y el ‘enfermo’ tampoco tiene nada que ver ahora, ni vende droga para abajo. Ese no tiene nada que ver, porque desde que ha salido de la prisión no se mueve. Y no se mueve a ningún lado porque tiene pendiente un juicio, y no puede hacerlo. A la gente le gusta mucho hablar y siempre machacan a los de O Vao. Eso no puede ser".

"Mi palabra no tiene truco, no soy como esos señores que mandan y después no cumplen"

El patriarca quiere marcar distancias con la zona baja del poblado, separada de su territorio por la carretera que une A Caeira con Campañó. "Yo siempre he respondido de la zona entre el lavadero, hacia arriba, y desde la escalera y los chalés hacia arriba. No respondo de O Vao de Abaixo. Ese es otro Vao. Quiero que estén las cosas claras".

O Vao. DAVID FREIRE

Un frente muy abierto en estos momentos es el sustento de los habitantes del poblado, cerca de 200 personas. Su jefe explica que "siempre hemos sido chatarreros y vendedores ambulantes. Yo me dedico a eso. Que conste que tengo muchos hijos, y tengo nietos, que se llaman como yo, Casal. Y ningún Casal ha estado detenido por drogas ni llamado a los juzgados. Es cierto que yo estaba en el medio cuando la vendían, no lo voy a negar, pero ninguno de mis hijos ni de mis nietos han sido detenidos".

Preguntado por el modo de obtener recursos ahora que, según dice, no trafican, expone que "vivimos del mercado, de los trapos, honradamente, y también hay personas que tienen pensiones. Toda nuestra gente tiene que comer. Los chicos van a pedir trabajo, están anotados, pero, ¿qué es lo que sucede? Cuando llaman a uno para que se presente en un lugar para trabajar, al ver que es gitano, ya no lo quieren. Están apuntados en el Inem y se presentan, pero les ponen pegas. Les dicen que ya le avisarán, les piden el número de teléfono, pero nunca les llaman".

Continúa en O Vao abre sus puertas (II): "No nos iremos"

O Vao de Arriba abre sus puertas (I): "Si alguien vende, lo tiro"
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