Avalan los 11 años de cárcel para un violador que fingió ser una vecina de la víctima

"Soy Aurora, ¿me puedes abrir?", le dijo para entrar en su casa ►El Supremo recalca que el ADN hallado revela su culpabilidad
Imagen de la fachada del Tribunal Supremo en Madrid. EFE
photo_camera Imagen de la fachada del Tribunal Supremo en Madrid. EFE

El Tribunal Supremo ha confirmado la condena de 11 años de prisión a un hombre que agredió sexualmente a una mujer en su casa de Tomiño, a la que entró en mitad de la noche ocultando su rostro con la capucha de una sudadera y fingiendo que era una vecina, hasta el punto de que puso voz de mujer para que le franqueara el paso. "Carmen, soy Aurora, ¿me puedes abrir?", le preguntó.

El alto tribunal rechazó así el recurso del violador, que pretendía que lo declararan inocente de un crimen que se remonta a en torno las 06.00 horas de la madrugada del 8 de septiembre de 2018 y por el que ya había sido condenado en 2021 por la Audiencia de Pontevedra, que lo halló culpable del delito de allanamiento de morada en concurso medial con un delito de agresión sexual en la modalidad de violación y un delito de lesiones, más la agravante de disfraz.

En esta nueva sentencia, los magistrados argumentan que hay muestras de ADN del condenado "no solo en la vivienda, a la que nunca había accedido antes, sino también en el pijama que llevaba" la mujer y "bajo las uñas de la víctima, quien trató de quitarle la capucha". Al hilo, señalan que el recurrente había aludido "de modo sesgado" a unas pruebas periciales que descartaron la presencia de perfil genético suyo en la mano derecha de la víctima, "omitiendo precisamente aquellos puntos tenidos en cuenta por el tribunal como prueba de cargo suficiente". Además, critican que todo ello constituye una falta de respeto a los hechos probados.

El Supremo avala también que tenga que indemnizar con 300 euros a la víctima por las heridas que le causó y le prohíbe acercarse a menos de 300 metros o comunicarse con ella durante 16 años.

HECHOS PROBADOS. De esta manera, el Supremo considera acreditado que el condenado acudió a casa de la mujer tapado con una capucha y que "fingiendo voz de mujer", se hizo pasar por una vecina, "logrando" que la mujer le abriera la puerta. Al darse cuenta del engaño, ella intentó cerrar, pero no pudo porque el atacante la agarró con fuerza de los brazos y la empujó hacia el interior. Una vez dentro, la llevó hasta el salón, la tiró al suelo y le metió la mano por debajo del pijama "con ánimo de satisfacer su deseo sexual", mientras la mujer no paraba de gritar y de tratar de quitarle la capucha. Ante ello, a la vez que continuaba con sus tocamientos, el acusado le tapó la nariz y la boca con una mano y le golpeó la cabeza varias veces contra el suelo. Luego, se marchó dejándola allí tirada.