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«En la herboristería les enseñaba el camino de la Iglesia»

Rosendo junto al resto de acusados, entre los que ya no están su mujer ni sus hijos. J.C.
Rosendo junto al resto de acusados, entre los que ya no están su mujer ni sus hijos. J.C.

Miguel Rosendo, líder de 'Los Miguelianos', negó todos los delitos que se el atribuyen en la Audiencia de Pontevedra. «Me siento maltratado; soy inocente» ►Ivana Lima, 'consagrada' que pertenencia a la orden, cargó contra sus padres y defendió al principal acusado

PONTEVEDRA. «Pueden abandonar el banquillo». Nélida Cid, presidenta de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, permitía el jueves así que abandonasen la sala la esposa y los hijos de Miguel Rosendo, líder de "Los Miguelianos", exonerados a petición de su letrado de los delitos de blanqueo de capitales por los que habían sido procesados. Esa escena sirvió para iniciar una larguísima sesión de juicio, la segunda, que se interrumpió por espacio de una hora (para comer) y que tuvo como hilo conductor el testimonio del principal investigado, que solo contestó a su propio abogado, y de una de las "consagradas", Ivana Lima, que respondió a todas las cuestiones que se le plantearon ya bien entrada la tarde. Miguel Rosendo negó todas las acusaciones que pesan sobre él (abusos sexuales y organización ilícita son las principales), al tiempo que acusó al obispo de dejarle solo y al capellán del centro penitenciario de A Lama, Isaac de Vega, de estar al frente de un plan para acabar con la Orden de San Miguel Arcángel.

«Me siento maltratado por estos cuatro años que llevo en prisión. Soy inocente, igual que mi mujer y mis hijos», espetó Rosendo antes de acogerse a su derecho como acusado de solo contestar a las preguntas planteadas por su propio letrado, Marcos García Montes.

Ello hizo que el representante del Ministerio Público y la abogada de la acusación particular se viesen obligados a leer todas las preguntas que tenían previsto realizar a Rosendo, un proceso que se dilató durante más de una hora, dado que el interrogatorio se componía de centenares de cuestiones.

El LÍDER. En su testimonio, el líder de "Los Miguelianos" señaló que cuando fue detenido nadie le dijo que podía contactar con un médico ni con su esposa, y añadió que en un primer momento «el Obispado me acusaba de tener una casa muy grande». «El obispo nombró a un representante para la vida consagrada, no para una investigación». Rosendo explicó el desarrollo de una reunión en la que «el hombre que había nombrado el obispo empezó a leer una hoja e insistió en las cuotas que pagaban los exploradores (los miembros de la extinta orden) diciendo que era dinero del que yo me apropiaba. Yo me levanté, cogí un crucifijo y ante él dije que esas acusaciones eran mentira».

Sobre su marcha a Madrid, «no fue para escapar, como se ha dicho». Respecto a los abusos, señaló que «habría que ver quién fue el abusado, mi mujer, mi hija y yo mismo, por parte de estos padres y de otros más».

Marcos García Montes incidió en su relación con Marta Paz, considerada su número dos por los investigadores en un primer momento pero que finalmente quedó fuera del procesamiento.

«Mi relación con ella era como la de un padre con una hija. Se le llama bastón porque un día el obispo dijo que debía escribir diariamente lo que yo hacía», añadió, al tiempo que negó rotundamente haber mantenido relaciones sexuales con ella. «Es una criatura buenísima, una hija. Por lo que han pasado durante cuatro años estas benditas mujeres, que han sido pisoteadas y maltratadas, es injusto».

Sobre Iria Quiñones, otra de las "consagradas", dijo que con ella «tenía una relación de cariño, amistad, igual que con todas». En cuanto a Ivana Lima, que declararía a continuación, expuso que «era la madre general, tenía relación con mi mujer y mis hijas, es hermana de mi nuera».

A continuación comenzó a relatar actuaciones presuntamente dirigidas por Isaac de Vega en el seno de la asociación. «Fue nombrando semanalmente a una serie de personas como directores espirituales, algo que a mí no me parecía bien», a lo que añadió que «a mí me llamaban Totó, pero Isaac de Vega obligó a todos a que me llamasen padre».

En cuanto a las prácticas realizadas en la herboristería atribuida a Rosendo, el líder "migueliano" reconoció que no eran las que se suelen hacer en este tipo de establecimientos. «En la herboristería hacíamos oraciones de la Santa Madre Iglesia. Era como la metadona, lo que se les da a las personas para desengancharse de la droga. Intentaba arrancarles de lugares en los que se realizaban prácticas como el espiritismo, quería que les dejasen en paz. Allí les enseñaba el camino».

A ello añadió que en el lugar existía «un oratorio para que rezasen un poco y se relajasen».

En lo que se refiere al ámbito económico de la extinta orden, Rosendo expuso que todos los asuntos los llevaba el tesorero de la asociación. Subrayó que nadie le contó nada sobre cuestiones económicas ni tampoco le dieron dinero. «En absoluto», contestó.

Finalmente, el líder criticó que en esta causa no le dejaron defenderse y denunció que en prisión «injustamente» se ha llevado «palizas» por las «mentiras» contadas, que le dejan como un «monstruo, violador y sinvergüenza».

JORNADA VESPERTINA. Durante la tarde, tras el receso, el turno fue para la primera "consagrada" en intervenir, considerada una de las personas de la máxima confianza de Miguel Rosendo: Ivana Lima.

«Acudí a la herboristería porque antes había intentado suicidarme. Tenía graves problemas en casa». La acusada dijo que su madre (a la que llama por su nombre y apellidos para desvincularse de ella) la llevó «a videntes, curanderos, de todo menos al médico, que era lo que necesitaba». Sobre su primer encuentro con Rosendo, recordó que él le dijo: «"Si supieras cuánto te ama Dios...". Para mí eso fue un shock».

La procesada también cargó contra el capellán de A Lama, Isaac de Vega, de quien dijo que les indicaba que guardasen objetos, incluso mechones de pelo, de Feliciano Miguel Rosendo, pues les decía que «iba a ser un santo».

La abogada de la acusación pidió que las personas que fueron exoneradas (esposa e hijos de Rosendo) sean citadas en el juicio para que comparezcan como testigos, una circunstancia que también había sido solicitada por otros letrados en los prolegómenos de la vista oral.

Por otro lado, el acusado José Carlos A.M. no se sentó en el banquillo en la jornada de el jueves. El tribunal le dispensó de tener que acudir al juicio el jueves para permitirle pasar tiempo con su padre ante el «riesgo de muerte inminente» de este.

De hecho, el jueves su letrada comunicó el fallecimiento del padre y pidió que se le exima de declarar hasta las exequias fúnebres.

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