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La provincia de Pontevedra vuelve a ser del PP... y del BNG

Imagen de la celebración de ayer en el PP provincial. DAVID FREIRE
Imagen de la celebración de ayer en el PP provincial. DAVID FREIRE
Los populares disputaron con el PSOE un escaño hasta casi el 100% del escrutinio, pero los socialistas se hicieron con él por poco más de 50 votos, mientras el BNG se come literalmente a GenC y salta desde los dos escaños del 2016 hasta los seis

Si el Gobierno de la Xunta dependiera de un escaño, el escrutinio de el domingo en la provincia de Pontevedra sería algo así como la final de la Champions disputada a penaltis. No era ese el escenario. Feijóo tenía su mayoría amarrada desde primera hora de la noche, fuera con 42 o con 41 escaños. La diferencia estaba en el undécimo diputado del PP en Pontevedra, que podía pasar a ser el sexto del PSOE. Estuvieron a menos de 30 votos y por menos de cien el asiento en O Hórreo bailó media hora entre uno y otro partido, hasta que cayó del lado del PSOE, a falta de contar un puñado de votos en Sanxenxo. Al 99,87% escrutado, lo ocupaba la socialista Noelia Otero, número 6 de Gonzalo Caballero, si el cómputo final o el voto por correo no lo impiden. La provincia ejerció su derecho en plena pandemia. Decidieron los cerca de 460.000 electores que se acercaron a las urnas con mascarillas. Y el escrutinio fue contundente: dos claros ganadores y dos perdedores diáfanos.

Noelia Otero, diputada por el  PSOE

Venció Núñez Feijóo en su Pontevedra talismán, con un escaño menos (10) que en 2016. Renovó y su mayoría en Galicia, la cuarta de su carrera, que lo iguala con el totem conservador Manuel Fraga. Y hoy es, más que hace cuatro años, el indiscutible primer barón del PP en España. Ocurre así cuando más alejado aparece el líder gallego de las tesis oficiales de Pablo Casado tanto en su estilo, como en su política y sus mensajes.

Escrutinio provisional eleciones municipales en la provincia de Pontevedra
Evolución de candidaturas en la provincia de Pontevedra

Ganó, y mucho, Ana Pontón, que confirmó las encuestas más optimistas. Hoy es ya el mejor cartel electoral que el BNG ha tenido jamás y, de un soplo, elevó a los nacionalistas desde una discreta cuarta posición parlamentaria a la meritoria segunda plaza, con un sorpasso al PSOE que escocerá mucho tiempo. En Pontevedra partía con dos escaños y escaló hasta los 6, dejando atrás a un partido socialista que controla tanto la Deputación como las grandes alcaldías de Vigo y Vilagarcía, los concellos del Val Miñor y buena parte de las comarcas de Caldas, O Salnés y el interior de Pontevedra. Literalmente, Pontón se comió además 4 de los 6 escaños de Podemos, por uno que se va al PSOE.

El PSOE se queda con 14 escaños, mientras las Mareas desaparecen del mapa

Perdió, lo mire por dónde lo mire, Gonzalo Caballero, que se queda con los 14 escaños gallegos que heredó de Leiceaga y solo logró subir dos diputados en su provincia, donde teóricamente recibió el apoyo de su tío Abel Caballero, de la presidenta de la Deputación y del presidente de la Fegamp, además del desfile de ministros que se pasearon por Galicia en las últimas dos semanas. Si algo está claro desde el domingo es que la campaña del candidato socialista hizo aguas y no fue un ejemplo cristalino ni de cohesión ni de liderazgo.

Y se desvaneció la secuela de las Mareas, donde se agruparon lo que quedó de la marea de alcaldes, Unidas Podemos, Esquerda Unida y Anova. Los candidatos provinciales, con Eva Solla a la cabeza, no fueron capaces de superar la pésima imagen del resquebrajamiento parlamentario de la última legislatura, y muy probablemente no sea culpa suya sino de esa cuestión de fondo. Lo sorprendente es que Podemos, que abanderó la candidatura, se haya esfumado de Galicia justo cuando ejerce el poder en Madrid.

Porque si alguna lección paralela salió el domingo de las urnas es que la política "de Madrid" salió literalmente escaldada. Se apagó la llama de Casado con el ciclón Feijóo, y se diluyó como un azucarillo en el agua hirviendo del Bloque la teórica fuerza que el bipartito de Sánchez e Iglesias pretendían proyectar por España adelante. Cs apenas superó el 1% de los votos en la provincia y Vox no llegó al 2%.

En Pontevedra, al PP le bastó bajar un punto en las urnas para casi conservar su representación. El PSOE, en cambio, arañó cinco puntos en el escrutinio con respecto al 2016 pero solo lo tradujo en dos diputados más. El BNG fue el que más creció electoralmente en la provincia, por encima de los 16 puntos, y convirtió esa escalada en seis asientos parlamentarios, desde los dos que tenía.

La incógnita del PP. El PP está de enhorabuena, pese al retroceso de infarto en Pontevedra. Consciente de esa dificultad, Feijóo presentó en esta provincia su lista más potente, repleta de conselleiros y altos cargos de su equipo. A falta del voto exterior, el undécimo escaño popular cayó del lado del PSOE, lo que no impidió la cuarta mayoría de Feijóo, al que ahora le espera una legislatura decisiva. Porque si siempre se especuló con su marcha a Madrid, el rumor ahora cobra otra dimensión. Fue él mismo quien respondió en campaña que esta sería su última legislatura como candidato a la Xunta. Y esa declaración, que tiene el valor que cada uno quiera darle a cuatro años de la futura decisión, abre al mismo tiempo dos melones: el de su futuro en el partido más allá de esta legislatura y también el de su sucesión en Galicia, algo de lo que, lo quiera o no, comenzará a hablarse desde hoy mismo.

Futuro del PSdeG y GenC. La noche electoral abre la incógnita del futuro para el liderazgo de Gonzalo Caballero al frente del proyecto socialista gallego, y dibuja un gigantesco interrogante sobre el frente de izquierdas que Podemos trató de generar y reordenar en Galicia, pero que terminó como un perfecto ejemplo del desorden, perdido entre peleas internas por el liderazgo y sin políticas de fondo que hayan calado entre el electorado.

Para Gonzalo Caballero, el futuro dependerá del apoyo o castigo que reciba de sus alcaldes, muy especialmente de su tío Abel Caballero. El balance de sus casi tres años de liderazgo se desmoronó el domingo con un resultado por debajo de lo esperado. En ese tiempo, quiso recomponer unas estructuras orgánicas para adaptarlas a su perfil político. Cosechó tantas fidelidades como hostilidades y pese a las mieles de las municipales de 2019, donde el socialismo se hizo con las mejores alcaldías, el triunfo no se le anotó al secretario general sino a los candidatos locales. Serán ellos, ahora, quienes le den más crédito o le cierren definitivamente la cuenta.

A GenC le toca, por su parte, una reflexión profunda. Tras pagar por entero la división de la izquierda, a lo que queda de EU, Mareas o Anova (escisión del BNG que capitaneó Beiras) se le viene encima una decisión trascendental: decidir si se entregan por entero a Podemos, si se despegan y navegan en solitario o si se integran en un BNG al alza para intentar en 4 años el asalto a la Xunta, tal vez sin Feijóo de rival.

Escrutinio por municipios
Escrutinio provisional por municipios en la provincia de Pontevedra

 

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