"Una vez que pasa estás en una etapa que es como un regalo"

La vida de L.G. vivió un vuelco de 180 grados en 2009 cuando fue diagnosticada de cáncer de mama

Una mujer se somete a una mamografía. ARCHIVO
photo_camera Una mujer se somete a una mamografía. ARCHIVO

Diciembre de 2009 es un mes que está grabado a fuego para siempre en la memoria de L.G., pues fue en el que su vida dio un vuelco de 180 grados. El suyo fue un proceso "largo y muy duro" pues a principios de ese año una mamografía reveló que tenía mastopatía quística (una afección benigna). "La hice en febrero y volví en junio porque tenía dolor pero me decían que no había nada que hacer. A la tercera me hicieron otra mamografía y lo detectaron".

Llegado ese punto estaba tan avanzado que la pusieron inmediatamente en tratamiento, la operaron y pasó por hasta siete sesiones de quimioterapia. "Se te corta todo. Es como si te caes y no eres capaz de levantarte. Al principio no te lo crees, despiertas por la mañana y dices: 'Esto no es verdad'", confiesa.

Echando la vista atrás, L. no puede sino acordarse del apoyo fundamental de su familia, sobre todo de sus hijos y su madre. Pero, sin embargo, reconoce que tuvo momentos en los que le faltaron las fuerzas. "Una vez que llegas a ese punto te planteas la vida de otra manera y dices: ¿De verdad vale la pena luchar tanto? Pues sí". Y ahora, superados los ocho años desde la operación, tiene claro que "debo dedicarme a mí y a hacer las cosas que me gusten. Superas una etapa que te pasa factura y estás en otra que es como si fuera un regalo, porque si hubiera pasado hace 40 años no estaría viva".

Una vez que llegas a ese punto te planteas la vida de otra manera y dices: ¿De verdad vale la pena luchar tanto? Pues sí

La ayuda de la Asociación Española Contra el Cáncer fue fundamental para que L. pudiera sacar fuerzas de donde no las tenía para seguir adelante. "En todo momento estuve en tratamiento psicológico, hice actividades, participé en algunos programas... Y estás en contacto con gente que pasa por lo mismo que tú".

Ahora, de una mala experiencia ha sacado algo positivo: las ganas de ayudar a los demás. Tras prejubilarse hace poco, no dudó ni un momento en presentarse en las oficinas de AECC Pontevedra para ofrecerse como voluntaria. "Y me voy de allí sintiendo que hice algo. La gente está padeciendo lo mismo, la comprendes y le puedes ayudar, ser útil". A quienes estén pasando por lo mismo que ella sufrió les recomienda que luchen. "Es una enfermedad con la que hay que pelear, hay que tener mucha fuerza y nunca puedes decir 'no puedo'". Y, sobre todo, "buscar ayuda, en la familia y en asociaciones", concluye.