Alba Loureiro: "A los diez años me di cuenta de que no quería vivir sin interpretar"

Alba Loureiro, actriz lucense, caba de rodar la película La zona vacía, de Kurro González, donde tiene un rol protagonista. Formada en teatro desde su infancia, estudió en la Resad y ha logrado ser parte de todo tipo de compañías antes de saltar al mundo del audiovisual con diversos proyectos en cine y televisión
Alba Loureiro. DP
photo_camera Alba Loureiro. MOISES FERNÁNDEZ

Alba Loureiro es actriz desde los 10 años, cuando entró en la compañía de Paloma Lugilde y comenzó a girar por toda Galicia. La línea invisible (Movistar+), Auga Seca (HBO) y Desaparecidos (Amazon Prime) son solo algunas de las producciones donde ha participado.

Ha hecho cine, series, teatro de todo tipo... ¿De dónde viene su pasión por actuar?
Desde muy, muy pequeña. Siempre fui una niña muy inquieta y a los 10 años comencé a hacer teatro en Lugo con Paloma Lugilde y su compañía. La obra ‘Antígona’ ganó el premio de Teatro Aficionado de Galicia y empezamos a girar por toda la comunidad. Ahí conocí el teatro de verdad, en todas sus facetas, y me di cuenta de que yo lo que quería era actuar, que no quería vivir sin interpretar. Llevaba vida de actriz con 10 años.

¿Cómo encaja una niña ese trabajo? ¿No es mucha presión?
La verdad que yo estaba encantada y creo que mis padres, como me veían feliz, pues les parecía bien. Además, yo cuando era pequeña hacía de todo: iba al conservatorio, tocaba la viola, hacía deporte, iba a clases de diseño de moda... Me apuntaba a todo. Entonces yo recuerdo que terminaba las clases, entraba al conservatorio, terminaba a las nueve de la noche y me iba a ensayar hasta las once o las doce de la noche, y al día siguiente, al cole. ¡Y los fines de semana con funciones! Yo creo que eso me hizo madurar y aprender de verdad lo que es el teatro, porque me encargaba de cargar y descargar, del vestuario, del maquillaje...

Para una niña y para una adolescente también es importante tener tiempo para los amigos. ¿Cómo hacía para compaginar todas esas cosas con su vida social?
(Ríe). Si te digo la verdad, no sé cómo lo hacía, pero lo conseguía. Es cierto que mis amigas muchas veces daban por hecho que había días que no podía quedar porque tenía ensayo, pero ellas sabían que el teatro era mi ilusión y me entendían muy bien. De hecho, me ha pasado también que me he perdido la boda de mi mejor amiga por tener una función de teatro en la que no me podían sustituir. Esa es la parte dura del teatro: que muchas veces te pierdes cosas o no puedes hacer planes porque no sabes qué va a ser de tu vida.

Cuando acabó bachillerato, intentó entrar en la Resad una primera vez y no fue posible. Sin embargo, supo ver una oportunidad en esa dificultad.
Sí, porque me fui cuatro meses a estudiar teatro a Dinamarca con Isabel Úbeda, que nos ofreció una beca a los actores de Palimoco, la compañía de Paloma Lugilde en la que yo estaba. Como no me habían cogido en la Resad, yo justo empezaba magisterio; así que fui el primer día, a la presentación, hablé con algunos profesores y les expliqué que me habían dado una beca, que me marchaba a Dinamarca y que me iba a reincorporar a la universidad en febrero. No sé con cuánto entusiasmo lo conté, pero, increíblemente, a los profes y a mis padres les pareció estupendo. Luego, la experiencia fue maravillosa y aprendí muchísimo sobre teatro, me vino genial. Nos alojábamos en al residencia del Teatro Odín, donde también estudiábamos.

¿Y el salto a Madrid cómo fue?
¡Muy bien! De hecho, llevo 12 años viviendo en Madrid, desde que me cogieron en la Resad al segundo intento. No me puedo quejar porque, desde que acabé esos estudios, no he dejado de trabajar, tanto en compañías como en cine y series. Eso sí, al principio tuve que compaginar mi trabajo como actriz con un empleo en una tienda. Hasta que entré en TeatroLab y, a partir de ahí, ya empecé a enganchar varios trabajos de interpretación y pude dejar lo demás.

¿Y en qué proyectos está embarcada ahora?
Ahora estoy muy volcada en lo audiovisual: si cuando empecé todo era teatro, en los últimos tiempos he hecho audiovisual: acabo de rodar mi primera película como protagonista, La zona vacía, y una serie, Motel Valkirias.

¿Cuál sería su sueño?
Poder vivir de una forma no precaria de la interpretación. No me gusta quejarme, porque es verdad que hasta la fecha he ido tirando, pero es cierto que he tenido que alternar varios proyectos con la prestación por desempleo. Ojalá algún día los actores en España no soportemos tanta precariedad.

En la intimidad: "Tengo una cuenta de cocina en Instagram con ds amigas, subimos recetas y poemas"

¿Qué aficiones tiene?
Me encanta la música, toco la viola y el piano un poquito, al fin y al cabo estuve 10 años en el conservatorio. También me gusta mucho andar en zancos y hacer deporte.

Y cocinar.
¡Sí, eso también me encanta! Tengo una cuenta de cocina en Instagram con dos compañeras que se llama @alpuntoycoma.

¿Cómo es eso?
Una compañera y yo nos encargamos de cocinar y de redactar las recetas, y otra compañera escribe poemas inspirados en los platos que nosotras preparamos.

¿De dónde viene esa afición?
Un poco de esa tienda donde decía que trabajé mientras hacía teatro. Era una tienda de productos gourmet y eso hizo que me aficionara mucho a la gastronomía. Ahora disfruto muchísimo de un buen plato de comida, de una copa de vino... En fin, de viajar por cualquier lugar y tener la oportunidad de disfrutar de su gastronomía.

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