Anya Rit: "Pensamos que una ruptura es un final, cuando debería ser un inicio"

La incomprensión de la familia y la presión social empujan a la resignación a una madre cuando su matrimonio naufraga. Frente a esta postura, Anya Rit reivindica el derecho a enamorarse y a ser felices, por encima de las convenciones y sin importar la edad.
Ayna Rit. CEDIDA
photo_camera Ayna Rit. CEDIDA

A tiempo es el título de su segundo libro. El reencuentro y amor son sus protagonistas. En el anterior, Recorriendo tu geografía, el erotismo tenía mas peso.

¿Que se encuentra el lector en A tiempo?
Es un libro con menos páginas que Recorriendo tu geografía, más enfocado a mujeres de mediana edad que, realmente, escribí porque muchas me decían que las protagonistas de las novelas románticas era siempre jóvenes. Entonces, me puse a indagar.

¿Cuál es el argumento?
La protagonistas estuvo muchos años casada, la hija se fue a estudiar fuera y su matrimonio hace aguas. Entonces tienes 43 años, ya no eres una niña, el matrimonio no tiene sentido pero puede ser feliz a esa edad. Habló mucho sobre ese tema, como llevarlo cuando un hijo se marcha, cómo lo llevas, las dudas que tienes...

¿Por qué ese título?
El título de A tiempo lo elegí porque los protagonistas de esta historia habían sido novios cuando eran unos adolescentes, en su momento tuvieron problemas y lo dejaron. Él se fue a Inglaterra, ella se quedó en España, y casi veinte años después viven el amor de una forma totalmente distinta.

"Gente que lo leyó dice que le gustó, pero que le cuesta mucho creer en el amor entre personas de 40 o 50 años. Es irónico"

Ese planteamiento da la impresión de que obedece a una realidad más habitual cada día. La cuestión es quien se atreve a dar el paso y quien se resigna.
Justo. Como muchas veces pensamos que una ruptura es el fin de algo, en lugar de pensar que empieza una etapa nueva. En este trabajo mucho sobre lo que es la psicología de cómo se sintió la protagonista en todo momento, como se reencuentra con el primer amor, las dudas que surgen de si vale la pena intentarlo, los miedos porque el cuerpo también cambió después de un embarazo y con el paso de los años. Todas esas dudas que son muy habituales.

Hay quienes consideran que una ruptura es un fracaso, ya sea por la educación que recibió, la presión social, el peso de la religión u otros motivos.
Claro. Yo, por ejemplo, en este caso, hablo también de cómo sintió ella el rechazo de su propia madre, a la que le sentó mal que se hubiesen divorciado. Y eso es algo que pasa muy menudo, la gente que nos rodea nos condiciona a que debemos de seguir casados, en lugar de animarnos para que seamos felices. Sientes esa presión y al final tienes que vivir las cosas de una forma muy diferente.

Y luego está el punto de vista de los hijos, que no pocas veces se oponen cuando una madre espera que entiendan la decisión ya que tienen una vida por delante.
En este caso, las dudas de la protagonista, surgen al plantearse si el hecho de poner fin a un matrimonio la hace mala madre, y la determinación de querer ser feliz la pueda convertir en una mala persona. Intentó mantener un matrimonio a flote por el hijo, pero llega un momento en el que no se puede tensar más la cuerda.

"Hay más presión sobre la mujer y más si es madre, como si por pensar en ella no pueda pensar en sus hijos"

La visión de la sociedad ante esta cuestión es diferente con respecto al marido y a la esposa.
Es totalmente diferente. Normalmente hay más presión sobre la mujer, y más si es madre, como si por pensar en ella ya no pueda hacerlo también en sus hijos. Ese es un concepto de maternidad que se plasma en el libro, de cómo esa mujer se volcó demasiado en ser madre, dejó de ser pareja, su marido terminó siéndole infiel y ella no se lo perdona, pero cree que una parte de al culpa es suya por haber dejado de ser ella misma por ser madre. Es decir: querer cumplir con el estereotipo que se establece. Y después se tuvo que reencontrar para preguntarse quién era al margen del hijo.

Se victimiza doblemente.
Justo, y escribí este libro en primera persona para centrarme en cómo se siente una mujer en este aspecto.

¿Cómo reaccionaron ante este planteamiento quienes lo leyeron?
Es irónico porque cuando la gente empezó a leerlo me decía que les costaba mucho creer en el amor entre unas personas de entre cuarenta y cincuenta años. Que la historia que escribí les había encantado, pero en la realidad no podía suceder de esta forma. Es lo que piensan en su fuero interno.