Artelar: convertir fibras en abrigo

Artesanas de Artelar (Foto: PORTO)
photo_camera Artesanas de Artelar (Foto: PORTO)

La satisfacción personal de ver tus diseños en la tela. Así define Cecilia el motivo que la impulsa a seguir moviendo sus dedos entre los entresijos de los hilos de un telar. Moviéndose con sus manos, a lo largo y ancho de toda Galicia, su telar, de una demostración a una muestra de artesanía, y vuelta a los cursos en los que enseña el milenario arte de tejer artesanalmente.

Cecilia forma parte de Artelar, un taller artesano de telares en el municipio lugués de Triacastela. En el local del Albergue de Peregrinos del pueblo, veinticuatro mujeres se reúnen junto a siete telares para dar forma a las más diversas piezas de ropa de hogar, a bufandas o a chales.

Su historia no es tan larga como la de la labor artesana que practican. La asociación nació en 1996. Tres años antes, el Instituto de Desarrollo Comunitario de Galicia había impartido en Triacastela unos cursillos de tejido en telar artesanal. Fruto del interés adquirido, y conservando las herramientas de trabajo heredadas del curso, Artelar nacía como una asociación de tres socias autónomas y una veintena de ellas que acudían por simple amor al arte.

Un simple hobbie
Hoy, en Artelar, sólo Cecilia se dedica profesionalmente a esta artesanía. ‘’Nadie quiere darse de alta en autónomos y dedicarse sólo a esto. No se gana para vivir’’, lamenta. ‘’El local y sus gastos los costea la Xunta, recibimos mucha ayuda de ‘Artesanía de Galicia’, de la Diputación y de la Consellería da Muller’’, explica. ‘’Pero el material y autónomos tenemos que costearlos nosotras’’.

Las ventas no hacen honor, ni de lejos, al mimo con el que tratan en Antelar cada fibra de hilo, cada diseño. Los clientes se escandalizan de los precios, comparados con los de prendas de fabricación industrial. ‘’Muchas señoras me dicen: ‘es que yo esta bufanda me la compré en los chinos por seis euros’.  No es para nada lo mismo, son trabajos totalmente distintos’’, se queja Cecilia.

Un ritmo de otro tiempo
No cabe la comparación en el diseño, en la calidad de los materiales y, muchos menos en la dedicación y el tiempo de elaboración. El montaje del telar para las bufandas – que se hacen de ocho en ocho- llevan unas ocho horas. La elaboración final, unas tres o cuatro horas por pieza.

En un chal habría que trabajar al menos ocho horas, mientras que la tela para un mantel ocupa a las socias de Artelar durante dos o tres días. ‘’Poco tiempo’’,a segura Cecilia, acostumbrada a unos ritmos de trabajo ajenos a la celeridad de la vida moderna.

En la tienda del taller se vende todo tipo de ropa de hogar, desde colchas a mantelerías individuales, bufandas, chales, fulares… También elaboran telas para un taller de Vilalba, que después las moldea en forma de trajes regionales de gallega rústicos. Las fibras que usan, siempre el lino, la lana, o la seda.

Supervivencia
Sin embargo, Cecilia asegura que ‘’si trabajas sólo para vender no da para vivir. Yo voy saliendo porque hago demostraciones y cobro por ellas'', explica. De esta forma, llevando su artesanía a las ferias de muestras, Cecilia garantiza la supervivencia de esta labor tradicional.

Al menos por el momento, ya que no confía mucho en el futuro: a los cursos que imparten en ‘Artelar’ sólo asisten este año tres alumnas. Y en ocasiones la propia Cecilia, que llegó al oficio en el año 94 y desde hace 14 años está enganchada a él, como la lana a sus dedos, tiene tentación de desistir.

‘’A veces te dan ganas de tirar todo por la borda, pero te vas a casa, descansas y al día siguiente ya lo ves con otros ojos'', confiesa. ‘’Pero al final compensa, sobre todo por la satisfacción personal de ver tus diseños en la tela'', dice sin dudar.

Al tejer una pieza, siempre surgen dificultades, nudos en los hilos que cuesta deshacer. ‘Artelar’ se enfrenta a ellos con filosofía. Pero sobre todo con la conciencia de que, con su trabajo, ayudan a mantener uno de esas tantas tareas ancestrales de las que el mundo moderno parece haberse olvidado.

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