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Cien años de Leopoldo Nóvoa: volver a Armenteira

Susana Carlson y Ramón Rozas, en la casa de Armenteira. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Susana Carlson y Ramón Rozas, en la casa de Armenteira. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
La obra del artista es imposible de entender sin la casa que levantó en Meis

"Pensar que no estaré en el valle del Salnés; y la ría de Arosa y el Barbanza seguirán allí, como si pudieran ser los mismos cuando ya no mirara las ricas horas del alba, las lentas horas de la tarde". Lo dejó escrito Leopoldo Nóvoa (Salcedo, Pontevedra, 1919-París, 2012) en las páginas de un libro de su biblioteca. El volumen cayó en manos de su viuda, Susana Carlson, tiempo después del fallecimiento del artista. "No pude evitar estremecerme cuando lo leí".

Las palabras de Nóvoa confirman la profunda conexión que el creador, uno de los más importantes del arte contemporáneo gallego, tuvo con Armenteira (Meis), donde se construyó una casa en los años 80 y optó por pasar la mitad del año en la última etapa de su vida. "Armenteira é un espacio fundamental na obra que Nóvoa realiza a partir de 1983, data na que constrúe esta casa- taller. Un espazo sobrio, austero no que é posible percibir a soidade, a meditación e a reflexión que marcaron o seu traballo", cuenta Rosario Sarmiento. Ella es la comisaria de la exposición que el Museo de Pontevedra le está dedicando ahora mismo (y hasta el 26 de abril) a Leopoldo Nóvoa con motivo del centenario de su nacimiento. "En Armenteira descubrirá o valor das cinzas, que convertirá no vehículo de expresión das obras que realiza tras o incendio do seu taller en París en 1979", sigue contando Sarmiento. «Nóvoa trata de transmitir a través destas obras a súa visión sobre un mundo desesperanzado, onde a destrución, a guerra, o sufrimento e a morte nos acompañan a diario. A base é a cinza".

Javi ARMENTEIRA (MEIS): reportaxe na casa e no estudio de Leopoldo Novoa. Coa sua viuva Susana Carlson ***PARA A REVISTA //Ramon e eu iremos no seu coche para que non tenades que agardar por nos - A direccion exacta conocea Ramon: esta preto do mosteiro

Precisamente en la exposición del Museo de Pontevedra se puede leer una frase en la que Nóvoa habla de las cenizas y Armenteira. "Na cheminea da Armenteira, cando me levantaba pola mañá e removía as cinzas, atopaba nelas unha mensaxe. Eu vía só a parte estética: a beleza dos grises, os negros, as partes volátiles brancas, pequenísimas brasas vermellas… e recollía esas cinzas en bolsas sen saber nin como nin por que o facía… Chegou un momento, cando as estendín sobre a tea, no que me decatei de que había un material para expresar o que eu estaba a sentir fronte ao mundo exterior: angustia xeneralizada ante a existencia que nos salpica a todos".

"Leopoldo quire un lugar de trabajo en Galicia. En Armenteira culmina este deseo"

Para Sarmiento, la luz y el paisaje de Armenteira unían, de alguna manera, al artista con las cenizas "nunha perfecta simbiose". "Non é posible entender a producción máis complexa de Nóvoa sen ter en conta Armenteira", concluye.

VERANO. Desde el fallecimiento del artista (del que este domingo, 23 de febrero, se cumplen precisamente ocho años), Susana Carlson pasa solo los tres meses de verano en Armenteira. "Esta es ahora mi casa. Los primeros años, después de la muerte de Leopoldo, vine también en invierno, pero es una casa muy difícil de calentar. Dejé de venir por eso. Pero ahora estoy pensando en regresar también cuando haga frío".

Este año ha hecho una excepción para acudir a la inauguración de la exposición del Museo, el pasado mes de enero. "La primera noche, me pareció que había muchísima gente, muchísima obra, muchísimo todo... Pero después volví sola con unos amigos, cuando no había nadie. Y ahí entré de verdad en la exposición. Hoy volví a ir, de nuevo sola, y me costó dejarla y marcharme. Sabía que no la vería más. Vuelvo a París. Y aunque trataré de regresar antes de que se cierre, quizás no pueda. Por eso me costó dejarla. Me sentía muy arropada allí. No quería irme". De alguna manera, él está allí. "Está".

"La construcción fue una aventura. Lo aprovechábamos absolutamente todo"

Carlson mantiene la casa de Armenteira tal cual estaba cuando falleció Leopoldo Nóvoa, incluido el taller del artista, que se ocupa de mantener el que era su ayudante, Samuel. Ella es la que abre el portalón de la entrada, que construyó el propio Nóvoa, y la que invita a pasar adentro. Desde esa misma puerta, el dueño de la casa está presente. Si el arquitecto Mies van der Rohe decía que "Dios está en los detalles", en Armenteira el que está en los detalles es Nóvoa: en los tiradores de los muebles, la mesa, los pasamanos, la chimenea...

"Los detalles son lo que ornamentan, aquello que, en continuidad con la arquitectura y el espacio, introduce, voy a decirlo en plan cursi, un halo poético. De tal manera que un pomo deja de ser un pomo para convertirse en una pequeña escultura. Todo esto transmite vitalidad, dedicación... Aunque se mire la casa de modo distraído, todas estas cosas se perciben más o menos conscientemente", explica el arquitecto Celestino García Braña. Amigo personal de Leopoldo Nóvoa, a él le encargó la casa de Armenteira.

"Armenteira enlaza con una preocupación que Leopoldo tenía a partir de finales de los años 70: encontrar un lugar de trabajo en Galicia. Había venido aquí regularmente desde el año 75 y cada vez estaba más presente la necesidad de alternar su vida en París con estancias largas en Galicia. Quiere un espacio propio aquí. Armenteira significa la culminación de ese deseo"

RAMÓN DE VALENZUELA. Finalmente, Nóvoa compra un terreno en Armenteira donde hay unas ruinas de una casa y unas cuadras y llama a Celestino García Braña para construir ahí su residencia y su taller. "Yo conocí a Leopoldo en una casa que les había hecho en Portonovo a los escritores Ramón de Valenzuela y Mariví Villaverde a mediados de los años 70. Allí le conocí".

"Aquí es donde creo que se encuentra realmente a sí mismo"

Cuando adquirió el terreno en Meis, Nóvoa llevó a García Braña a conocerlo. A los dos les gustó. "Era un sitio estupendo entre un pequeño núcleo de viviendas, no aislado completamente, y con unas vistas fantásticas al fondo de la ría de Arousa. Aquellas ruinas de una minúscula casita y una cuadra servían muy bien de punto de partida para lo que él necesitaba".

Los dos amigos comenzaron a darle vueltas al proyecto. "Le hice unos primeros dibujos que no le gustaron nada. Básicamente porque yo planteaba aquello como un lugar de esparcimiento, de vacaciones. Y él no quería eso: quería una casa y un taller". El arquitecto recuerda que siguieron discutiendo mientras se realizaba la obra. "Discutimos mucho y acaloradamente. Hasta donde tenían que llegar las alturas, si el tejado quebraba aquí o allá... Recuerdo que con la obra ya avanzada le preguntamos al constructor qué pensaba de cómo iba quedando todo. Y nos contestó: Vostedes traballan moito coa estética. Nos reímos mucho con su apreciación y la seguimos recordando mucho tiempo después".

García Braña dice también que esta fue una obra que se hizo con muy pocos medios. "Empezamos con él diciéndome que tenía 500 pesetas y que algo iríamos sacando por el camino. Lo comento porque esto explica también por qué los materiales fueron los que fueron: hormigón, materiales de desecho, etc. Por ejemplo, todo el pavimento de la casa es de azulejos cerámicos que le regaló su amigo Epifanio Campos. ¡Son para tirar! Os lo regalo, nos dijo. Hoy el aspecto que tienen es completamente diferente. Es lo que tiene la arquitectura: si es buena, con el tiempo gana. Así fue: una aventura. Lo aprovechábamos absolutamente todo. Eso es bueno. La arquitectura, y yo diría que el arte en general, necesita contención, rigor y desprenderse de superficialidades para calar hondo".

"Destacaría de él su entrega al arte y al mundo. Su obra no tiene tiempo. Es un clásico"

Para Susana Carlson, Armenteira es clave en la obra de Leopoldo Nóvoa. Del conjunto de su carrera, que comienza en los años 40 en Uruguay y se prolonga hasta la primera década de 2000 en Francia y Galicia, ella se queda con esta etapa final. "Es la que más me gusta. Nunca hablé con él de este tema, pero creo que es cuando se encuentra realmente a sí mismo. No sé si fue a raíz del incendio o a raíz de su trabajo con la materia o a raíz de lo que estaba pasando en el mundo sobre lo que trata de reflexionar en su trabajo, no sé... Pero creo sinceramente que es en Armenteira donde se transforma en un artista completo. Su obra es sumamente madura. Y me atrevo incluso a decir que es la época que a él también más le gustaba".

El incendio del que habla Carlson fue el que destruyó en 1979 el estudio de Nóvoa en París. Perdió más de 2.000 obras y se vio obligado a empezar de cero. "Marca un punto y aparte en su vida y en su obra. Tenía 60 años y lo pierde todo. De repente, se encuentra sin obra, sin casa, sin ropa, sin nada. Se da cuenta de que tiene que comenzar a hacer su obra de nuevo. Y comienzan a cambiar muchas cosas. A los cuatro años compramos estas ruinas, que luego se transformaron en nuestra casa. Y se mete totalmente en su trabajo", señala Carlson.

"Como recuerda Celestino [García Braña] en el vídeo que se puede ver en la exposición del Museo, lo que él hacía era pintar. Todo lo demás no contaba en su vida. Él era su arte. Hasta el incendio era un hombre muy sociable. Teníamos muchísimos amigos en París, teníamos constantemente gente en casa, salíamos... Pero a partir del incendio se acabaron todas las historias. Se centra únicamente en su trabajo. Vivía para la obra. Llegábamos de París, descargábamos el coche, quedaban todas las cosas por aquí, yo liada con las maletas, y él ya estaba trabajando con el asistente en el taller".

Armenteira se convierte en el refugio del artista. "Yo creo que en un momento dado, Leopoldo tuvo la necesidad de volver a Galicia. Durante mucho tiempo se había negado a volver a España. Hasta que murió Franco, veníamos a Galicia, pero siempre con cierto temor: no sabía qué había pasado con los amigos, quiénes estaban y quiénes no. Permanecíamos encerrados. A partir de los años 80 ya empezamos a venir más y a abrirnos. En ese momento él se sintió muy cómodo. Y todo se redujo a París-Galicia, Galicia-París".

Cien años después de su nacimiento y ocho después de su muerte, la huella de Leopoldo Nóvoa en el mundo del arte se ha hecho más profunda. "Yo destacaría su fuerza de voluntad, su entrega a la obra, al arte, al mundo... Todo lo que sucedía le afectaba mucho, le estresaba. Se ve en su obra, que sigue siendo de una gran actualidad. Ese es su valor. La obra de Leopoldo no tiene tiempo. Es un clásico", dice Susana Carlson. "Leopoldo es un clásico". García Braña coincide. "Leopoldo Nóvoa es alguien que un buen día decide allá en América que tiene que ser pintor. Y a partir de ese momento él es pintor y nada más. Cumple su destino".

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