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Fernando Franjo: "La gente tiene una idea rancia de los cafés"

Fernando Franjo, en Santiago. PEPE FERRÍN
Fernando Franjo, en Santiago. PEPE FERRÍN

Autor de '50 cafés históricos', este periodista monfortino busca revalorizar el papel de locales como el Café Moderno

Fernando franjo llevaba 25 años trabajando en El Correo Gallego cuando, paralelamente, modelaba un proyecto algo ambicioso: popularizar rutas por cafés con solera, con mayúscula. Así publicó 50 cafés históricos, y eso que dejó muchos fuera. Desde el Café D'Lucía, en Compostela, su voz suena ilusionada con su otro proyecto: unas jornadas sobre el universo del café a celebrar en Santiago los días 3, 4 y 5 de mayo.

Era bastante predecible que estuviera en un café...

Sí, paso mucho tiempo en cafés, aunque no soy muy fanático del producto. Me gusta más el continente que el contenido.

Pues es curioso, porque para escribir el libro imagino que pasó bastante tiempo en ellos.

Bastante, porque el trabajo de campo del libro en sí requirió muchas visitas. ¡Y eso que quedaron muchos más!, como clubes de jazz, culturales..., pero tuve que dejarlos fuera por el espacio.

Y de todos estos, ¿cuál fue el café más caro que ha tomado?

Fuera de España, los hubo bastante caros. Pero para mí, el café no cuesta; el café vale. Vale el producto, el entorno en el que estás, el servicio. Si vamos a lo pecuniario, unos 9 euros en Italia. Claro, fue en plena plaza de San Marcos en Venecia, así que lo valía.

¿Cómo se hace un viaje por cafés?

Viajo en clave de café. Normalmente, al hacer turismo la gente pregunta por los monumentos, yo pregunto por cafés. Por ejemplo, cuando vas a Lugo te llevaría al Café del Centro, el más antiguo de Galicia, o a Madarro. Así creé un archivo personal; no me ha dado mal resultado.

¿Y en qué momento ese archivo se convierte en un libro?

Todo comenzó con un blog, La vuelta al mundo en 80 cafés, y un amigo me dijo que por qué no lo convertía en un libro. Con calma, porque por mi trabajo no podía dedicarle mucho tiempo, al final salió la publicación. A partir de ahí sale la idea de visibilizar la idea de Café, que yo siempre me refiero a ellos en mayúsculas porque distingo el café producto y el Café, como el establecimiento que queremos poner en valor y por ello haremos las jornadas.

¿Pero no cuentan ya estos establecimientos con cierto estatus?

Sí, lo tienen. Pero, a veces, para muchos ciudadanos, el concepto de café histórico suena rancio. Cuando hablo de visibilización hablo de una puesta en valor, abordando ese pasado y su historia, como el Café del Centro en el que se dieron debates de Ánxel Fole o fue escenario de cine. Estos fueron los impulsores de las tertulias y de movimientos sociales. Esto lo abordaremos en las jornadas.

"Para mí, el café no cuesta; el café vale. Vale por el producto, pero también por el entorno, por el servicio..."

De hecho, Trinidad Palacios tratará en esas jornadas el feminismo en cafés, ¿cómo es esto?

Es muy interesante, va a tratar la introducción paulatina de la mujer en los cafés y en la tertulia, un mundo prácticamente de hombres. También hablaremos de la evolución de la tertulia en la De la butaca, a la banqueta. Será un debate transversal, abarcamos desde la gastronomía al periodismo especializado, la especialidad en el servicio, y la ruta...

¿Y esa ruta, como tal, existe?

No, la ruta como tal no deja de ser un proyecto. Cuando ideé el libro, no dejaba de ser un viaje. Viajar en clave de café, que todavía no está asentado. En las jornadas, intentaremos dar a conocer esta ruta. De momento es un proyecto, pero la idea es que esta ruta de cafés europeos sea avalada como patrimonio cultural.

¿Cómo es que no se ha organizado una jornada así antes?

Promover este tema no es fácil. Mucha gente me preguntaba por este interés mío. Un buen día, decidí sacarlo a la calle. ¿Por qué no se celebró antes? Pues porque no hubo frikis que lo hicieran (risas). Es un tema novedoso, aunque ya existe alguna iniciativa empresarial que lo está publicitando.

Como apunte, ¿no es irónico que uno de los cafés históricos de Pontevedra se llame Café Moderno?

Sí, si que lo es, pero tiene su explicación. Se hacían llamar así porque solían ser cafés novedosos y de vanguardia, donde se reunían intelectuales como Castelao.

¿Qué deberían hacer los cafés para modernizarse?

Un café puede tener un mobiliario excepcional, pudo ser escenario de grandes tertulias. Pero si a día de hoy no aplica elementos para adaptarse, como introduciendo gastronomía o eventos culturales, conciertos, casi podemos darlo por muerto. Tienen que adaptarse y aportar un sello a su ciudad.

Un dato que me pareció curioso es que la confitería Madarro es proveedor de la Casa Real...

Sí, fue Alfonso XIII quien le concedió este título. También tuvo importancia durante la guerra, porque el tránsito de los soldados llenaba el local de abastecimiento. En mi libro hay cuatro confiterías, una de ellas es Madarro. No creo en la nomenclatura de café, pero hay confiterías que son historia pura y Madarro lo es.

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