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Jacobo Bergareche: "El amor romántico no ha dejado de existir, lo que está en crisis es el matrimonio"

Jacobo Bergareche. BELÉN GARCÍA-MENDOZA
Jacobo Bergareche. BELÉN GARCÍA-MENDOZA
El escritor, productor y guionista Jacobo Bergareche presentará su nuevo libro, 'Los días perfectos', el próximo lunes en la librería Cronopios de Pontevedra

Querida Camila. Querida Paula. Querida Meta. Los días perfectos (Libros del Asteroide, 2021), de Jacobo Bergareche (Londres, 1976), es una gran carta de amor. El autor, que compagina su actividad literaria (Playas, Coma), con su actividad como productor y guionista de series (Los 33 de Atacama, Karabudjan), publicó hace dos años el ensayo autobiográfico Estaciones de regreso (Círculo de Tiza, 2019), un texto "raro", marcado por el duelo tras el asesinato de su hermano Roque en Angola, que conecta directamente con este nuevo título. Bergareche estará en la librería Cronopios de Pontevedra el lunes 29 de noviembre.

Los días perfectos se ha convertido en uno de los libros del año: quinta edición y más de 10.000 ejemplares vendidos en España. ¿Se le pasaba por la cabeza que conectaría con tanta gente?
Para nada. A mí me bastaba con encontrar a alguien que me publicara el libro.

Esta historia nace mientras usted estaba investigando en el Harry Ransom Center, de Austin (Texas, Estados Unidos).
Eso es. Yo volvía a Austin después de haber vivido allí con mi familia, con mi mujer y mis hijas, durante cuatro años. Porque acabé vinculado al Harry Ransom Center, que es un archivo de archivos. Al ser uno de sus consejeros tenía que volver allí cada año y me quedaba durante una semana abriendo cajas. Para cualquiera que sienta cierto amor por la literatura, tener la oportunidad de fisgar en los papeles de Faulkner o Joyce es muy gratificante. Aunque a veces uno simplemente satisfaga una especie de ansia cotilla. En octubre de 2019 me topé con estas cartas [entre William Faulkner y su amante Meta Carpenter], de las que no tenía ni idea. No están publicadas. No se conocen. Me quedé encerrado el día entero con ellas. Me golpearon bastante. Fue una sacudida ver esos amoríos y seguir su evolución durante 30 años. Sabía que allí había una historia. Al principio pensé en escribir algo más académico, pero después cambié de opinión. A Faulkner no le hubiese gustado que saliesen estas cartas. Él, de hecho, destruyó las que le envío Meta Carpenter. Lo único que podía redimirme de esta violación de su intimidad era hacer una ficción.

Reconoce que hay algo indecente en esto de husmear la correspondencia privada de dos amantes.
Y tanto que sí. De hecho, leer la correspondencia de alguien vivo es un delito. Es una cosa feísima. Nunca he dejado de pensar eso mientras leía las cartas.

Si a alguien se le dice que en esta novela son importantes Faulkner y Platón puede hacerse una idea equivocada. Lo que usted ha escrito es... ¿una novela de amor?
He escrito una novela sobre las relaciones de pareja y la evolución del amor. Pero no es una novela culta, efectivamente. Sale Faulkner y, de repente, se cita a Platón. Pero también se habla de Rocío Jurado y los Rolling Stones. Hay un montón de referencias y, de fondo, está un tío pasándoselo bien con una mujer muy interesante que ha conocido en un sitio tan marciano como es Austin para un español.

¿Marciano?
Muy de cowboys.

¿Concluimos que sí, que el amor mueve el mundo? ¿O no?
Siempre lo ha movido. O por lo menos es uno de los sentimientos que lo mueven.

¿Aunque la idea del amor romántico haya ido evolucionando con el tiempo y hoy se cuestione?
El amor romántico no ha dejado de existir. Lo que está en crisis es el matrimonio como institución, el matrimonio para toda la vida. Ese es el problema que tiene Faulkner y el protagonista de la novela. La gente está atada, pero no puede evitar seguir encontrándose con otra gente y seguir enamorándose.

¿Cómo son sus días perfectos?
Pues muy sencillos: con comidas con amigos, con paseos por el campo...

Se parece entonces a su protagonista, que encuentra su momento perfecto cuando juega a la guerra con su hija antes de ir a dormir.
¡Por supuesto! Es que ese pasaje es autobiográfico. Pocas cosas me divierten tanto como ese momento antes de dormir con los niños, haciendo cosquillas, leyendo un libro o contando historias. La vida es poco más.

Ha escrito poesía, teatro, guión... ¿No encuentra su género?
A mí lo que me gusta es escribir. Solo eso. No me interesa tanto ceñirme a un género como contar historias y cada historia precisa de una manera de ser contada.

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