Juan Ramón Iborra: "Quiero limpiar de vaho el cristal de la memoria de un tiempo y un país"

Retrata en A propósito de Joan Manuel Serrat la historia de los últimos 80 años, una memoria agridulce que pone por escrito "antes de que la gente quiera olvidar".
Juan Ramón Iborra.
photo_camera Juan Ramón Iborra.

Dos minutos antes de la hora acordada para esta entrevista, el director del periódico me comenta que mi interlocutor "é unha das plumas máis brillantes do xornalismo, o mellor entrevistador do país. José Saramago presentou un dos seus libros. Este home entrevistou a quen lle deu a gana, incluso a Nelson Mandela". Me pone al borde del infarto y de la muerte literal por vergüenza. Solo le iba a preguntar por su libro sobre Joan Manuel Serrat. Yo, que hago las entrevistas sin cuestionario, que dejo correr la conversación hasta que me entero de algo. Como buen entrevistador, Juan Ramón Iborra sabe también conversar y me saca del apuro. 

Arranca con un "preferiría estar en tu lugar y hacer yo las preguntas". Me hace sentir acompañada en el nerviosismo, pero a él no se le nota tanto. Ha preguntado mucho a lo largo de su carrera periodística. Sus entrevistas más emblemáticas están recogidas en dos libros, Confesionario y Confesionario 2, pero otras muchas descansan en las hemerotecas, en ese papel de prensa que soporta la historia, la memoria que no perdona.

Tras un tiempo como subdirector de El Periódico, se asentó diez años en París, centrado en las entrevistas de fondo. "Fue mi década prodigiosa, la mejor que he tenido", afirma, y comenta que se fue de España "dando un portazo", obligado por la situación política y empresarial del sector.

Recuerda que una de las pocas veces que regresó en esos años fue para entrevistar a Joan Manuel Serrat. A lo largo de su carrera le ha hecho tres entrevistas y ansía una cuarta. Esas conversaciones son el eje de su último libro, A propósito de Joan Manuel Serrat

Juan Ramón Iborra va de frente desde el título. Siente una gran admiración por el cantautor catalán y un respeto infinito por su compromiso ético, "a prueba de insensatos y de nostalgias", pero reconoce que la vida y obra de Serrat le han servido de disculpa para "contar lo que a mí me interesaba de un tiempo y de un país, antes de que la gente quiera olvidar".

Una época y un lugar que han compartido. "Yo tengo diez años menos, soy el farolillo de cola de la generación de Serrat. Él nació en 1943, cuatro años después de terminar la guerra, y yo en 1954. Ambos vivimos la dictadura. Con este libro quiero limpiar de vaho el cristal de la memoria".

Por eso escribió un ensayo, "no una biografía, que se hace cuando ya has muerto o estás terminado. Serrat no ha acabado su ciclo, todavía nos va a sorprender".

No es una biografía. Eso se hace cuando ya has muerto y Serrat no ha acabado

Afirma que con el cantante comparte "años, ideas, interés por que este país cambie. Seguro que le adelanto en radicalidad, pero es un hombre muy comprometido". Y explica que este posicionamiento no es gratuito. Serrat procede de una familia de represaliados que con lecciones vitales "le ha ayudado a ser quien es". 

Iborra explica que "solo la familia materna de Serrat computa más de 30 muertes antes de la batalla del Ebro". Su madre, Ángeles Teresa, se marchó de Belchite (Aragón) a Barcelona tras perder en un mismo día a sus padres y hermanas. Se llevó a sus sobrinas y por el camino fue recogiendo niños para alejarlos de la barbarie del frente de guerra. "Se ponía triste cada vez que llegaba el aniversario de la muerte de sus padres. Serrat cuenta que cuando era pequeño le preguntó a su madre de dónde era y ella le respondió: de donde comen mis hijos".

El padre del cantautor, Josep Serrat, era anarquista. "Tuvo un caldo de cultivo de una familia que hubiera querido como mía", comenta Iborra. Y en este sentido también encuentra en su vida similitudes con las del cantante. "Yo no sé de dónde soy. Hijo de padre valenciano, de madre granadina. Cuando se dice que la patria es la infancia, yo pienso que mi patria está dividida, pero eso es bueno porque permite absorber saber de muchos sitios diferentes, combatir la ignorancia".

Compartimos el interés porque este país cambie, pero le adelanto en radicalidad

El compromiso social y político de Joan Manuel Serrat no tardó en reflejarse en su carrera musical. "No le gusta que le etiqueten dentro de la canción protesta. Dice que solo son canciones de amor, pero cómo interpretar la letra de Manuel, ese campesino que se suicida en el olivo del amo", apunta Iborra.

Exilio en México

Su tendencia política y su compromiso social llevó a Serrat al exilio en 1975, tras pronunciarse en contra de unos fusilamientos. Estaba de gira en México y allí se quedó un año. "Es algo más que cultura musical. En el libro explico qué pasó para que él haga esas declaraciones desde México. Explico cómo fueron aquellos fusilamientos, cómo sonaban esos disparos, recordando las palabras del redactor que los escuchó, que vio cómo se emborrachaban los soldados después".

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Juan Ramón Iborra explica que "no se trata de mirar al pasado, sino de entender que sin él no hay presente y que hay conocerlo para no repetir los mismos errores". Insiste en que han pasado muchos años desde el 36, pero "aquel instinto de cortar cabezas, de amenazar, pervive en la sangría verbal de los debates parlamentarios. Hoy los políticos hablan igual, se expresan en los mismos términos cuando Santiago Abascal habla de colgar a Pedro Sánchez de los pies".

Iborra tiene la esperanza, "tal vez hipótesis inútil, de que esto pueda caer en manos jóvenes. Me gustaría llegar a esa juventud que conoce la música a través de los triunfitos". Pero para que nadie se equivoque al dedicar su tiempo a este libro, el autor da más pistas. "El retrato de la portada ya explica por dónde van los tiros. Serrat aparece en una foto introspectiva, mirando hacia dentro y en un entorno árido, no con el azul del Mediterráneo de fondo".

Sin escuchar su música

Para escribir este ensayo, Iborra tuvo que hacer un ejercicio de evasión. "Me puse como condición no escuchar ninguna canción suya, por necesidades de tiempo, porque no podía permitirme emocionarme. Trabajé con sus dos cancioneros editados".

Le pregunto si tiene una canción preferida y parece que se va a atrever a contestar, pero no puede. "Algo personal me gusta porque tiene muy mala leche, habla de destrozar a los desalmados que nos rodean, pero me emociona mucho Cançó de bressol (Canción de cuna). Me quedo con El pueblo blanco antes que Mediterráneo, y de su primera época, Los vendimiadores".

Es evidente que atesora todos los discos de Serrat. "Tiene voz de cabra, pero lo que importa es cómo canta. En De cartón piedra te enternece al hablar de su enamoramiento por un maniquí de escaparate, hasta que rompe el cristal para llevárselo y lo meten en el trullo. Es una emoción minimalista".

Iborra bromea con el hecho de que Serrat podría haber inventado la moda de ligar con una guitarra. "Los que tocábamos sus canciones en los guateques vimos que era verdad. Él conseguía ese acercamiento que mi timidez no podía provocar. En vez de Pink Floyd, yo tocaba a Serrat y funcionaba. De repente, la chica cambiaba la mirada y se enteraba de que existías", recuerda entre risas.

Y es que su interés por Serrat comenzó de muy joven. "Estaba estudiando bachillerato y me gustaba mucho la música. Andaba con una guitarra que me regaló mi padre. En Andalucía había un grupo parecido a la Nova Cançó catalana, Manifiesto Canción del Sur. En una tienda encontré un disco con cuatro canciones de Serrat. Preguntando llegué a otros discos en catalán y le pedía a una tía abuela que tenía emigrada en Barcelona que me los trajera cuando venía de vacaciones".

Pronto tuvo la oportunidad de escuchar en directo a su ídolo. "El primer concierto fue en Málaga", pero su primer contacto personal fue en Valencia. "El mánager de Serrat era amigo de mi padre y fui a verlo de su parte, para que le firmase un autógrafo a mi hermana".

Es difícil saber quién disfrutó más de ese autógrafo, pero tras ese vinieron otros muchos encuentros, que tomaron carácter profesional en 1976, cuando Serrat regresa de México y Juan Ramón Iborra, ya dedicado al periodismo, lo entrevista en varias ocasiones.

En medio siglo, ha acumulado "montañas de documentación" y un conocimiento minucioso de la vida y obra del llamado noi de Poble Sec, que el próximo 27 de diciembre cumplirá 80 años.

Tras una vida larga, Serrat afirma que "se lleva bien consigo mismo", algo que no todo el mundo puede decir. Iborra cree que "trata de dar una imagen positiva, de hacer ver que se siente bien por haber triunfado en lo que quería. Tuvo buen olfato, sabía que podía llegar a la gente y se arriesgó".

Iborra también lo hizo al intentar plasmar sobre el papel información, opinión y sentimientos, algo que un periodista experimentado como él sabe que no se debe hacer. "En el ejercicio del periodismo he visto de todo, pero todavía hay cosas que me afectan muchísimo. No he perdido la virginidad".

He investigado sobre Lorca y tengo un testigo que sabe lo que pasó la noche que lo mataron

Como escritor, tiene una espina clavada: "He pasado diez años investigando el asesinato de Lorca y seis escribiendo sobre ello, pero es un tema que a los editores no les interesa publicar. Tengo las declaraciones de un testigo que cuenta lo que pasó aquella noche. Una persona que mi abuelo conocía y cuyas palabras mi padre apuntó en cuatro cuartillas. No hubo esa parafernalia del pelotón de fusilamiento, fue de otro modo. Y no está allí enterrado, su familia se lo llevó en los 50, al volver del exilio en Nueva York. Ese testigo pidió que no se contase hasta que él hubiese muerto y lo he cumplido".

Juan Ramón Iborra dice que el ciclo de Serrat todavía no está cerrado. El suyo, tampoco.

"Joan Manuel Serrat se merece tener un premio Cervantes"

Serrat
Joan Manuel Serrat.

Juan Ramón Iborra se ha propuesto convertir la promoción de su libro en una campaña de reivindicación de una distinción para Joan Manuel Serrat. "¿Qué nos falta por darle? Si no nos ponemos estupendos, podría tener un premio Cervantes. Bob Dylan ha llegado al Nobel más tarde que pronto y Serrat cumple este mes los 80 años. Es un buen momento para reconocer su trabajo".

El periodista incide en que "sus textos son buena poesía, aunque él diga lo contrario", y pone como ejemplo "los temas de  (pronunciación de Maó, Mahón en catalán), que pueden leerse como poemas".

Cree que "Serrat se merece tener un premio Cervantes y hasta ahora las distinciones le han llegado tarde. Hace años que tiene un honoris causa en Puerto Rico, pero la Universidad de Barcelona solo se lo ha dado tras dejar de cantar".

Iborra recuerda también la contribución del cantautor catalán a la promoción de la literatura, al musicar poemas de autores como Antonio Machado o Miguel Hernández. "Ha hecho una cosa más que notable, que es musicar a Machado en un momento importante. Y lo que hizo con Miguel Hernández es lo mejor que se ha hecho en poemas pasados a canciones".

"Ha dicho que no volverá a cantar. Se ha bajado de los escenarios, pero no creo que haya acabado su ciclo. En algo está y todavía nos puede sorprender", asegura Iborra.

Un libro con condiciones
Edición bilingüe
► Juan Ramón Iborra cuenta que cuando le propusieron escribir un libro sobre Serrat puso como condición que se editase al mismo tiempo en castellano y en catalán, y así se hizo.

Tras el adiós
► La segunda condición fue que el contenido fuese pactado con el artista.
► Iborra explica que Serrat le pidió que no publicase su obra hasta que terminase la gira de despedida.
► El pasado verano, Serrat e Iborra se reunieron en dos ocasiones para concretar detalles y el libro llegó a las librerías el 27 de septiembre.

Segunda parte
► Juan Ramón Iborra no descarta hacer una segunda parte de este libro, para lo que le gustaría entrevistar por cuarta vez a Joan Manuel Serrat.

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