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Julián Maeso frente a la isla de Ons

Julián Maeso tocando su órgano Hammond con vistas, enfrente, a la playa de A Barrosa y, a la derecha, a la isla de Ons. RAFA FARIÑA
Julián Maeso tocando su órgano Hammond con vistas, enfrente, a la playa de A Barrosa y, a la derecha, a la isla de Ons. RAFA FARIÑA
Multiinstrumentista, músico curtido en la escena rock nacional que ha militado desde en The Sunday Drivers a grupos como M Clan, que ha desarrollado proyectos en solitario cercanos al folk o al jazz y ha montado superbandas como Combo Paradiso, Julián Maeso ha decidido establecerse este invierno en San Vicente do Mar

La última casa del Paseo de Pedras Negras en San Vicente do Mar (O Grove) tiene un salón con una chimenea rodeado de ventanales con vistas a la playa de A Barrosa por un lado y a Ons por el otro. "Siempre ha ejercido una especie de atracción sobre mí esta isla. Tiene algo enigmático". Frente a una de esas vidrieras, Julián Maeso (Toledo, 1976) ha instalado su órgano Hammond.

"A San Vicente vine a tocar por primera vez hace diez años. Al Náutico, al bar. En invierno", recuerda. "Aquello fue algo mágico. Conocí a Miguel [de la Cierva], que fue todo un descubrimiento, y me encantó el sitio. Vine como dos o tres veces más y luego tardé una temporada en volver. Hasta estos últimos años, en los que prácticamente he estado todos los veranos. Y este último lo he pasado aquí entero".

Multiinstrumentista autodidacta que ha militado en bandas como The Sunday Drivers o M Clan y que ha desarrollado diferentes proyectos propios acercándose al jazz, al blues, al folk o al pop, el toledano se encontró tan a gusto en O Grove, que decidió ampliar su estancia y pasar aquí todo el invierno. "Supongo que la pandemia nos ha llevado a todos a plantearnos qué hacemos con nuestra vida. Yo necesitaba una vía de escape y un espacio para reencontrarme conmigo mismo, para ver cómo me reenfocaba tanto a nivel profesional como personal".

Dice que ha encontrado lo que buscaba, aunque ha echado de menos poder pasar más tiempo en la casa que ha alquilado. "Me hubiese gustado pasar menos tiempo en la carretera. Me enamoré del lugar, pero no tuve en cuenta que desde Galicia las distancias cambian. La semana pasada, tocar en Córdoba, Jaén, Sevilla y Cádiz supuso una paliza importante. Desde Toledo es muy diferente: estás a siete horas máximo de cualquier parte». Y vivir en San Vicente en verano es muy diferente a hacerlo en invierno. "Pero yo prefiero esto en invierno. Sin duda. Cuando decidí quedarme aquí lo que buscaba era soledad y encontrarme conmigo mismo. Quería levantarme todos los días y ver este paisaje. Y quería moverme desde aquí por toda Galicia para ver qué me ofrecía".

El músico está embarcado en la búsqueda de un espacio para un museo interactivo que albergue su colección de instrumentos

Afectos. Tejer una red de afectos en distintos espacios (ha vivido en Toledo, en Sevilla, en Valencia y en Madrid, entre otros lugares) es algo fundamental para Maeso, que incluso ha hecho pivotar su carrera musical sobre esta cuestión. De hecho, uno de sus proyectos actuales es con músicos gallegos como Ton Risco y Pablo Añón. "La música no es solo llegar y tocar. Al menos para mí", dice.

"En mi caso ha sido fundamental viajar, salir de mi zona de confort y conocer gente diferente", explica. "Si yo hoy dependiese de la industria musical, lo dejaría. Porque está exclusivamente dedicada a vender. ¿Funciona el reggaeton? Pues nos vamos todos a hacer reggaeton. Sin embargo, a mí, después de 25 años, lo que interesa es a dónde he ido a tocar y me han tratado bien, en qué sitios he estado y se ha generado algo hermoso, que son poquísimos".

Cuenta que ahora mismo a él no le preocupa lo que se puede entender como "éxito". "En este momento no espero petarlo, por usar una palabra que todo el mundo entiende. Ni aspiro a hacer el gran disco supremo del rock and roll. Quizás porque ya tengo una edad, confieso que no necesito pelearme por vender discos o por intentar encajar en el mainstream. Prefiero estar al margen. La música hoy para mí es otra cosa. Trabajo para dar un concierto en el que durante una hora y media se genere un ambiente que abra puertas a la imaginación. Y que la gente que esté allí se olvide de los problemas que todos arrastramos. Es casi una labor terapéutica. En esa manera de afrontar la música estoy feliz".

Fuera de los escenarios, Julián Maeso tiene ahora mismo un gran proyecto que quiere sacar adelante: un museo interactivo de la música. A lo largo de su vida ha reunido una importante colección de instrumentos. "Me regalaron mi primer Hammond cuando tenía 13 años. Me gustaba tanto el instrumento que empecé a coleccionar órganos de todo tipo. Hasta que llegó un momento en el que pensé que qué sentido tenía todo aquello si no lo compartía con los demás. Empecé a visualizar el proyecto de un museo interactivo de la música, en el que se pudiese conocer la evolución de los instrumentos de tecla desde 1800 hasta la actualidad".

Le falta el espacio que lo acoja. Detrás estaría una fundación para la que lo tiene todo listo. "Pero me falta el espacio, que es importantísimo. He tenido la suerte de que el Museo Victorio Macho de Toledo me cediese un espacio un par de meses. Pero necesitaba encontrar un lugar definitivo. Son tres tráilers de siete metros". En esa búsqueda está embarcado. "Es la gran ilusión de mi vida ahora mismo porque, al igual que los directos, creo que es un proyecto que puede generar y recibir amor. Y en estos tiempos convulsos eso es algo que no se puede pagar".

Julián Maeso frente a la isla de Ons
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