''Lo nuestro es la música de resistencia''

Con ellos empezó todo, o casi todo. Milladoiro, el grupo que abanderó el resurgir de la música gallega hasta convertirla en un fenómeno internacional, celebra tres décadas de discos y conciertos, fiel a su militancia cultural y convencido de que, por encima de modas, la suya es "una música de resistencia".

Milladoiro se fundó en 1978 cuando convergieron en un misma formación las inquietudes de Xosé V. Ferreirós, Ramón García Rei y Fernando Casal, tres músicos que seguían pueblo a pueblo el legado de los viejos gaiteiros, con las de dos estudiosos del patrimonio musical medieval gallego, Rodrigo Romaní y Antón Seoane.

La música universitaria de cámara les aportó su sexto miembro, Xosé A. Méndez, y la emigración les retornó a la violinista que completó el grupo en sus primeros años, Laura Quintillán.

Dos de sus fundadores, el gaitero Xosé Ferreirós y el percusionista Ramón García Rei, han hablado con Efe sobre el balance de estas tres décadas durante la gira de celebración de los 30 años de "A Galicia de Maeloc", su primer disco, que esta semana les ha llevado a Santander y Avilés (Asturias) y que continuará en Ourense.

Milladoiro lleva 24 discos en su carrera, ha recibido premios dentro y fuera de Galicia, ha ganado un Goya (por la banda sonora de "La mitad del cielo", de Manuel Gutiérrez Aragón) e incluso ha colocado un disco de música tradicional gallega en las listas de éxitos de Estados Unidos ("Castellum honesti", de 1989).

Sin embargo, asegura García Rei, de lo que verdaderamente se siente orgulloso el grupo es de haber contribuido a conservar un patrimonio musical que hace tres décadas corría peligro de perderse y de haber ayudado, con el concurso de otros artistas, escritores y pensadores, a difundir la cultura gallega como algo "diferente".

"Hemos aportado algo más para que la gente se fijara en el hecho diferencial de Galicia como una cultura ni mejor ni peor, pero diferente, en un contexto que forma parte de eso que llamamos España", argumenta el percusionista de Milladoiro.

Y añade que su mayor reconocimiento es que sienten que el público les percibe como "un grupo patrimonial".

Milladoiro es además uno de los pocos —si no el único— superviviente de la primera oleada de grupos folk de Galicia, cuya estela han agrandado después bandas e intérpretes como Luar na Lubre, Berrogüetto, Carlos Núñez y Susana Seivane.

Para Xosé Ferreirós, el secreto de su continuidad reside en que Milladoiro siempre ha tenido claro que lo suyo era hacer música tradicional gallega, aunque haya tocado alguna vez temas irlandeses o grabado varios de sus discos en Dublín.

"En Galicia, y pienso que en el resto del Estado también pasó, mucha gente se apuntó a esto del folk porque estaba de moda, no porque creyesen en lo que estaban haciendo ni porque trabajasen realmente en sus músicas de raíz, que es lo que tenían que hacer. Y en el momento que eso desapareció, algunos grupos se vinieron abajo", argumenta.

Porque con el folk, le apunta García Rei, uno no se hace "una popstar ni una estella del rock'n'roll", por mucho que el género haya estado varias veces en la cresta de la ola con el "boom" celta.

Ferreirós matiza que no está mal aprovecharse de esas modas —y el grupo reconoce que la etiqueta "celta" le abrió las puertas de algunos festivales en sus comienzos y le ayudó a darse a conocer fuera-, siempre que uno tenga claro que todo "boom" acaba pasando.

"Es una realidad fugaz, momentánea, porque ésta es una música de resistencia y si tú no crees eso, y simplemente buscas un éxito rápido, vas por el mal camino", advierte el gaitero.
Su compañero subraya que la "razón de la existencia" de Milladoiro sigue siendo la música tradicional gallega y que en eso todos sus componentes se sienten "militantes".

Por eso, añade Xosé Ferreirós, el grupo tampoco ha sido nunca "amigo de experimentos ni de mezclas".

"Nosotros estamos por la diferenciación en un mundo que está más por la globalización. Creemos que este mundo tiene razón de ser buscando y recreándonos en la diferenciación, porque en el momento en el que todos comamos lo mismo, consumamos lo mismo y vistamos igual, la coña del existir no tendrá sentido", sentencia.

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