Telmo Irureta: "Estoy a favor de la prostitución si es libre, aunque no siempre tengo sexo pagando"

El intérprete vasco acaba de ganar el Goya por su papel en La consagración de la primavera. Su arrollador sentido del humor y sus ganas de comerse el mundo le han valido para hacer de su parálisis cerebral tan solo una circunstancia más
Telmo Irureta. EFE
photo_camera Telmo Irureta. EFE

Telmo Irureta (Zumaia, 1989) asombra por su sentido del humor y por la ilusión de la que se sirve para tejer una vida donde no mandan las circunstancias, sino la actitud ante ellas. Un ejemplo de superación que llega a O Vello Cárcere con la obra Sexpiertos.

Premio Goya a mejor actor revelación por La consagración de la primavera. ¿Cómo se sintió construyendo esta película?
Muy bien, aunque el final me dio un poco de pena, porque es triste como la vida misma. No obstante, pienso que mi personaje estaba preparado para vivir algo así.

¿Se siente muy identificado con su personaje?
Sí, bastante. Nos parecemos mucho. Cuando leí el guion dije: "¡Uy, si soy yo!". Hace poco le preguntaron al director: "¿El personaje estaba escrito para Telmo?" Y dijo: "No, no; Telmo está escrito para el personaje". (Risas). Se ha hecho viral su frase en los Goya: "Nosotros también existimos y también follamos". Al ver la película, sin embargo, da la sensación de que se habla más de afectividad que de sexo. Un poco de todo. Se habla de la asistencia sexual, pero se ve que los personajes tienen una bonita relación, que hay sentimientos.

¿En su vida personal también encuentra más dificultad para trazar relaciones afectivas que para tener sexo?
Tener amigos es fácil, pero el tema del amor es más complicado, porque parece que estar con una persona con discapacidad te convierte automáticamente en su cuidador, y no es así: yo ya tengo mi asistente. La gente tiene miedo a lo desconocido. Piensa: "¿Dónde me estoy metiendo? ¡Me voy!".

¿De dónde viene su discapacidad?
De una encefalitis que tuve a los dos años que me provocó una parálisis cerebral. Hubo un Telmo no discapacitado, pero no me acuerdo de él. Llevo 32 años siendo minus, imagínate. A pesar de ello, asegura que tuvo una infancia y una adolescencia "normales". Sí, sí. (Pausa). Iba a decir como la de cualquiera, pero la verdad es que como la de cualquiera no creo que fuera. (Risas). Pero tenía amigos, lo pasaba bien. Mi familia me quería mucho... ¡Y me sigue queriendo! (Risas). Siempre me preguntan si he sufrido bullying, pero la verdad es que no.

¿Por qué estudió Magisterio?
¡Eso fue curioso! No sabía qué estudiar y me gustaba mucho el inglés, pero como no había Filología Inglesa en San Sebastián, pues me metí en Magisterio de inglés. Me encanta cuando me preguntan: "¿Te gustan los niños?" Y yo: "No, me gusta el inglés". (Risas).

¿Alguna vez ha ejercido?
Sí, pero muy poco tiempo. Me di cuenta de que no tengo paciencia para dar clase a unos niños que no tienen ganas de aprender. Hay profesores que sienten pánico al enfrentarse a los alumnos porque temen ser objeto de burlas.

¿A usted no le asustaba?
¡Qué va! Son majetes. Es verdad que te ven la mano torcida o el pie deformado y te preguntan por ello, pero lo hacen desde la curiosidad, como algo natural.

¿Cómo salta del aula al teatro?
Pues me dije que tenía que hacer algo que me gustase y me apunté a la escuela de teatro. Ahí encontré mi sitio.

¿Tampoco sintió pánico escénico?
¡Qué va! Siempre he sido muy lanzado. Es cierto que, antes de cada actuación, siempre me siento un poquito nervioso, pero está guay.

Esos nervios son la magia de la vida, ¿no?
Efectivamente, eso es.

¿Cómo llega a Sexpiertos, la obra que trae este jueves a Lugo?
Venía de representar Striptease con Mireia Gabilondo, que es la directora de Sexpiertos. Fue un trabajo muy íntimo, muy bonito, y Mireia estaba tan contenta que dijo: "¡Vamos a inventar otra cosa!" Y salió Sexpiertos.

Es una obra que también habla de la sexualidad de las personas discapacitadas, un tema con el que está muy comprometido.
Sí, sí. Hay que defender el derecho al sexo de las personas discapacitadas. ¡A tope con esa idea!

Sin embargo, ha recibido muchas críticas porque, en una entrevista,  defendió la prostitución. ¿Sigue firme en su postura?
Antes que nada, para que no se entienda mal, tengo que decir que no estoy a favor de la explotación sexual, que esa es una cosa muy chunga. Pero si son dos adultos que pueden decidir libremente, sin ser engañados u obligados, estoy a favor. Creo que se han puesto un poco histéricas.

Le han acusado de violencia contra la mujer, pero usted nunca dijo que hablara de mujeres.
Eso es. ¡Si soy marica! (Risas). Es un tema delicado, pero no me puedo callar. La asistencia sexual está bien, porque te puede enseñar a encontrar el placer o a masturbarte por ti mismo, pero el tema de la prostitución, si es totalmente libre, ¿a quién le importa?

¿Y qué diferencia hay entre un asistente sexual y una persona dedicada a la prostitución?
¡Esa es la pregunta del siglo! La verdad que asistentes sexuales no he conocido, así que sé lo que me han contado. Al parecer, los asistentes quedan contigo para conocerte, para establecer un vínculo, tomar un café... Y luego de ahí, decidís cómo trabajar el tema de la intimidad. Pero, claro, a mí, si solo quiero follar, igual ese café no me viene bien.

Entonces ¿la figura del asistente sexual ayuda a personas a las que sí les puede resultar violenta la prostitución?
Puede ser. Yo creo que no hay que tener miedo. También debo decir que nosotros no siempre tenemos sexo pagando: hay personas muy abiertas de mente, a las que no les importa que estés en silla de ruedas o que incluso les da curiosidad y te dicen: "¡Ey, es que nunca he estado con un chico en silla de ruedas!" Y yo les digo: "Pues, venga, vamos a intentarlo!" (Risas).

¿Qué es lo más difícil de su discapacidad?
Tener que explicar tantas veces lo mismo para que te entiendan, para que empaticen. Pero sé que es necesario. Ha logrado muchas cosas que a mucha gente le parecen casi imposibles.

¿Qué le pide al futuro?
Seguir actuando y escribiendo. También seguir dando visibilidad a las personas como yo. Y si nos critican, que nos critiquen.

¿Se ve yendo a los Oscar?
¡Eso ya es demasiado! Pero si se da, en todo caso, ¡que me lleven, que me lleven! (Risas).

Después de todo lo que ha pasado, ¿qué diría que es lo más importante en la vida?
La actitud: ser positivo, tener ilusión por las cosas y ser persistente. Aunque lo más importante es no darle demasiada importancia a nada.

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