El abrazo de África

Derartu Tulu y Elana Meyer se reencuentran tres décadas después del gesto contra el racismo en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 que cambió la historia del deporte
Elana Meyer y Derartu Tulu regresaron la semana pasada al estadio de Montjuïc. EFE
photo_camera Elana Meyer y Derartu Tulu regresaron la semana pasada al estadio de Montjuïc. EFE

Cuando se disputaron los Juegos Olímpicos de 1992, Nelson Mandela, el hombre que cambió la historia, llevaba un año y medio fuera de la cárcel –dentro había pasado 27– y ya se intuía que acabaría siendo presidente de un país marcado por una política abiertamente racista. En Barcelona se dio cuenta de que el deporte sería una fuerza de gran ayuda para recomponer su patria; lo constató en 1995 con el Mundial de rugby que ganó Sudáfrica como anfitrión. Y la carrera de 10.000 metros de Montjuïc fue un empujón para esa idea.

El 7 de agosto de 1992 dos mujeres protagonizaron uno de esos momentos que entran en la historia. La etíope Derartu Tulu, de 20 años, se convirtió en la primera africana negra en conseguir un oro olímpico. Lo hizo después de un espectacular duelo con la sudafricana Elana Meyer, cuyo país volvía a la cita tras despojarse del apartheid.

Tulu fue la primera africana negra en ganar un oro olímpico

Tras un duelo fraticida Tulu y Meyer no dudaron en darse un abrazo ante el clamor del público. Era el comienzo de una etapa de libertad bajo la atenta mirada de Nelson Mandela, el padre de la nueva Sudáfrica. Tras confirmarse el resultado se fundieron en un beso y cogidas de la mano, Tulu, llevando la bandera etíope, y Meyer, la del Comité Olímpico Sudafricano, daban la vuelta de honor al estadio. Esa imagen daría la vuelta al mundo y durante décadas fue el símbolo de la lucha contra el racismo. Se entendió como un símbolo de reencuentro después del apartheid, el régimen que separaba las personas blancas de las negras. Tulu y Meyer, representaban la unidad y el respeto multirracial sobre el tartán de Montjuïc.

El abrazo de Elana Meyer y Derartu Tulu en los Juegos del 92. DP
El abrazo de Elana Meyer y Derartu Tulu en los Juegos del 92. DP

Ambas debutaban en unos Juegos. En el caso de Tulu, se ausentó en Seúl 88 debido a conflictos políticos de su país, mientras que en el caso de Meyer no pudo ser olímpica hasta el 1992 debido al veto del deporte internacional a Sudáfrica por el apartheid. Nació en el pueblo de Albertinia en el Cabo Sur. Hija de una familia de granjeros creció durante el apartheid. Ya con 13 años ganó su primer medio maratón y cada cuatro años esperaba para ver si su país podía participar en los Juegos Olímpicos. El 11 de febrero de 1990, Mandela salió de prisión. La noticia trajo esperanza a Meyer. Tras lograr el récord del mundo de los 3.000 metros (8:32.00) en 1991 pensó que iba a competir en el Mundial de Tokio, pero no fue hasta principios de 1992 cuando los atletas sudafricanos finalmente recibieron luz verde para competir en los Juegos Olímpicos después de una prohibición de 32 años.

"El hecho de que Sudáfrica estuviese en Barcelona fue en parte gracias al impulso y la petición que realizó Nelson Mandela a los miembros de los comités olímpicos de los países para que eso fuese posible. Sin ese impulso quizás en Barcelona 92 aún no hubiésemos podido competir" puntualizó esta pasada semana Meyer después de revivir aquel histórico momento con Tulu. Ambas volvieron a recorrer el estadio de la montaña mágica.

"Correr por la pista con Derartu Tulu fue algo que sucedió espontáneamente", asegura Meyer. Fue una celebración de todos, de blancos y negros, por tener la oportunidad de competir al más alto nivel.

"A Elana nunca la había conocido antes, pero actuó como si nos conociéramos desde siempre y fuéramos antiguas amigas. Eso fue una sorpresa muy grande para mí. Nos felicitamos y, rápidamente, nos fundimos en el mejor abrazo de todos. Nunca olvidamos que ambos éramos de África", reconoce Tulu, que creció en el pueblo de Bekoji, en la región de Arsi en el centro de Etiopía, en las tierras altas que desde entonces se han convertido en sinónimo de las leyendas de las fondistas de ese país. Se la considera como una de las pioneras del actual dominio de las corredoras africanas, sobre todo etíopes, en estas pruebas, en las que destacan nombres como Gete Wami, Tirunesh Dibaba o Meseret Defar. Tulu volvió a ganar el oro en Sídney 2000.

Los Juegos siempre dejan imágenes que perduran el paso del tiempo. Los de Berlín 36 se recordarán, entre otras cosas, por el abrazo de un negro y de un blanco icono de la raza Aria, (Jesse Owens y Lutz Long); los de México 68 por el puño hacia el cielo de John Carlos y Tommie Smith para protestar por el racismo en Estados Unidos; los de Río 2016 por el gesto deportivo de la neozelandesa Nikki Hamblin con Abbey D'Agostino y los de Barcelona –además del abrazo de un continente a través de Tulu y Meyer– por ver como Jim Redmond salió en auxilio de su hijo Derek que en la semifinal de unos 400 metros en los que era favorito para el oro, pero se lesionó y abrazado a su progenitor cruzó la línea de meta. El gesto fue ovacionado por los espectadores en el estadio de Montjuic, a quienes poco les importó que Redmond fuera descalificado de la prueba.

También quedó para el recuerdo el triunfo de la argelina Hassiba Boulmerka. Su oro en los 1.500 metros sirvió para reivindicar no solo su propia libertad (había sido amenazada por grupos fundamentalistas islámicos por correr en pantalón corto y no utilizar velo), sino también la de todas las mujeres.

Ya dijo Mandela que "el deporte tiene el poder de inspirar. Tiene el poder de unir a la gente como pocas cosas lo tienen".

Comentarios