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El RC Celta cambia de receta

Aspas se lamenta durante el encuentro. EFE / RAMÓN
Aspas se lamenta durante el encuentro. EFE / RAMÓN

El Real Club Celta de Vigo afronta la recta final de 2020 con nuevo entrenador y con una cara diferente a lo que había sido el club vigués en temporadas anteriores. Si algo ha caracterizado al Celta es por el buen trato de balón y por la exquisitez técnica de un alto porcentaje de sus jugadores, una receta que no ha traído consigo buenos resultados deportivos en los últimos años.

Ya avisó Iago Aspas que había que mirarse más el ombligo y menos apuntar al entrenador cuanto todavía estaba Óscar García al frente del equipo. El hecho de llevar 5 entrenadores en 2 temporadas es significativo, así como el hecho de haber encajado al menos un gol en contra en las últimas jornadas, síntoma de una mala estructura defensiva que le hace ser el peor equipo en diferencia de goles y no ser considerado uno de los líderes en las apuestas de fútbol al título, como si lo son Real Madrid, Atlético de Madrid o Real Sociedad, actual líder de la liga (a 25 de noviembre de 2020). El equipo no funcionaba y eso también se ve reflejado en la campaña de abonados, con muy pocas renovaciones.

La receta de Eduardo Coudet

 

La liga española, patrocinada una temporada más por el Banco Santander, puede presumir de ser una de las grandes ligas europeas por su nivel y potencial económico. A ella aspiran a llegar no solo los mejores jugadores, sino todos los entrenadores del mundo. Recalar en el RC Celta de Vigo ha supuesto para Eduardo Coudet su carta de presentación en España y en Europa, y el argentino viene a Vigo con una receta muy clara y sencilla: sacrificio y rigor táctico.

La primera decisión del técnico fue devolver la capitanía a Hugo Mallo, peso pesado del equipo con mucho poder dentro del club y respeto en el vestuario. El capitán había perdido su grado tras unas diferencias con el anterior entrenador, pero con la llegada de Coudet ha vuelto a recuperar su rol dentro del equipo.

Esta decisión afecta indirectamente a Iago Aspas, que pasa a ser de nuevo segundo capitán, aunque el liderazgo del de Moaña está fuera de toda duda y no necesita portar un brazalete para ser el miembro más querido y respetado de la plantilla celeste.

Ídolo en Vigo, olvidado en la selección

En Vigo no hay ninguna duda de que gran parte de los éxitos habidos y por haber pasan por las botas de Iago Aspas. El delantero no atraviesa su mejor momento a nivel deportivo, como toda la plantilla del Celta, pero todavía sueña con jugar otro gran torneo con España.

La selección dejó muy buenas sensaciones en su último partido del parón internacional tras las dudas de su primer partido oficial ante Suiza en el que Sergio Ramos falló dos penaltis y Gerard Moreno empató en los minutos finales. El debate abierto sobre el 9 de la selección y la falta de gol del equipo de Luís Enrique se acabó de cerrar con la contundente victoria por 6-0 ante Alemania que certificaba además el pase de España a la Final Four de la Liga de las Naciones.

Iago Aspas es a sus 33 años de edad el máximo goleador de la historia del Celta de Vigo en primera división con 105 goles, una cifra que intentará seguir aumentando de aquí a su retirada. Luís Enrique le conoce y sabe de lo que es capaz el Príncipe de las Bateas, pero parece que la posición de delantero en la selección está reservada para jugadores más jóvenes como Álvaro Morata, y la polivalencia de Aspas choca con la de Gerard Moreno o Ferrán Torres, por lo que resulta una utopía pensar que Iago pueda volver a vestir algún día más la camiseta de la selección española.

El de Moaña seguirá dando alegrías a la parroquia celtiña y no va a renunciar tan fácilmente a su sueño de volver a vestir la roja, pero ahora mismo lo más importante es que ayude al RC Celta de Vigo a reconducir la situación en liga y ayudar al nuevo técnico en la consolidación de la nueva idea de juego, mucho más cercana al buen trabajo defensivo y el orden táctico que a la creatividad y el fútbol ofensivo al que estábamos acostumbrados, pero que no había traído consigo buenos resultados últimamente.

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