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Las dos caras de Diego

Amador Lorenzo en su etapa como portero del FC Barcelona. ADP
Amador Lorenzo en su etapa como portero del FC Barcelona. ADP

El buenense Amador Lorenzo coincidió con Maradona durante dos años en el FC Barcelona

 

Amador Lorenzo (Bueu, 1954) es de los pocos privilegiados que pueden presumir de haber jugado en los dos grandes del fútbol español, el Real Madrid y el FC Barcelona. Al club blanco llegó procedente del Pontevedra CF y al azulgrana desde el Hércules en donde había recalado porque, el por aquel entonces portero titular de la selección española, el ourensano Miguel Ángel, lo relegaba al banquillo en el equipo merengue.

Su rendimiento en Alicante fue tan elevado (disputó 63 partidos de liga de Primera División) que lo fichó el FC Barcelona, donde militó durante seis temporadas (desde 1980 a 1986). En dos de ellas coincidió con Diego Armando Maradona al que califica como "un compañero excepcional. Muy extrovertido, cordial... Era feliz cuando estaba en el equipo porque se aislaba de todo".

"Era feliz cuando se sentía futbolista, cuando se alejaba de todo lo que le rodeaba"

El gallego, como así lo llamaba El 10, compartió taquilla con él durante las dos temporadas que el astro argentino vistió la camiseta del FC Barcelona. "Una temporada se la pasó prácticamente lesionado por la entrada de Goicochea". Precisamente el exportero de Bueu está convencido de que dentro del problema que significa estar de baja "fue cuando fue más feliz porque se centró exclusivamente en el fútbol. No se sentía presionado, antes giraba todo sobre él".

Amador relata que "cuando viajábamos en el avión lo acompañaban doce-catorce persona, todos alrededor suya y "él era muy joven. Tenía mucha presión. Todos vivían de él", señala.

Amador Lorenzo, primero por la derecha en la fila superior. ADP
Amador Lorenzo, primero por la derecha en la fila superior. ADP

La lesión lo alejó muchos meses de los campos, pero al "poco ya estaba de vuelta en el vestuario. Se entrenaba todos los días y se le notaba relajado", aunque "con la pena de no poder jugar porque el amaba la pelota. Él era feliz cuando se sentía futbolista, cuando se alejaba de todo lo que le rodeaba".

También destaca su personalidad porque "se adaptó al vestuario desde el primer momento. Era una figura mundial, pero con él no había distancia. Dentro del vestuario era uno más". Las palabras del ex cancerbero tienen más valor porque durante los dos años que coincidieron "compartimos espacio. A un lado estaba Marcos Alonso y en el otro estaba yo". Esa coincidencia le hizo vivir muy de cerca la trascendencia de un crack mundial. "Él estaba todo el día haciendo bromas y jugando", sentencia. "Le valía cualquier cosa para dar toques: una venda, un limón... siempre estaba jugando. Era un espectáculo verlo. Se transformaba cuando no era futbolista, pero cuando estaba en el campo o en el vestuario era súper sencillo porque no estaba rodeado de los suyos".

"Era feliz cuando se sentía futbolista, cuando se alejaba de todo lo que le rodeaba"

Toda esa presión explica en cierto modo su otra vida. "Yo puedo asegurar que en Barcelona fue cuando empezó su relación con las drogas". Sus quehaceres nocturnos eran conocidos no solo en el vestuario sino en determinados círculos de la ciudad, "pero nosotros no podemos tener ninguna queja".

Esa otra vida le ha quitado luz a su trayectoria futbolística. "Desgraciadamente su muerte servirá para que se le da más importancia a su carrera como futbolista. Siempre le ha perseguido su personalidad fuera del campo, la gente de la que se rodeo, sus excentridades... todo eso ensombreció al Maradona futbolista, que ahora se pondrá más en valor". Amador está convencido de que "en un corto plazo de tiempo se elogiará como se merece su figura. Lo lamentable es que haya tenido que morir para que se valore como se tiene que valorar a un futbolista como él".

La última vez que Amador Lorenzo coincidió con él fue cuando Maradona militaba en el Nápoles. "Coincidimos en un acontecimiento de fútbol con varios compañeros", explica antes de recalcar que para el jugador que superó a todos los ingleses que se le pusieron en el camino: "Los futbolistas y el balón eran sagrados para él. Amaba profundamente el fútbol", sentencia.

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