El Cisne toma el ascenso como punto de anclaje

El Cisne confía en que su vuelta a Asobal le permita retener a los jugadores importantes de la plantilla ► La continuidad de Jabato como entrenador está en el aire y el club quiere que su posible renovación sea el primer tema a tratar
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photo_camera Los jugadores del Cisne celebran su ascenso en el Municipal. J.CERVERA

El regreso del Club Cisne Balonmano a la Liga Asobal está marcado, y condicionado, por variantes que en el deporte tienen un gran peso tales como las planificaciones deportivas y los recursos económicos. Dos factores claves para un club que debe aceptar el reto de subir por segunda vez en dos años a una categoría que requiere grandes esfuerzos, tanto para entrar como para ser competitivo y mantener un ritmo adecuado durante una temporada que puede hacerse muy larga.

El club blanco se encuentra inmerso en un momento de cambios, en un relevo generacional que se inició el pasado verano con la salida de pesos pesados del vestuario pontevedrés y que continúa ahora con el adiós ya asegurado de dos jugadores veteranos -por edad o por experiencia- como Pablo Picallo y Álvaro Preciado, a los que se une también el joven pivote Daniel Viruelgio. Tres bajas aseguradas para el próximo curso y la posibilidad real de que este número ascienda dejan un gran número de dudas en el aire.

Lo que está claro es que en el club pontevedrés no tiene pensado dejar de lado su filosofía de cantera, de seguir dando oportunidades a los jugadores que terminan su etapa de formación y que ya han aportado al primer equipo como es el caso de Carlos Ocaña, que este año alternó el equipo juvenil con el primer equipo y que está llamado a ser un jugador de futuro o André de Moura, que sumó minutos con la SAR para prepararse para dar el salto al primer equipo. Sobre todo en una primera línea que puede sufrir, además de la baja de Preciado, alguna más. Y es que el veterano Andrés Sánchez ya dejó caer en algún momento de la temporada -sobre todo tras la dura recuperación de su lesión de rodilla- que podría dar un paso al lado al finalizar esta temporada, lo que dejaría un hueco más en esa primera línea.

Esta es una de las posiciones en las que el club podría plantearse hacer un esfuerzo económico mayor para fichar un refuerzo que permita paliar las posibles bajas que se produzcan. Tirar de jugadores de casa permitiría abaratar costes de fichajes y haría más posible llegar al presupuesto para dar el salto.

La esperanza reside también en que, con la consecución del ascenso a Asobal, algunos jugadores que han tenido un gran peso y una actuación destacada como puede ser el caso de los extremos Carlos Álvarez y Mateo Arias -ambos con pretendientes- decidan alargar su vinculación con el club pontevedrés y afrontar el atractivo reto de disputar una temporada con su equipo en la élite nacional.

El entrenador. Sin embargo la planificación deportiva no comenzará sin antes certificar la continuidad, o no, de Javier Fernández Jabato como técnico del primer equipo. Este es el primer paso que la entidad que preside Santiago Picallo quiere afrontar.

El técnico manchego -que lleva seis años a cargo del equipo- finaliza su contrato al término de esta temporada y cerrar su continuidad como el patrón del barco o, por la contra, decirle adiós si su situación personal -trabaja en el departamento de recursos humanos de una empresa- no le permite afrontar un reto que supone un gran esfuerzo y dedicación.

Una vez se tenga clarificado si será Jabato el que continúe dirigiendo al Cisne en la máxima categoría o si habrá un relevo en el banquillo blanco, el club se centrará en planificar la plantilla con la que esperan asumir el reto de Asobal.

Los últimos en llegar. Dos casos especiales son los del pivote Nicolás Samudio y el guardameta Roney Franzini. Fueron los últimos en llegar pero su actuación ha sido muy correcta y han tenido gran parte de culpa en la certificación del ascenso.

Ambos llegaron para ayudar al Cisne a ascender y lograron con su cometido, adaptándose muy rápido al equipo, al vestuario y a una ciudad en la que se encuentran cómodos. Sin embargo el caso del guardameta brasileño es delicado y, pese a que se encuentra contento aquí y le gustaría continuar, todavía tiene contrato con el Balonmano Benidorm.

Es por ello que Franzini tendrá que solucionar su situación personal con el club de la costa blanca para poder continuar defendiendo la elástica del Cisne. Y es que la portería es otra de las posiciones en las que el club estaría dispuesto a realizar un esfuerzo económico mayor y el brasileño es un jugador de nivel alto. Por ello el Cisne valorará las posibilidades que tienen para este puesto.

Lo que está claro es que, en su apuesta por el futuro, la entidad pontevedresa buscará una solución que le permita a Pablo González sumar minutos y seguir formándose y cogiendo ritmo de competición. El Cisne no quiere estancar a un portero llamado a ser clave en el futuro blanco y no se descarta una posible cesión a un equipo de la zona que le asegure tener minutos ya que este año no ha podido tener todos los que hubiese deseado y en Asobal el nivel de exigencia es mayor.

Para esto el Cisne analizará la situación de la portería, valorará una vez que inicie la planificación y rastreará la situación de los equipos de la zona para buscar un posible destino al guardameta.

Un ascenso y un cambio generacional marcan la planificación de un Cisne que no quiere arriesgar su futuro por hacer una fuerte inversión económica. El futuro está marcado por los jóvenes talentos de la casa y la esperanza de retener a los jugadores más destacados para disfrutar, sin riesgos, de su vuelta a la élite.

Jabato, el director de orquesta que hizo volar al Cisne

Está tan integrado dentro de la familia que ya no recuerda ni cuando llegó. Javier Fernández ‘Jabato’ es el eslabón definitivo de la cadena humana del Cisne, el hombre que ha hecho volar al equipo hacia su segundo ascenso en tres temporadas.

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Jabato celebra la victoria. J. CERVERA

Seis temporadas al frente del colectivo en las que ha sido la cabeza visible del proyecto, un director de orquesta que ha ido creciendo a medida que lo ha hecho el colectivo.

Rodeado del talento fabricado en la propia factoría cisneísta, ha encajado de manera perfecta en una entidad de la que siempre ha sabido valorar el buen trabajo y a la que llegó en su día para subir el nivel de exigencia y ayudar a una profesionalización progresiva que se ha hecho efectiva paulatinamente.

Esa exigencia que ha sabido trasladar ha convertido al Cisne en una taller artesanal que ha pasado de comerciar en el barrio a hacerlo en los grandes mercados: siempre desde la base del conocimiento, la experiencia, el reciclaje y el constante aprendizaje para integrarse como líder de un colectivo plagado de talento. Hay que saber dar uso a las armas para combatir.

Como parte activa en la conformación de la plantilla, como gran conocedor del balonmano español de base, ha encajado como un guante en la política del club de priorizar la juventud y la base como valor esencial. Su confianza y apuesta por los cualificados imberbes que dan brillo a la escuadra pontevedresa ponen de relieve su valentía y cierran la puerta al debate de la responsabilidad. Si quieres apostar por la juventud, puedes.

Jabato aporta sus conocimientos después de once años de profesionalismo en las pistas y como técnico de la Federación, seleccionador nacional juvenil de balonmano, hombre de absoluta confianza de Jordi Ribera.

Ha sabido entender y aceptar las limitaciones de una entidad humilde que ha puesto todo su esfuerzo a su disposición para intentar crecer. Ambos lo han hecho de la mano.

Ahora afronta el reto del futuro. ¿Podrá seguir siendo el técnico de Asobal después de su segundo éxito en tres temporadas? Esa es la gran duda.

De momento disfruta del logro. Ha guiado el éxito, ha optimizado los recursos de que disponía, ha construido una escuadra con un estilo de juego tan reconocible como atractivo y como recompensa, ha conseguido el reconocimiento del entorno, el aplauso del 40x20 nacional y, por fin, el segundo ascenso a la máxima categoría. Ha sido el líder que ha hecho volar al Cisne.

Corazón siempre blanco

Álvaro Preciado y Pablo Picallo dijeron adiós al club de su vida asegurando que "ser del Cisne es lo mejor que hay" y felices por dejar al equipo en Asobal

Entre toda la felicidad producida por festejar un ansiado e histórico ascenso a la máxima categoría del balonmano nacional, las lágrimas y la emoción se hicieron protagonistas con el adiós de dos jugadores que han marcado una época en el Club Cisne Balonmano: Álvaro Preciado y Pablo Picallo.

Ambos disputaron este domingo su último partido ante su público vistiendo la elástica blanca, dejando atrás toda una vida vinculados al club de su vida. Santi Picallo lo dejó claro en su discurso sobre la pista del Municipal "entre ambos suman 48 años en el club", toda una vida dedicadas en cuerpo y alma a un equipo que este domingo les dijo adiós, pero que siempre tendrá en ellos a dos fieles seguidores.

"No hay mejor despedida que esta", afirmaba Pablo Picallo este domingo entre lágrimas, tras no ser capaz de pronunciar el discurso que llevaba preparado para cuando llegase el momento de su despedida. Y es que el extremo pone el punto y final a 25 años vistiendo la camiseta del Cisne y tenía claro que quería irse por la puerta grande, "además comparado con el primer ascenso no hay punto de comparación".

El extremo pontevedrés, aún con la emoción en sus ojos, destacó que "estoy súper contento de poder despedirme aquí, así. Ojalá hubiésemos conseguido antes el ascenso, pero coincidió todo muy bien", un hecho que "no sé si era cosa del destino".

Atrás deja recuerdos, momentos únicos como los ascensos que acumula en sus espaldas, un año histórico en Asobal y miles de minutos en sus piernas, pero sobre todo deja una familia. "En todo lo que he vivido como jugador tengo claro que creo en los grupos y este grupo se ha id conformando durante años, con mucha gente que ha ido y ha venido, pero creo que los grupos bien conformados y sólidos se reflejan en la pista", analizó el extremo que deja al club en un momento muy bonito, en el que considera que hay mimbres para seguir soñando con cosas grandes ya que "la clave es seguir manteniendo lo que estamos haciendo, darle importancia a todo esto, dar oportunidades a los chavales... como se ve, eso nos está funcionando". 

Emocionado también se mostró Álvaro Preciado quien comenzó su discurso con firmeza, pero ante el cariño del público comenzó a venirse abajo. El primera línea blanco no se cansó de agradecer "a todos", a unos seguidores a los que aseguró que "gran parte de esta victoria, y de todas las de la temporada, ha sido vuestra".

Carlos Álvarez, el joven infalible de los nervios de acero

El Cisne es un equipo de autor con talento desbordante por los cuatro costados. Preciado, Bruno Vázquez, Villamarín, Chan, Das Neves, Virulegio, Mateo Arias... Pero si hay una figura que representa de alguna manera el brillo, desparpajo y significado de la entidad es Carlos Álvarez Domínguez.

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Carlos Álvarez, este sábado. J.CERVERA

El canterano ha dado el salto de novato a estrella sin pasar por la categoría de revelación. Ha subido dos escalones de golpe, demostrando unas cualidades inmejorables para la práctica del balonmano a máximo nivel.

Después de su debut durante el tramo final de la campaña de Asobal del curso pasado, el joven ha cumplido su primer año como sénior como líder goleador de la escuadra y como punta de lanza de un sistema de juego en el que la velocidad es un instrumento para conseguir objetivos y a la vez una finalidad, parte inseparable del espectáculo, del sello Cisne.

El penúltimo (siempre hay otro miembro de la familia en la recámara que acaba destacando) de la inagotable saga de genios del linaje Domínguez aúna la velocidad, potencia y determinación de los grandes jugadores y la calidad de finalización y sangre fría de los líderes.

Su eficacia a lo largo del curso ha estado en cifras estelares, tanto en acciones por velocidad como en situaciones de ataques estáticos. Esa sensación tranquilizadora de saber que cuando se levanta, el esférico acabará en la red lo convierte en un punto de apoyo indispensable para los logros de la escuadra lerezana.

Sus números lo acreditan como máximo goleador de la fase por el ascenso, empatado con el artillero del Guadalajara Alberto Díaz. 58 goles en 9 enfrentamientos. Una media de 6,44 dianas por envite. A esos tantos hay que agregar los 108 goles de la primera fase, que le hacen ser el segundo mejor del grupo A, por detrás de José Andrés Torres, del BM Soria. En el global fue el máximo realizador de la competición, de toda Plata.

Pero no es una cuestión de cantidad, sino de eficacia. La responsabilidad de lanzar los siete metros no es casual. No le tiembla el pulso. No pestañea. Ejecuta con la misma calma y certeza con la que un repostero corta un pastel. Y encima es zurdo. Un zurdo en balonmano es un tesoro.

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