Manolo Barreiro: el caballero que nunca fallaba y siempre estaba para todos

El histórico dirigente será homenajeado este domingo. Su nombre quedará unido al de los campos de A Xunqueira. Toda su vida la dedicó al fútbol a través de la Federación Galega ► El PCF es su gran pasión
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photo_camera Manolo Barreiro (derecha) junto al histórico Benito Braga. ARCHIVO

LA CIUDAD de Pontevedra rinde tributo este domingo a uno de sus 'subditos' más entregados, aquel que dedicó su vida a hacer bien a través del fútbol, aquel que en los tiempos de pocos medios facilitó que la sociedad fuera mejor a través de un balón, aquel que siempre quiso sumar y que siempre estuvo a disposición de los demás sin pedir nada a cambio. Ese aquel es Manolo Barreiro Lores (Pontevedra, 1925), un caballero del deporte con mayúsculas y cuyo nombre estará vinculado de por vida a los campos de A Xunqueira.

Manolo Barreiro, como le llaman sus amigos, vivir donde vivió le marcó para siempre. Hay destinos para los que uno ha nacido. Si uno se cría cerca del lugar de los sueños de miles de pontevedreses tiene muchas posibilidades de acabar enamorándose de aquello, que según él, no entraba en sus planes: el fútbol. Cerca de la centuria reconoce que la culpa de todo la tuvo un taquillero del viejo campo de Pasarón. Fue este el que le abrió las puertas no solo del recinto, que en nada se parecía al actual, sino también de un deporte que se transformó en su auténtica vida y al que ha dedicado más de seis décadas. Algo que se dice rápido, pero que está al alcance de muy pocos.

Es de esas personas que pasan por la vida haciendo bien, tratando de ayudar a los demás. Se le asocia al deporte del balón, pero podía haber sido al revés. Nunca fue un jugador destacado. Le dio patadas al esférico porque en la España de la posguerra el fútbol era de las pocas cosas que tenían los niños para ser felices.

Su comienzo en los despachos se produjo en 1954 gracias al empeño de Julio Pérez Bello, que le pidió que le ayudara a organizar las competiciones, especialmente la potente Rías Baixas. "Era un campeonato de mucha calidad", comenta antes de empezar a relatar nombres de clubes como el Anduriña o el Dena o de futbolistas de equipos de categoría superior que acababan la temporada allí: "Pais, Pirelo o Caqui".

Asegura que el fútbol "me ha dado amigos. Enemigos ninguno. Siempre hay algún roce, pero menor. El fútbol ha sido mi familia"

En aquella época la Federación se encargaba de gestionar la Rías Baixas y la competición de juveniles porque los infantiles eran responsabilidad del Frente de Juventudes. Hasta más tarde no se creó la categoría cadete. Durante 38 años (desde 1954 hasta 1992) fue el secretario de la Delegación y durante casi dos décadas su máximo responsable. Tuvo que dejarlo por edad cuando entró García Liñares. Por él hubiera seguido. De su adiós guarda el recuerdo del cariño que le mostró todo el mundo porque "a mí el fútbol me ha dado amigos. Enemigos, ninguno. Siempre hay algún roce, pero menor. El fútbol ha sido mi familia". De su etapa en la Delegación se acuerda de los años duros en los que había agresiones a árbitros o invasiones de campo. Ahora eso ha cambiado. Hay más conciencia. Lo más difícil para él eran las sanciones: "Castigar no me gustaba, pero había que ser duro con las agresiones". Pone voz a un secreto popular en los círculos futboleros: "Lo que era difícil era pitar en la isla (Illa de Arousa) cuando no había puente. ¡Una aventura!".

Tantos años en el mundo del fútbol le ha servido para disfrutar de numerosas vivencias, hacer muchas amistades y conocer sitios. "Para mí fue un hobbie que compaginé con mi trabajo", porque tiene claro que la Federación ha sido "como mi segunda familia. Guardo un grato recuerdo de todas las personas que conocí". De esos días había uno que era una locura: "Los viernes, y sobre todo a última hora, eran de muchísimo trabajo". No había los adelantos de la modernidad. "Cuando tuvimos el primer fax fue una revolución", comenta para recordar después que el "primer ordenador que tuvimos era uno particular de un empleado de la Delegación". Ahora todo es más sencillo. En aquella época los calendarios de las competiciones "había que hacerlos a mano. Había un cuadrante y lo seguíamos".

"Los viernes, y sobre todo a última hora, eran de muchísimo trabajo. Cuando tuvimos el primer fax, fue una revolución"

La Federación y el Pontevedra han sido sus dos pasiones. Si el de León (contra el Burgos) fue el partido más importante, el del ascenso a Primera ante el Celta "fue dramático porque no fue nada fácil", aunque asegura que la afición de Vigo "quería que subiéramos y no estaba contenta con la actitud de sus jugadores, que estaban primados por el Espanyol". El famoso gol del ajo de Rafa Ceresuela abrió las puertas de la gloria a una ciudad que enloqueció con el fútbol: "Pontevedra vivía para el Pontevedra. Eso nunca más volverá", se queja con cierta tristeza y sobre todo añoranza porque "fueron años increíbles".

Su memoria es simplemente prodigiosa. Guarda con celo todos los recuerdos de alguien que contempló los comienzos del club de sus amores, el Pontevedra CF, del que estuvo a punto de ser directivo cuando el doctor Celso Mariño asumió las riendas. "Trató de convencerme e incluso llamó a A Coruña (se refiere a la Federación Galega de Fútbol) para que me dieran permiso para compatibilizar ambas funciones. Tenía muchos contactos porque había sido entrenador del Deportivo". Por suerte "no se lo dieron", desvela con una cierta sonrisa alguien que profesa un absoluto respeto por aquellos que deciden ser dirigentes de una entidad. "Es muy ingrato porque la gente no te acaba de entender. Es duro ser criticado a la vez que gastas tiempo de tu vida".

"Castigar no me gustaba, pero había que ser duro con las agresiones"

A sus 97 años sigue haciendo gala de su sencillez, da gracias por haber vivido todo lo que ha vivido. Sin embargo son los demás los que tienen que darle las gracias por ser un caballero.

Hasta en el Bernabeu lo recibían con abrazos"

97 años dan para muchas anécdotas. Y más cuando uno ha tenido una vida llena de estímulos sociales tanto por su labor en el mundo del deporte como por su propia forma de ser. Es el caso de Manolo Barreiro, un hombre con múltiples vivencias y siempre bien rodeado de muchos que le quieren, le han querido y le querrán por su carácter trabajador y afable. Una cualidad que le ha permitido recibir sonrisas allá por donde ha ido.

"Íbamos por campos de toda España y no había uno en el que no lo recibiesen con los abrazos. Incluso en el Bernabéu entraba gratis y recibía abrazos", expresa Juan Abal, actual consejero del Pontevedra Club de Fútbol, presente en múltiples directivas en la entidad a lo largo de los años y amigo íntimo de Barreiro.

"Cuando cumplió 90 años organizamos una celebración en el Hotel Campaniola. Preveíamos que iban a venir 60 personas y acabamos siendo 250. Tuvimos que dejar fuera a unas 30 y estábamos dentro como latas de sardinas", explica Jorge Pedrosa, que fue secretario del Pontevedra durante más de una década y es otro ‘íntimo’ de Barreiro, con el que coincidía en cada reunión de ‘Amigos del Pontevedra Club de Fútbol’. La anécdota de Pedrosa no se quedó en algo singular, pues ya había sucedido un hecho similar cuando Manolo se jubiló. "Se hizo una celebración en la finca Batacos y vinieron 500 personas", recuerda Pedrosa, que recalca las cifras como una mera de poder comprender el enorme afecto que ha ido dejando a su paso Manolo Barreiro durante su vida.

Amor por el PCF. Barreiro es el socio número 2 del Pontevedra Club de Fútbol. Una entidad que es su pasión y a la que ha estado muy ligado. "Te habla de los tiempos del Pontevedra del ‘Hai que roelo’ como si hubiese sido ayer. Además, tuvo una gran amistad con Héctor Rial cuando fue entrenador del equipo. Te habla de él como si fuese Dios", explica Juan Abal, que recuerda que si Rial puso dinero para pagar nóminas a los jugadores en los peores momentos del PCF "fue en parte gracias a Manolo".

"Siempre intentó ayudar a todos los clubes. Y al Pontevedra, por supuesto. Te lo puedo decir de primera mano. Muchas veces se metía en compromisos en la Federación por ello. Pero él me decía: ‘Jorge, a los enemigos la ley y a los amigos lo que haga falta’", recuerda Pedrosa. "Además, trabajaba como el que más. Él no vivía en la calle Cruceiro, sino en Echegaray 26, donde estaba la Federación. Es la única que persona que conozco que llamaba a la mujer para decir que iba a comer y no al revés", añade entre risas Pedrosa.

De una generación mucho más actual es Tino Fernández, actual concelleiro de Deportes de la ciudad pero muy cercano a Barreiro por cuestiones familiares: "O meu padriño era o delegado de árbitros de Pontevedra". Fernández recuerda dos grandes anécdotas con Manolo. La primera tiene que ver con su abuelo: "Un día ensinóume unha foto del cun home que eu non sabía quen era. Díxome que era meu avó. Non o coñecía porque era a primeira vez que o vía rindo".

Más allá de esta cuestión que explica la enorme capacidad que Barreiro tiene para sacar lo mejor de las personas, Fernández recuerda otro suceso curioso: "Sendo un meniño, fun con el a un Céltiga-Bueu de fase de ascenso. Era unha eliminatoria xa decidida na ida e parecía que ía ser un partido tranquilo. Sen embargo, cando o Bueu marcou o 0- 1 armóuse unha batalla campal. Tivemos que saír correndo polos carreiros para chegar á barca e saír da illa. Eu só me lembro que el non paraba de dicir: ‘Que non lle pase nada ao rapaz, que non lle pase nada ao rapaz!".

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