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Cuando Aragonés se enfadó

Luis Aragonés, el tercero por la izquierda, durante el encuentro que el 6 de marzo de 1966 el Atlético disputó con el Pontevedra en el Metropolitano y en el que logró el primero de los cuatro goles del triunfo colchonero. archivo
Luis Aragonés, el tercero por la izquierda, durante el encuentro que el 6 de marzo de 1966 el Atlético disputó con el Pontevedra en el Metropolitano y en el que logró el primero de los cuatro goles del triunfo colchonero. archivo

DE CUANDO el Pontevedra hizo girar los focos de la atención hacia un pequeño rincón de la geografía española hay momentos inolvidables, pero dentro de la memoria colectiva del granatismo hay un partido que destaca por encima de los demás, el disputado el 28 de noviembre de 1965 en el que el conjunto que entrenaba Juanito Ochoa se puso líder de Primera División al derrotar a un Atlético de Madrid en el que uno de sus referentes comenzaba a ser Luis Aragonés, fallecido el pasado sábado.

El ‘Zapatones’ cumplía su segunda temporada en el conjunto colchonero después de peregrinar por diferentes clubes españoles en busca de la formación para llegar a ser una estrella, como era su sueño. Uno de sus primeros destinos fue el Plus Ultra, en el que coincidió con el que acabaría siendo una de las grandes leyendas del Pontevedra, Eduardo Calleja, que reconoce que «era una persona especial, bastante reservada y con mucho carácter, aunque cuando estaba a gusto te lo pasabas muy bien con él». Compartió equipo durante poco tiempo porque Aragonés fue cedido al Oviedo. «En sus comienzos jugaba como delantero, aunque triunfó después como interior».

Aragonés y Calleja volvieron a coincidir en los terrenos de juego, pero ya como rivales. El primer choque fue con Calleja vistiendo la camiseta del Pontevedra y el exseleccionador la del Betis, El partido correspondía a la temporada 63-64 y fue el primero de los diez enfrentamientos que tuvo contra el conjunto granate, no en vano a lo largo de su trayectoria como futbolista solo se perdió dos encuentros contra el conjunto de Pasarón, el de la primera vuelta de la liga 66-67 y y el de la segunda de la 67-68.

En las filas del Betis coincidió con otro de los futuros mitos granates, Ignacio Martín-Esperanza, que guarda un recuerdo excepcional del que fue su compañero y que tanto en privado como en público ponía al granate como ejemplo de superación.

«Nos llevábamos bien», reconocía ayer Ignacio Martín-Esperanza, que compartió el vestuario del Villamarín con Aragonés. «Él salió de allí para crecer como la espuma hasta ser uno de los grandes del fútbol español y yo fui lo que fui». El destino quiso que, tras fichar por el Pontevedra, se enfrentara con el que fue su compañero, del que destaca que «fuera de los terrenos de juego le gustaba mucho leer y le daba mucho valor a la amistad. Tuvimos una buena relación, aunque después, al llevar carreras diferentes, nos distanciamos».

Ambos siguieron caminos distintos que se cruzaron cuando el Pontevedra jugó en Primera. De las diez veces que se midió al conjunto granate, ocho lo hizo con la camiseta del Atlético, con el que marcó cuatro goles en tres temporadas diferentes, aunque probablemente el más importante fue el primero porque se produjo en el encuentro de la segunda vuelta de la liga 65-66.

Los de Juanito Ochoa asombraban con una trayectoria espectacular, mientras que los colchoneros soñaban con el título. En el primer duelo de esa temporada los que hicieron historia fueron los de Pasarón, porque el triunfo del 28 de noviembre les sirvió para situarse como líder en solitario. La vuelta era totalmente distinta. Aragonés -que ya tenía como compañero a Armando Ufarte- y los suyos necesitaban ganar porque estaban a dos puntos del Madrid a falta de cinco jornadas. El triunfo fue para los locales, pero aquel choque, jugado en el Metropolitano, no fue tan fácil como puede hacer ver el resultado (4-0). El encargado de abrir el marcador fue Luis Aragonés, que de esa manera inauguró su cuenta particular con el Pontevedra, a un minuto del descanso, pero el 3-0 no llegó hasta la recta final de un choque que fue un punto de inflexión para los colchoneros, que hicieron pleno de victorias para ganarle la liga al Madrid por un punto.

La calidad de Aragonés la padeció directamente Eduardo Calleja porque, «como yo jugaba de interior, me encargaba de defender al interior en punta, que era donde se ubicaba él». El que no olvida los duelos de Aragonés con el Pontevedra es Javier Irureta, que el sábado, al poco de conocerse la muerte del que había sido su compañero y entrenador, reconocía que nunca podrá olvidar una bronca que le echó en los vestuarios de Pasarón después de que el Atlético cediera un empate.

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