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El Manzanares, un equipo que vive al límite

Once titular del Manzanares
Once titular del Manzanares
Afronta su tercera participación en una fase de ascenso tras clasificarse en la cuarta posición del grupo XVIII en la última jornada de Liga y alcanzar la segunda ronda del play-off al ganar en los penaltis al Lanzarote

El Manzanares CF afronta la tercera fase de ascenso a Segunda División B de toda su historia. El club, fundado en 1953, representa a la localidad de Manzanares, de 19.200 habitantes, situada en el corazón de la provincia de Ciudad Real, a unos 765 kilómetros de Pontevedra, a 177 kilómetros de Madrid y a 65 de la capital de provincia. Hasta la fecha, el conjunto ciudadrealeño ha disputado 20 veces la Liga de Tercera División de Castilla la Mancha, la categoría más elevada en la que ha participado.

La épica lo ha llevado a meterse en el bombo de la segunda ronda de la promoción de ascenso, ya que ha sorteado varios ‘match ball’ para poder seguir vivo en la competición.

Para la escuadra manchega, el hecho de disputar una fase de ascenso es todo un logro y se encuentra fuera del objetivo original de la temporada. Sin embargo, su humildad y su falta de ambición contrastan con la gran ilusión del colectivo que entrena Guillermo Alcázar.

A falta de seis jornadas para concluir la Liga, el Manzanares parecía descartado para la lucha por el cuarto lugar, después de ser derrotado por el campeón del grupo, el Talavera de la Reina.

A partir de aquel momento enlazó varios resultados positivos. Venció cinco de los últimos seis enfrentamientos. En la última jornada necesitaba ganar al Albacete B en su terreno de juego y que el Madridejos, hasta ese momento cuarto en la tabla, no venciese su envite ante La Gineta. El 5-0 de los manzagatos contra el filial albaceteño y el empate a 0 del Madridejos permitió el milagro del próximo rival granate, que se clasificó para la promoción ‘in extremis’ y sin preveerlo.

En la primera ronda del play-off debió enfrentarse al Lanzarote, segundo clasificado del grupo canario. Al igual que el Pontevedra, debió jugársela contra un conjunto insular. El encuentro de ida se resolvió sin goles, con un 0-0 que mantenía abiertas las posibilidades de los dos bloques para la cita de vuelta, en la que, ya en suelo lanzaroteño, se repitió el resultado en los 90 minutos. En la prórroga tampoco hubo acierto en ninguna de las dos porterías. La resolución se produjo en la tanda de penaltis. Para desgracia de los 4.000 aficionados locales que presenciaron el encuentro, el portero del Manzanares, Rodri, se convirtió en el principal protagonista de la cita, ya que detuvo dos penas máximas y transformó una que permitió al equipo manchego avanzar hacia la segunda fase. En ella lo espera el Pontevedra, también tras una tanda de penaltis, aunque, en el caso de los granates, con resultado negativo para sus intereses.

El Manzanares viste camiseta azul con una franja diagonal blanca. Su principal virtud es su capacidad defensiva. Durante la Liga encajó 23 tantos, pero en la segunda vuelta solo ocho y en los últimos ocho partidos solo ha recibido una, lo que pone de manifiesto su enorme disciplina y orden defensivo.

Su fútbol es más bien rocoso y pasa en gran medida por su dominio de las acciones de balón parado, faceta del juego que le sirve para producir un gran porcentaje de sus ocasiones de gol y sus dianas.

Su terreno de juego es el José Camacho, situado en una zona polideportiva que se encuentra al lado de la carretera nacional que conduce a Madrid, en las afueras de la localidad. Se trata de una modesta instalación, con capacidad para unos 700 aficionados sentados en una única grada cubierta. En el enfrentamiento ante el Lanzarote estaba repleta y algunos espacios sin asientos del perímetro del terreno de juego también contaban con una gran cantidad de hinchas que apoyaron a su escuadra.

El terreno de juego es sintético, de dimensiones más reducidas que Pasarón, aunque ligeramente más ancho que el Silvestre Carrillo de La Palma, donde actúa el Mensajero.

Las altas temperaturas de esta época del año pueden ser un enemigo para un adversario que no tenga por hábito realizar un esfuerzo físico a pleno sol, si finalmente el choque se lleva a cabo a las 18.30 horas de la tarde, como prevé el club manzagato.

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