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Rufo regresa a casa tras una carrera como 'obrero'

Rufo, ayer en la portería de A Seca. DAVID FREIRE
Rufo, ayer en la portería de A Seca. DAVID FREIRE
El delantero jugará el domingo ante un Atleti en el que no pudo triunfar y en un estadio local para él. "Prefiero un rival así para cambiar la dinámica", dice

Nunca es demasiado tarde. Bien lo saben Jorge Molina, Jaime Mata o Enric Gallego, delanteros que después de toda una vida en el fútbol más modesto, están viendo su esfuerzo recompensado con reconocimiento en Primera División pasada la treintena. Y lo mismo, aunque a menor escala, podrá pensar Rufino Sánchez Familiar, Rufo (Madrid, 1986). Porque después de mucho "currar", tener que emigrar y volver, por fin es reconocido como uno de los delanteros más importantes de la categoría.

Rufo fichó por el Pontevedra hace prácticamente un mes. Lo hizo como un delantero reputado de la categoría, una condición que le llegó a los 33 años. "He estado muchos años fuera y antes, en los años clave en España, he tenido mala suerte. Tuve que salir fuera para que se me valorase. Pero hasta que no llegas aquí y demuestras lo que vales... la gente hablaba de la edad y de que venía de un país extranjero", expone el atacante, que hace un año y medio puso fin a una aventura exótica de siete años entre Filipinas y Tailandia.

Pero comencemos por el origen, adonde regresa el próximo domingo por primera vez con la camiseta de un equipo de su Madrid. En el Cerro del Espino, el delantero volverá a verse las caras con el Atlético de Madrid, conjunto con el que tiene una "espina clavada". "El Atlético me firmó para el Juvenil B después de un año en el que hice 30 y algo goles con el Coslada. Inicié la pretemporada, pero a la mitad me lesioné. Sufrí un esguince de tobillo de grado II-III. Y al final estas canteras tienen tantísimos jugadores que me ceden al Majadahonda para que me recupere", recuerda.

Sin embargo, mientras otro Rufino (Segovia) un año mayor que él debutaba con la elástica colchonera en Primera, Sánchez se veía abocado a quedarse en Majadahonda. "Ya no volví", apunta. Aunque eso le permitió jugar sus dos últimas temporadas en la División de Honor y "empezar" a sentirse futbolista.

Tras su prolífico paso por la base del Rayo, el futbolista ascendió al primer equipo, que hoy es un recién descendido de Segunda, pero a mediados de la primera década del siglo militaba en Preferente.

Con trabajo, Rufo se hizo un nombre en equipos de la Comunidad hasta que llamó la atención del Getafe para su filial en el 2010. "Estaba en Tercera y lo tenía hecho con él. Pero justo ascendieron a Segunda B en la tercera eliminatoria y me dijeron que buscaban otro perfil. Fue un batacazo muy gordo", apunta.

Si lo del Atleti había supuesto un traspié importante, que el Getafe no contase con él en el último momento le hizo todavía más daño. "Yo estaba en una edad más rebelde. Te creas unas ilusiones, unas expectativas... Fue un palo muy gordo. Pero por suerte, mi familia siempre me ha sabido llevar por el buen camino y me ha recalcado la importancia de seguir trabajando. El fútbol siempre te devuelve lo que le das. Yo he sido muy currante y no me quejo de mi carrera", expresa.

Tras volverse a quedar a las puertas de instalarse en la cantera de un Primera División, Rufo volvió a empezar. Regresó al Ínter de Madrid en el 2010 (ya había estado en 2007) y siguió trabajando en el restaurante de su padre. "Con lo del Getafe lo iba a dejar. Pero no me importó. Lo he compaginado muchos años porque a mí me gusta", señala. En el equipo de Boadilla logró el ascenso a Tercera desde Preferente. Y luego echó a volar. Era el año 2012. "Gracias al Ínter me llegó la oferta de Asia. Allí me sentí profesional por primera vez. El nivel era más bajo, pero todo lo que rodea al fútbol es impresionante. Disfruté un montón y la experiencia me ha dado muchísimas cosas: poder vivir en países exóticos, convivir con gente muy diversa, aprender inglés...", relata.

"Yo sé que la gente estará conmigo por el esfuerzo que hago. Pero soy autoexigente y he venido para marcar goles"

El punta enlazó siete años bequipos de Filipinas y Tailandia, hasta que su mujer se quedó embarazada. "Me pidió que regresásemos a casa, así que volví a ponerme en contacto con el Ínter", dice.

Entonces llegó a un acuerdo para regresar al club de su vida y debutar, por fin de verdad, en Segunda B: "Había estado solo unos meses en el Atlético Sanluqueño. Me sentía preparado. Cuando volví era un jugador mucho más maduro. Y lo cierto es que fue genial".

Así, el pasado curso fue su primero completo en la categoría. Y el equipo logró firmar una buena temporada, aunque él solo anotó cuatro goles. La explosión anotadora le estaba aguardando al comienzo de esta temporada. En la primera vuelta firmó 12 dianas, llamó la atención del resto de la categoría y se convirtió en una de las piezas más cotizadas del mercado de invierno.

OTRAS OFERTAS. Entonces, el Pontevedra llamó a su puerta: "Al final de la negociación se metió el Majadahonda por medio. En ese momento se te abren los ojos y dices: ostras, que es en Madrid y también es un gran club". Pero es verdad que llevaba en contacto dos semanas con el Pontevedra (con Roberto, con la presidenta y con Pouso) y el interés que me habían mostrado me hizo decidirme. Yo soy una persona muy familiar y valoro esas cosas. Por eso me decidí por el PCF. La opción fácil hubiese sido quedarme en Majadahonda, pero me gustó la apuesta del club, los mensajes que me dieron".

La apuesta de la entidad granate fue importante y ahora Rufo quiere responder a esa confianza. "Entiendo que se haya hablado del tema de la edad. Hace años, yo cuando veía a un futbolista de 31 años que estaba en mi equipo pensaba: es muy veterano, está tieso. Pero el fútbol ha cambiado mucho. Somos más profesionales que antiguamente. Yo me veo físicamente súper bien, me encuentro mejor que cuando era joven. Por eso tengo tanta confianza en mí mismo", recalca.

Sobre su momento, considera que tiene "una manera de jugar" y "el equipo igual estaba acostumbrado a otro tipo de delantero". "Acabaremos cuajando. Yo desde fuera ya le veía un buen equipo al Pontevedra y ahora que estoy dentro incluso me gusta más. A veces ves carencias, pero cuando la carencia es la suerte y la dinámica, solo queda seguir trabajando", expresa el punta, que reconoce que el esfuerzo por su parte "está garantizado". "Sé que la gente estará conmigo por eso, pero soy realista y autoexigente: he venido para hacer goles", recalca.

Después de marcar en su debut, el obrero del fútbol regresa el domingo por primera vez a su casa, donde verá de nuevo a su familia y tendrá la oportunidad de mojar ante el Atlético B. Donde todo comenzó.

Rufo regresa a casa tras una carrera como 'obrero'
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