¿Qué fue de... Manuel Magdaleno Solla, el padre del arbitraje pontevedrés?

La presentación del programa de becas tuvo lugar la semana pasada en el auditorio Afundación.
photo_camera La presentación del programa de becas tuvo lugar la semana pasada en el auditorio Afundación.

Como la mayoría de los niños, comenzó en el fútbol como jugador, pero a los 17 años se dio cuenta de que no sería capaz de hacer carrera, por lo que decidió convertirse en árbitro. De esta manera, Manuel Magdaleno Solla comenzaba una larga trayectoria que le llevó a ser presidente del colectivo de colegiados durante casi dos décadas.

Lo que nació con el objetivo de mantenerse vinculado al fútbol se convirtió para Manuel Magdaleno Solla (Pontevedra, 1948) en una parte fundamental de su vida, no en vano le ha dedicado sus últimos 47 años; primero como colegiado, posteriormente como dirigente y ahora como informador de árbitros.

Después de probar suerte en diferentes clubes del fútbol modesto de la comarca y comprobar que «lo de jugar no era lo mío», asegura entre risas, Manuel Magdaleno vio en el arbitraje la posibilidad de continuar vinculado al fútbol. El culpable del nacimiento de esa relación fue su amigo Manuel Fariñas, que «me llevó al colegio de árbitros», que en los años 60 del siglo pasado celebraba sus reuniones en un local que una compañía de seguros le dejaba encima del Carabela. «No esperaba que me gustase tanto», reconoce en la actualidad a la vez que echa la mirada atrás para analizar su trayectoria.

Comenzó arbitrando partidos de la liga de modestos (lo que ahora se podría considerar como Primera Regional, y en la que militaban conjuntos como el Grove, Arcade o Soutomaior). Se inició con 17 años, lo que hacía que «fuera uno de los más jóvenes». Permaneció en la categoría dos o tres temporadas hasta que pasó a la Serie A (Regional Preferente), en la que estuvo cuatro.

Ese ambiente hacía también que, en ocasiones, se vivieran situaciones desagradables. «A veces había problemas serios». Él lo vivió en sus propias carnes, aunque ahora prefiere no recordar esas situaciones porque «me quedo con lo bueno. Son casi cincuenta años y me quedo con todo lo bonito». Aunque si se le insiste en que explique algún momento complicado, recuerda un partido en Outumuro (cerca de Celanova) entre el conjunto local y el Boiro. «Era el día de Nochevieja y el encuentro fue muy duro. Quien lo recuerda bien es Tucho de la Torre (exfutbolista y exentrenador marinense), que era el técnico del Boiro. No pudimos ni entregar el acta».

Los momentos desagradables quedan en un segundo plano, aunque en cierto modo forzaron que en 2004 decidiera abandonar la presidencia del Colegio de Árbitros de Pontevedra, en la que estuvo desde 1985 después de haber ganado las primeras, y únicas, elecciones que se convocaron. «Aquello creo que se debió a que el presidente del colectivo a nivel gallego prefería que yo no fuera el elegido, por lo que decidió crear unos comicios» en los que ganó claramente al que había sido su juez de línea -ahora asistente-, Orge padre, creador de una de las dinastías más amplias del arbitraje pontevedrés.

Su nombramiento como presidente se produjo medio año después de que dejara el arbitraje en activo tras dirigir encuentros de Tercera División durante cuatro temporadas. Nunca pensó en ascender a otra categoría porque «yo sabía cuáles eran mi limitaciones, especialmente en el tema físico. Siempre pasaba las pruebas, pero no tenía las condiciones necesarias para pitar en Segunda B o en Segunda A». Después de casi un lustro en Tercera optó por retirarse, pero «quería seguir en ese mundillo, por lo que Enrique Magdalena Chan me ofreció la posibilidad de sustituirlo como delegado».

El pasado mes de julio volvió a ser reconocido, en este caso con la insignia de oro del Comité Gallego de Árbitros, por su fidelidad al colectivo. Desde su retirada de la primera línea del arbitraje, en verano de 2004, ha continuado como informador .«El fútbol me encanta». Vive más tranquilo, alejado de la atención mediática, de la presión de tomar decisiones y con el orgullo de haber aportado su grano de arena, más grande de lo que él cree, para que el arbitraje creciera en Pontevedra.

Árbitro de Tercera durante cuatro temporadas

Manuel Magdaleno se mantuvo en activo durante casi dos décadas en las que arbitró en la liga de modestos, en la Serie A y en Tercera División, a la que pertenece la imagen, que se captó antes de un encuentro entre el Compostela y el Cacabelense (de la provincia de León), en la que posa junto a dos exgranates, Fernández (a su derecha) y Quino (a su izquierda). Sus jueces de línea eran Santomé y Orge padre. D.P.

En 2004 abandonó la presidencia del Colegio

Retirado de la primera línea de la actualidad a finales de junio de 2004, el pontevedrés sigue vinculado al arbitraje como informador de partidos de Tercera División. david freire

Árbitros: Bello Blanco y Hernánz Angulo

De sus casi dos décadas como presidente de los árbitros, se congratula especialmente de que varios colegiados pontevedreses llegaran a pitar partidos de Primera División. Tal es el caso de Segundo Bello Blanco y Rafael Hernanz Angulo, así como varios asistentes como Rosendo Calvar o Rey Fierro. «También popularizamos el arbitraje. Conseguimos que entraran muchos chicos jóvenes y lo dejaran los mayores porque impusimos unos criterios de exigencia que no eran muy habituales».

Otro de los legados de los que se encuentra más satisfecho es de haber conseguido que el Colegio de Árbitros «cuente con una sede propia. Lo dotamos de patrimonio», señala.

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