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El Pontevedra Club de Fútbol se reencuentra con sus propios orígenes

Arriba, Enrique Rivadulla junto a Gerardo Dios sobre el césped de Pasarón, con el hijo de Rivadulla como testigo
Arriba, Enrique Rivadulla junto a Gerardo Dios sobre el césped de Pasarón, con el hijo de Rivadulla como testigo
Los dos únicos jugadores vivos del equipo fundacional, Gerardo Dios y Rivadulla, reviven su etapa de futbolistas granates en Pasarón ► Los dos exjugadores celebraron juntos para Diario de Pontevedra el 74 aniversario de la creación del club granate con el Pacto de las Palmeras

Don (la importancia requiere el tratamiento) Gerardo Dios espera en el césped de Pasarón. A lo lejos, por la rampa de acceso a vehículos rodados del Fondo Sur, ve descender en silla de ruedas a Don Enrique Rivadulla. Gerardito, como lo conocen cariñosamente sus coetáneos, avanza hacia su compañero. Carmen Vidal, esposa de Enrique y elemento fundamental para lograr el reencuentro entre los dos mitos del granatismo, presencia la escena emocionada. Las lágrimas se le escapan. Su marido está frente a frente, al fin, con el otro superviviente del primer Pontevedra de la historia.

Rivadulla reconoce a Dios y las lágrimas lo atacan a traición. El reencuentro entre los dos provoca una emoción paralizante en todos los que presencian la escena.

Gerardo Dios y Enrique Rivadulla pisan un Pasarón muy diferente al que recordaban, un campo que nada tiene que ver con aquellos de tierra de su época. Quedan impresionados con la inmensidad de las gradas, adornadas por butacas multicolores que eran una utopía hace siete décadas.

"Esto era todo de madera. Te colocabas donde podías para ver el fútbol", explica la esposa de Rivadulla.

Don Enrique es uno de los eslabones perdidos de la historia del club. Una llamada de su esposa Carmen a la redacción de Diario de Pontevedra alertó de que seguía con vida. La localización del paradero de todos los miembros de un equipo tan histórico como lejano en el tiempo necesita, en ocasiones, de la colaboración de la providencia. Rivadulla tiene 93 años y lleva más de medio siglo viviendo en A Coruña. El fútbol, como en el caso de Gerardo Dios y de aquellos jóvenes locos que intentaban olvidar la dureza de la posguerra, fue un sustento emocional para él, la mejor manera de evadirse del hambre y de las obligaciones que lo azotaron desde pequeño.

Su frágil memoria reserva espacios de lucidez sobre su etapa de futbolista. "Era un extremo izquierdo rápido y peleón... peleón con los pies, ojo", recuerda. Sus primeros pasos como jugador fueron en el Sporting de Pontevedra, luego en el Eiriña, el equipo obrero que acabaría fusionándose con el Alfonso para dar origen, tal día como hoy hace 74 años, al Pontevedra Club de Fútbol.

"Cuando íbamos a jugar al fútbol era una alegría". Enrique tuvo una juventud complicada. Su padre, vinculado a la izquierda pontevedresa de principios del siglo XX, fue encarcelado y muerto a manos del franquismo. Y Enrique, desde su adolescencia, debió trabajar para ayudar a sacar adelante a la familia. Empezó en Confitería Prieto, donde aprendió el negocio que acabaría convirtiéndose en el eje profesional de su vida. Cuando podía, huía del horno y acudía a los partidos a demostrar sus cualidades. Gerardo Dios confirma su velocidad y su talento. Era ambidiestro. "Sánchez, campeón de España de pentatlón en aquella época, nos enseñó a golpear el balón con los dos pies", explica Don Gerardo. Lo ensayaban contra una pared, haciendo rebotar el esférico de forma insistente.

En su visita a Pasarón, Gerardo Dios y Enrique Rivadulla acaban ante la fotografía del primer once inicial oficial del Pontevedra de la historia, el que debutó contra el Ourense.

Los partidos de la época se jugaban con pelotas de trapo. Los chicos comenzaron a dar patadas en la plaza de la Virgen del Camino, en los terrenos próximos al actual Hospital Domínguez.

Con la fundación del Pontevedra, tras el paso por otros clubes de Dios y Rivadulla, ambos engrosaron las filas del cuadro granate. La firma del pacto de Las Palmeras certificó su matrimonio con la entidad.

Rivadulla estuvo dos años en el club granate, antes de tomar la complicada decisión de dejar el fútbol. "Lo que me daba de comer no era el deporte, era el trabajo". En 1943 sus obligaciones le llevaron a abandonar su pasión.

El Pontevedra Club de Fútbol se reencuentra con sus propios orígenes
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