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El valor de cruzar el charco

Daniela Sousa, durante un partido. DAVID FREIRE
Daniela Sousa, durante un partido. DAVID FREIRE
Daniela Sousa llegó al Poio Pescamar procedente de Brasil con una maleta cargada de miedos. Un año y medio después ya es un referente en el equipo rojillo

Si algo caracteriza al Poio Pescamar es que puede presumir de aspirar alto y no dejarse nada en el tintero para lograr los mejores resultados. Este club no tiene reparo en poner sus ojos en cualquier lugar del mapa para conseguir en su equipo a las mejores jugadoras. Un año y medio hace ya de la última de estas hazañas: Daniela Sousa llegó a la entidad conservera sin saber lo que le esperaba. Hoy, 18 meses después, presume de haber encontrado su sitio.

Vivía en Brasil y nunca había puesto un pie fuera de su país. Allí había finalizado sus estudios de Graduado Escolar y trataba de formarse en cursos de fisioterapia, para completar su carrera deportiva. Llevaba una vida como la de cualquier joven de su edad. Jugaba al fútbol sala, su pasión desde niña. Sin embargo, una llamada cambió su vida de un día para otro. "Un representante se puso en contacto conmigo para decirme que un equipo español tenía interés en mi. Yo no conocía nada de aquí, ni la ciudad, ni el club... me lo pensé un poco" recuerda. "A mitad de temporada me llegó una oferta de Italia. Pero la rechacé porque no había terminado la temporada con mi equipo. Una vez acabado el año allí, fue cuando llegó la propuesta del Poio y la acepté", señala.

Recuerda aquella época como si no hubiese pasado el tiempo. "El primer día llegué y fui a entrenar. Pero al llegar a casa, me fui a dormir me desperté por la noche pensando '¿dónde estoy?', muy desconcertada. En ese momento me pasó por la cabeza que sería de mi familia, de mi gente, que estaba haciendo. No sabía si era la mejor opción", recuerda con la voz entrecortada y cargada de nostalgia. Ahora, sabe que si lo fue, y que su vida ha dado un giro radical desde aquella decisión.

"Si el club me ofreciese renovar me quedaría"

Daniela tuvo suerte. Al llegar al Poio se encontró con un equipo humano que se preocupó de ella en todo momento. Eso le dio el valor necesario para continuar con este nuevo reto. "Se hacía más difícil porque era otro idioma, otra cultura... yo no sabía nada de español, nunca había estado en España, pero me apoyaron mucho" relata.

"Ahora soy una más" asegura entre risas. Un largo año y medio lleva sin pisar la tierra brasileña. Sin pasear por sus calles en las que creció, en las que comenzó a jugar al deporte que le ha abierto las puertas a una nueva vida. Ahora se ha acostumbrado a vivir en Pontevedra y se siente como en casa. "El Poio apostó muy fuerte por mi y me abrió las puertas. Si el club me ofreciese renovar me quedaría aquí sin duda" asegura firmemente.

Daniela Sousa es un nombre que ya se ha ganado el respeto de una afición. Ha aprendido el idioma. Agradece el olor al mar de Raxó, donde vive, y se ha hecho fan de las costumbres gallegas. El Poio Pescamar apostó y ganó con una jugadora que presiona sobre la pista y empuja a más cuando el partido no está de cara.

Ocho goles esta temporada

Sus inicios no fueron fáciles, pero su juego se hizo notar desde el primer momento. Selló la pasada campaña con un total de 20 dianas en su cuenta particular, convirtiéndose así en la máxima goleadora del Poio Pescamar en la 2018-2019.

Este curso el camino seguido no se desvía demasiado. Acumula un total de ocho goles, sólo por detrás de Andrea Feijoó y todo apunta a que seguirá sumando.

Se ha ganado a pulso el puesto de jugadora fija, habitual, de las que más minutos suma en su equipo habiéndose ganado la confianza de Raúl Jiménez.

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