Una fiesta de principio a fin en Palencia

La afición se desplazó con el Pontevedra para celebrar el ascenso matemático y el color granate tiñó la Nueva Balastera

El ambiente de hace siete días en las calles de la Boa Vila podía hacer pensar que el ascenso a Primera RFEF del Pontevedra CF se había celebrado entre la afición granate, sin embargo esos locos y valientes seguidores que se convirtieron en el jugador número 12 y en el aliento del equipo en las últimas semanas de competición también quería estar presente en Palencia, en la fiesta definitiva, esa que —salvo hecatombe— era la celebración oficial del salto de categoría. 

Desde el primer momento en el que el club anunció que había un viaje organizado ya se podía entrever que Palencia sería granate. Las plazas volaron y todavía quedaban muchos en tierra por lo que el club anunció que fletaría un segundo bus que, como cabía esperar viendo el ánimo de los aficionados, no tuvo problema para completarse. 

Eran las 4.30 horas de la madrugada del sábado cuando el Pabellón Municipal se convirtió en el punto de encuentro de los aficionados granates. Desde allí partieron poco después los dos autobuses con destino a Palencia, dos medios de transporte donde el color granate era el protagonista. En las mochilas de los aficionados provisiones para el viaje, lo necesario para un día lejos de casa y sobre todo mucha ilusión y ganas de llevar a cabo la fiesta de graduación con el equipo. 

Otros ya habían salido antes, en coches particulares, y entre los desplazados a Palencia llamó la atención de Rafa Córdoba que tras un tiempo de ausencia en los partidos del Pontevedra decidió regresar por todo lo alto, con su habitual megáfono y ganas de celebrar con su equipo un ascenso deseado por todos. 

Y no defraudó nadie, como no lo hicieron en los encuentros más decisivos del final de temporada. La comunión plantilla-afición tuvo este domingo su última ceremonia oficial de la temporada, quizás la más importante de todas debido a que era la que ponía el punto y final a un año duro, era el día en el que el éxito conseguido hace una semana se hacía oficial. 

Durante el encuentro las gradas de la Nueva Balastera se llenaron de bufandas, banderas y camisetas granates, que se encontraban en armonía con una afición local que también tenía ganas de finalizar la mañana celebrando que su equipo era de play-off. 

Los cánticos y gritos de aliento se repartieron a lo largo de los 90 minutos y es que la afición sabía desde antes de empezar que este domingo era un día de celebración, de fiesta, de dar ánimos pero con la convicción de que nada podía arrebatarles lo conseguido hace una semana. Tan solo un hecho que se podría considerar casi paranormal podría evitar que los granates celebrasen el título y la vuelta al tercer escalón nacional. 

Tras el pitido final se desató la fiesta entre los jugadores de los dos equipos y los grupos de seguidores de ambos

Por eso con el paso de los minutos el ánimo fue yendo a más, subiendo de intensidad y cuando el árbitro indicó el tiempo añadido de la segunda mitad, la grada inició su propia celebración descontando los minutos que quedaban para hacer efectivo el salto de categoría. 

El pitido final fue la señal que indicaba el inicio de la celebración oficial. La plantilla se dirigió a la grada, como viene siendo habitual, a celebrar con ese puñado de valientes y locos lo conseguido. El campo se convirtió en una fiesta, con cada afición festejando con su respectivo equipo: unos el título y el ascenso y otros el acceso al play-off. Dos aficiones y dos equipos que disfrutaron juntos, formando una unión entre seguidores y jugadores que primero se vivió dentro de la Balastera y que después se desplazó a los exteriores del estadio. 

Y es que ya fuera de los muros del campo palentino la fiesta continuó. Ambos equipos saltaron, cantaron y celebraron al ritmo de los cánticos. Los jugadores del Pontevedra, con Álex González a la cabeza, iniciaron una conga por el aparcamiento del estadio junto a unos seguidores que no dejaron de botar y disfrutar, demostrando que la celebración del pasado domingo fue solo el aperitivo. Las bengalas volvieron a ser protagonistas, de la misma manera que hace una semana en la Boa Vila, y jugadores y aficionados se dejaron la voz en cada grito de guerra, de felicidad y en cada frase, canción o palabra que demostrase que el Pontevedra es de Primera RFEF.

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