Gerardo Dios: "Los verdaderos creadores del Pontevedra fuimos Soto y cuatro futbolistas"

Su DNI delata su edad, aunque no su agilidad mental y estado físico. Lo que cuenta lo hace en primera persona, como protagonista, y no porque un día lo leyera o lo escuchara sino porque lo vivió. Las anécdotas e historias abundan en una conversación con alguien que dispone de una memoria prodigiosa y que disfruta narrando parte de la historia deportiva pontevedresa de los años 30, 40 y 50, una época en la que la ilusión y las ganas de jugar lo superaban todo. Sabía que profesionalmente no se dedicaría al fútbol "pero era mi vida. Estudié, aunque realmente lo que a mí me gustaba era jugar".
Gerardo Dios, durante la entrevista. RAFA FARIÑA
photo_camera Gerardo Dios, durante la entrevista. RAFA FARIÑA

En el nacimiento del Pontevedra Club de Fútbol se pueden diferenciar tres grupos de personas. El primero formado por aquellos que lo promovieron, en cuya tarea desempeñó un papel absolutamente determinante José Soto Martínez. El segundo está integrado por los que oficialmente lo fundaron, en lo que fue bautizado como El pacto de las Palmeras, y en el otro están los que jugaron, el 28 de diciembre de 1941, el primer partido en la historia del conjunto granate.

Del selecto primer grupo forma parte Gerardo Dios, por aquel entonces un chaval de 16 años con sueños de futbolista que, junto a Juan Corbacho, es el único superviviente de aquellos que, de una u otra forma, participaron en el nacimiento de la entidad que hoy cumple 72 años y, como si fuera ayer, recuerda que si el Pontevedra nació, el 16 de octubre de 1941, fue gracias a José Soto Martínez, una persona clave en la historia del deporte de la ciudad del Lérez en la década de los 30 y 40, no en vano también fue uno de los creadores de la Sociedad Deportiva Teucro.

"Soto Martínez fue el culpable de la fusión, el primer y principal promotor, porque puso de acuerdo a todas las partes. Era un gran apasionado del fútbol y como los dos clubes que existían (Eiriña y Alfonso) estaban en una situación muy delicada después de la Guerra Civil, él se propuso crear un único club en el que se dieran cita todas las personas a las que les gustaba el fútbol".

El conflicto bélico había truncado las ilusiones del pueblo. Había dejado el país en una situación de penuria en la que el fútbol no tenía lugar de ser. Eran momentos oscuros, posteriores a unos años 30 en los que en la ciudad se vivía una extraordinaria rivalidad entre el Alfonso y el Eiriña. Aunque la época de esplendor había acabado todavía existían partidarios de unos y otros, como recuerda, por lo que "Soto (José Martínez) quería crear un club en el que se reunieran todos", para lo que decidió que "llevara el nombre de la ciudad y el color de la camiseta fuera el mismo que había lucido un anterior club ya desaparecido, el Athletic Pontevedra (debido a este club, el Lanús argentino también viste de granate), y el pantalón era blanco". Por eso, este apasionado del deporte desde pequeño no entiende por qué "se cambió al azul. Los verdaderos colores del Pontevedra son el granate y el blanco", recalca, "sé que era porque el blanco se manchaba mucho, pero había lavanderías. Él (José Soto Martínez) puso esos dos colores porque combinaban muy bien".

Antes del nacimiento del Pontevedra José Soto Martínez, de profesión miembro del cuerpo de prisiones, era el secretario del Eiriña y Gerardo Dios tiene claro que "para no crear recelos en los demás, sabía que el presidente del nuevo club tenía que ser alguien del Alfonso, y el más adecuado era Fernando Ponte".

Los recuerdos sobre Soto Martínez afloran en su prodigiosa cabeza (con 88 años tiene una extraordinaria agilidad mental y un gran estado físico) del que fue un veloz interior izquierdo y lateral derecho. "En aquella época era la persona más importante en el fútbol pontevedrés porque era muy trabajador. Él solo consiguió que no desapareciera la liga de modestos durante la Guerra. Había creado el Petit Eiriña, que era el equipo de infantiles del Eiriña, que fue donde me conoció, era el alma máter del Eiriña y se propuso crear un club fuerte". Aquel conjunto tenía el nombre porque, cuenta Gerardo Dios, "José Soto tenía un hermano en Francia y en aquella época era habitual ponerle a los equipos un primer nombre en inglés o francés".

Para ese propósito comenzó a reclutar gente y lo primero que hizo fue conseguir a cuatro jugadores: "Foro (fallecido el pasado 7 de septiembre), Vilas, Domínguez, que era un gran portero, y yo. Realmente esos fuimos los fundadores del club, que comenzó a dar sus primeros pasos gracias a nosotros".

Aunque la historia recoge que el Pontevedra nació como consecuencia del acuerdo suscrito, el 16 de octubre de 1941, por las directivas del Eiriña y del Alfonso, Dios recalca que lo del "Pacto de las Palmeras solo fue un paripé. Todo estaba acordado antes de ese día gracias a Soto Martínez", explica, antes de continuar con su fluido relato asegurando que, "una vez que ya había jugadores y todos estábamos de acuerdo con la creación del club, Soto comenzó a crear una directiva y todo culminó con el ‘Pacto’, que fue en las Palmeras porque Fernando Ponte, que iba a ser el primer presidente, era militar y tenía el despacho en el cuartel de las Palmeras (en la actualidad sede del Subdelegación Militar). Era un sitio cercano para que saliera un rato de la oficina". Entre los secretos que desvela está que "lo del pacto había sido una idea de un periodista, De la Torre, para dar más realce al nacimiento del nuevo club".

Partiendo de los cuatro futbolistas (Domínguez, Vilas, Foro y el propio Gerardo), cuenta que le habían dado el sí a Soto antes de que el Pontevedra CF fuera una realidad. Los dirigentes comenzaron a reclutar más futbolistas, "mucho de ellos veteranos. Yo era el más joven de todos, con 16 años".

El día

El histórico primer partido fue un amistoso contra el Celta en Pasarón, que ni mucho menos era como hoy y ni siquiera como la memoria colectiva lo recuerda. «No tenía gradas, ni tampoco cierre. El terreno de juego estaba separado por una valla de madera», aunque antes de jugar allí "lo hacíamos en A Xunqueira y en el campo del Progreso (entre la travesía de A Eiriña y el Hospital Provincial)". Aunque también recuerda haber jugado en el campo de la Virgen del Camino (actualmente Frei Juan Navarrete), donde coincidió con Domínguez, que fue su compañero en el Pontevedra. "Un porterazo que hasta marcaba goles" porque "era el que tiraba los penaltis. No fallaba uno". Si se le pide que se compare a su amigo con alguno de los guardametas actuales, elige a Víctor Valdés. "Sí, sí, Valdés. Era parecido a Valdés, jugaba muy bien con los pies y paraba muchísimo». Además, desvela que «también era un buen delantero".

El estreno granate se produjo el 28 de diciembre, pero Gerardo Dios no jugó aquel encuentro porque se encontraba en Santiago pasando la reválida. "Mis padres querían que estudiara y yo lo que quería era jugar al fútbol. Mis padres no me dejaron venir". Asegura que no era un buen estudiante, entre risas, aunque esa afirmación queda devaluada cuando uno descubre que se licenció en Químicas por la vía rápida.

Aunque no se enfrentó al Celta, formaba parte de aquel equipo que meses después comenzó su andadura oficial disputando el Campeonato Gallego de aficionados. "Tuve la suerte de jugar la liga" en una época en la que disputar partidos era muy complicado porque no existía la posibilidad de hacer sustituciones, por lo tanto si alguien se lesionaba o estaba jugando mal tenía que continuar en el campo, por lo que acumular encuentros era una tarea ardua, y más si se tiene en cuenta que la plantilla estaba integrada por la friolera de 34 futbolistas (en la temporada siguiente, 41), por lo que es raro encontrar una alineación repetida, y más en la delantera, donde había hasta 15 posibilidades.

A pesar de ser el más joven de la plantilla, Gerardo, como aparece en la mayoría de las crónicas de aquel tiempo, fue de los jugadores más usados, y más si se tiene en cuenta que por delante de él tenía a futbolistas de la calidad y el prestigio del recientemente fallecido Foro. Una de sus virtudes es que "podía jugar en dos posiciones», aunque «lo que me gustaba era de interior izquierdo porque era muy rápido y fuerte".

Era tan joven para la época que su progenitor tuvo tramitar una habilitación, que era como una emancipación, que en este caso le servía para poder jugar al fútbol porque "para poder disputar el campeonato de aficionados había que tener 18 años y la mayoría de edad estaba en los 21 y yo tenía 16", por lo que, con el consentimiento de su padre, el "club tuvo que hacer una excepción y así tramitarme la ficha". Todo valía para poder hacer realidad su sueño, el de vestir la camiseta del club del que, gracias a Soto Martínez, fue uno de los promotores.

En el Pontevedra tan solo estuvo dos temporadas, la 41-42 y la 42-43, porque "después me fui definitivamente a Santiago a estudiar la carrera", pero desde aquel entonces el chaval al que llamaban pulgarcito, por lo pequeño que era, y al que ni los rivales ni tampoco los campos embarrados podían detener, tiene el corazón granate, no en vano recibe al periodista y al fotógrafo ataviado con la camiseta del club de su vida, que le regalaron hace unos años sus nietos. Por ello se entristece con lo poco que los dirigentes del Pontevedra han respetado y cuidado a aquellos que dedicaron parte de su vida a forjar un club con el que no pudieron ni las penurias de una dura posguerra, ya que para conquistar el futuro hay que cuidar el pasado.

Han pasado algo más de setenta años desde que dejó el club granate, pero no tiene ninguna duda de que "en el Pontevedra me hice mayor y crecí alrededor de unos compañeros excepcionales".

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