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Goles como receta para olvidar

Diego Martínez, este miércoles a las afueras del Municipal. DAVID FREIRE
Diego Martínez, este miércoles a las afueras del Municipal. DAVID FREIRE
Tras 18 meses sin jugar un partido oficial por una lesión de hombro, Diego Martínez retornó a las pistas marcando siete dianas en su debut con la Sociedad Deportiva Teucro

Dudas. Incertezas. Nervios. Un año y medio sin competir por una lesión de hombro solo puede generar esas sensaciones. Aunque sea justo en el momento de volver a verse en de nuevo en la casilla de salida. Diego Martínez (A Coruña, 1997) habría soñado mil y una veces con el regreso. Pero seguro que en un alto porcentaje de las fantasías de su mente, la vuelta a las pistas no iba tan bien como finalmente sucedió. Porque el retorno de Martínez a un encuentro oficial fue prácticamente mejor que cualquier regreso soñado: siete goles –pese a que el acta cifra cinco–, minutos de calidad desde el lateral izquierdo y un Teucro que ofreció una imagen notable. Tan solo faltó la victoria. "Pero yo me fui contento para casa. Burgos es un muy buen equipo y les competimos. Perdimos porque tuvimos muchos errores no forzados. Es normal siendo un bloque tan nuevo y joven", apunta Diego.

El primera línea coruñés inició el pasado sábado su segunda aventura en la División de Honor Plata. Una categoría en la que debutó en Villa de Aranda, hace un par de temporadas. "Yo soy muy de la familia. Y me fui muy joven. Me pesó. Estaba a 500 kilómetros de la familia y solo pude volver una vez en seis meses. Tuve problemas personales y por eso decidí volverme", expresa Martínez. Entonces, decidió regresar al OAR, su equipo de toda la vida. Pero en marzo del 2019, su progresión se cortó. Ante Lalín se hizo daño en uno de sus hombros. Y la lesión, unida a la pandemia, le hizo estar en el dique seco hasta hace unas semanas. "En agosto volví en los amistosos. Pero no tiene nada. Estaba nervioso porque hacía mucho que no competía", reconoce el coruñés, más que satisfecho con el debut en un Teucro al que llegó a prueba este verano. "Mi intención era volver a jugar en Plata. Mi representante me ofreció y el Teucro apostó por mí para verme. A los pocos días de estar entrenando, tanto Milucho (Pintos) como Irene (Vilaboa) me dijeron que no había problema, que querían que me quedase", apunta el lateral, consciente de que ahora debe responder a la confianza. "Yo sé que puedo dar mucho más una vez que se me vayan del todo los fantasmas de las lesiones", reconoce.

Sobre las expectativas de cara a esta temporada, Martínez apunta que ve una competición "muy igualada". "La Plata es siempre así, independientemente del formato. Ganas dos partidos y estás arriba", manifiesta Diego. Pese a ello, el jugador teucrista afirma que al equipo le "costará al principio", aunque no considera que él tenga que ser uno de los que tire del carro. "En general, somos un grupo joven. Pero eso también es positivo porque no le tenemos miedo a lo que hay delante", apunta Martínez, que después de haber visto muy lejos la luz al final del túnel, también ha disipado sus miedos con un debut brillante.

Conexión azul. Con Davor Cutura empezó todo
Aunque hasta hace unas semanas no se hiciese realidad fructificando en un contrato, la relación entre Pontevedra, el Teucro y Diego Martínez comenzó hace aproximadamente una década. Con unos 13 años, el coruñés acudió en verano a la Boa Vila como una más de las decenas de niños que han pasado por el Campus de Davor Cutura. En aquel momento, Milucho Pintos era uno de los entrenadores del evento. El actual director deportivo azul se fijó ya en aquel chico que jugaba en el OAR y no le perdió la pista, ayudado por su presencia en los combinados autonómicos.

"En aquel momento, lo compaginaba con el fútbol. Era portero, porque mi padre me lo inculcó desde los 3 años. En cadetes tuve que decidir y me decanté por el balonmano, a pesar del disgusto de mi padre. En mi casa somos muy futboleros y del Dépor a muerte", expone Martínez.

Precisamente en aquel campus conoció al que hoy es su mejor amigo en la plantilla: Víctor Deco, también recién llegado. "Vivo con Fede (Werbmter) y Cristian (Remeseiro) y la verdad es que muy bien. Pero mi día a día es con Víctor. Nos conocimos allí y ya no perdimos el contacto. Ayudó que la familia de mi padre fuese de un pueblo de Sevilla, como él", reconoce.

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