El hombre de la máscara de hierro

Apasionado del fútbol, un deporte del que vive desde hace 31 años, Ángel Rodríguez llegó a Pontevedra con el claro objetivo de ascender y lo ha cumplido. Siempre sin perder su esencia.
Ángel Rodríguez, durante un encuentro esta temporada. JAVIER CERVERA
photo_camera Ángel Rodríguez, durante un encuentro esta temporada. JAVIER CERVERA

Llegó ya con el verano empezado, poco tiempo antes de que el equipo regresase al trabajo y con la plantilla prácticamente confeccionada. Lo hizo solo, sin ayudante alguno conocido dentro del cuerpo técnico, más allá de un director deportivo con el que había coincidido en Vigo y Las Palmas. Toni Otero, después de un largo proceso en el período estival nada más llegar al club, acabó apostando por él como técnico. Y la apuesta salió redonda.

Porque Ángel Rodríguez Nebreda (León, 1972) ha conseguido llevar la nave a buen puerto. Pese a que el objetivo era ambicioso y la meta estuvo cargada de obstáculos. Como no podía ser de otra manera en un club con un entorno exigente, que venía de varias decepciones deportivas consecutivas y que se encontraba totalmente fuera de categoría tras la agresiva reestructuración de las categorías bajo el amparo de la Real Federación Española de Fútbol.

Quizá por esa necesidad de llegar, ver y vencer, por su propio carácter diferente al autóctono de Galicia, por encontrarse en un entorno desconocido y alejado de su familia o por su condición de hombre muy vinculado al fútbol de élite desde los 17 años, Ángel Rodríguez ha dado la sensación de ser un hombre escondido bajo una máscara de hierro. Sin ser arisco, nunca ha terminado de abrirse del todo en público. Sin ser lejano, no tiene un colegueo mayúsculo con los futbolistas. Sin ser maleducado, es directo y dice lo que piensa en cualquier tipo de esfera.

Son aspectos que le otorgan esa aura de hombre distante y hasta frío. Y por la cual quizá no ha terminado de conectar del todo con una afición granate acostumbrada a personas más pasionales en los últimos tiempos. Sin embargo, incluso los más escépticos dentro de la hinchada han tenido que acabar reconociéndole el mérito de ascender a un equipo con déficits, pero que ha acabado siendo el mejor de largo, el más regular y el que ha practicado un fútbol más vistoso y ofensivo.

Sin embargo, poco tiene que ver el Ángel real con ese Rodríguez escondido bajo una máscara de hierro. Porque el preparador granate es en el día a día un hombre muy cercano, abierto y hasta ocurrente con aquellos a quienes considera de su entorno. Así lo ha sido durante toda la temporada. Y todo pese a que llegó, prácticamente, con una mano delante y otra detrás. El leonés se adaptó en tiempo récord a su nuevo grupo de trabajo. Y su grupo de trabajo a él. Tanto que la relación laboral se extrajo también a aspectos más alejados del terreno de juego. Así, fue habitual ver al cuerpo técnico del PCF ser una pandilla camuflada en el ambiente de la Praza do Teucro los jueves por la noche, aprovechando que las sesiones de los viernes suelen ser más light.

DIALOGANTE. Ese tipo de actividades extrafutbolísticas permitió consolidar lazos de unión en un cuerpo técnico con una clara cabeza visible, pero en el que todos y cada uno de sus miembros tenían voz y voto. Porque el consenso hasta llegar a puntos comunes en todos los aspectos relativos al equipo fue una máxima para un Rodríguez que, con su experiencia, podía haber tirado por la calle de en medio y hacer oídos sordos. Pero nada más lejos de la realidad. Y eso que Ángel Rodríguez es un tipo tremendamente metódico, al que le gusta tener todo controlado.

Llegó además el preparador con fama de pretender que sus equipos jueguen un fútbol asociativo y lo más vistoso posible. Parte de culpa por ese gusto la tiene su estancia en el Fútbol Club Barcelona, que le dio la oportunidad de formarse en La Masía y coincidir, entre otros, con compañeros como Pep Guardiola. Su carrera como jugadores les llevó por caminos diferentes, pero Rodríguez mamó mucho balompié entre Primera, Segunda y Segunda B. Precisamente en la categoría de plata conoció a Paco Herrera, a la postre su mentor en la profesión de entrenador. Herrera tan solo estuvo una campaña al frente del equipo almeriense, pero fue suficiente para que el técnico catalán y un Ángel que ya empezaba a mirar de reojo al momento en el que tuviese que colgar las botas conectasen.

Esa sensibilidad común en su pasión por el fútbol terminó haciendo que Herrera tirase de él en cuanto Rodríguez dijo basta a seguir bregando en el centro del campo. Bajo Herrera terminó de moldearse como técnico un tipo capaz de exigir al jugador, pero también de convencerle a través de los hechos. Porque a Rodríguez, de carácter directo, no le tiembla la voz a la hora de decir las cosas. Tanto a la propia persona en cuestión como de manera pública. Con matices, prefiere ser claro y honesto antes que engañar a la gente.

Ha sido precisamente ese carácter y esa claridad de ideas una de las claves para no dudar siquiera en los peores momentos de un equipo que empezó mal en cuanto a resultados. Pero desde el principio, él mantuvo el discurso: únicamente los errores puntuales estaban penalizando a un conjunto que, en cuanto los subsanase, crecería. Y así fue. El PCF fue el mejor bloque a partir del segundo mes de competición. Y todo pese a que el Unión Adarve no decidió bajar su altísimo ritmo de puntuación hasta la segunda vuelta.

Entre la escalada hacia el éxito, Rodríguez tuvo que lidiar con la muerte por una rápida enfermedad de su madre, asentada en Aranda de Duero (Burgos). Asumió el mazazo moral y siguió trabajando como si nada en pos de un ascenso que le coloca en el escaparate como un hombre con plenitud de acierto en sus proyectos individuales, un juego vistoso y el extra de haber sido futbolista y alumno de Paco Herrera. Todo a base de una extrema profesionalidad que le lleva a parecer el hombre de la máscara de hierro, pero que bien podría ser de oro por el éxito cosechado con el Pontevedra.

 

Trayectoria | Su tercer ascenso desde el banco
Seis temporadas completas en los banquillos y tres ascensos. Así es el bagaje de Ángel Rodríguez, un técnico que según el propio Paco Herrera "tardó demasiado" en empezar a volar solo. Y es que el actual preparador del Pontevedra estuvo durante más de siete años acompañando al catalán en todas y cada una de sus experiencias en España. 

El preparador leonés vivió junto a Paco Herrera cuatro temporadas completas de principio a fin. Y en dos de ellas, el proyecto acabó en ascenso: el Celta de la 2011-2012 y el de Las Palmas de la 2014-2015. 

Tras Valladolid, donde se quedaron a las puertas del play-off a Primera, y una última etapa en Zaragoza, Rodríguez inició su propio camino como entrenador. Y encontró en el Langreo un primer lugar en el que crecer. El conjunto de la cuenca asturiana lo reclutó en un momento complicado, tras la temporada postparón por la pandemia. Respondió Rodríguez con un éxito en forma de colarse en el grupo para pelear por el acceso a Primera RFEF, en el que logró derrotar al Deportivo de La Coruña, entre otros. Un éxito no tan reluciente como un ascenso, pero igual o más de meritorio teniendo en cuenta las circunstancias del equipo. 

Este buen curso le sirvió para ser una de las opciones de Toni Otero y convencer a Lupe Murillo. Estaba claro que la apuesta no era un farol.

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