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Irún, el prólogo de la leyenda granate

Neme, en el centro de la imagen, en el partido disputado en Irún. ARCHIVO
Neme, en el centro de la imagen, en el partido disputado en Irún. ARCHIVO
Este sábado se cumplen 55 años desde que el Pontevedra logró ascender por segunda y última vez a Primera División tras empatar 0-0 en el Stadium Gal

Nada cae en el olvido si hay alguien que es capaz de recordarlo. En una época en la que la televisión estaba lejos de ser el medio de comunicación de masas que es hoy en día, los móviles eran una quimera e Internet solo existía en las mentes más futuristas, un grupo de futbolistas se empeñaron en trascender generaciones y devolverle a una pequeña ciudad al sur de Galicia la gloria que apenas había podido paladear un año antes. Iniciaron una epopeya entre gigantes. Con el carácter tenaz como espada y la ilusión del humilde como escudo ante los más grandes nació la leyenda del Hai que roelo! el sobrenombre con el que el Pontevedra Club de Fútbol fue conocido durante los años 60 en toda España y que, cuentan, incluso le llevó a colarse entre las páginas del lejano Pravda soviético como ejemplo de conjunto obrero.

Pero toda historia épica tiene que tener un un prólogo. Y el prólogo de aquella narración tuvo su punto y final en Irún, hace este sábado exactamente 55 años. Aquel 4 de abril de 1965, el Pontevedra Club de Fútbol logró por segunda vez ascender a la máxima categoría. Lo hizo de una forma mucho menos dramática que su primera promoción, cuando el Gol do Allo de Rafa Ceresuela, contra el Celta de Vigo en un partido taquicárdico, le permitió alcanzar la Primera División del balompié nacional. En aquel 1965, a falta de tres encuentros por disputarse, el PCF tan solo necesitaba un punto para conseguir ser campeón de aquel Grupo Norte de Segunda y ganarse un puesto nuevamente en la élite. Y lo logró en un abarrotado Stadium Gal de Irún.

SOLVENCIA. Según cuenta la crónica de Diario de Pontevedra del martes 6 de abril de 1965, los granates no tomaron excesivos riesgos y amarraron el empate (0-0) ante un colista que se jugaba la vida y finalmente acabó descendiendo. Marcel Domingo, arquitecto de aquel equipo y leyenda posterior en el Atlético de Madrid (ganó la liga como portero y como entrenador) alineó para aquel encuentro un once compuesto por: Rodri, Calleja, Batalla, Cholo, Azcueta, Recalde, Vallejo, Constantino Roldán, Ceresuela, Iglesias y Neme. El equipo granate demostró, una vez más, su enorme solvencia defensiva (encajó 17 tantos en 30 encuentros de liga esa temporada) y se metió en el bolsillo el punto necesario para volverse con el ascenso en la maleta.

A falta de imágenes en directo por televisión, aquel éxito tan solo pudo ser observado por unos pocos. Pero todo el mundo en la Boa Vila se las había apañado para estar pendiente del encuentro. Y así se demostró al regreso del equipo. "Vinieron a buscarnos en coches a un alto en el que parábamos para acompañarnos desde ahí a Pontevedra", recuerda Eduardo Calleja, quien a sus 83 años guarda en la mente algunos recuerdos nítidos de aquel entonces. Y aquellos que se han difuminado, los repasa estos días en la colección de recortes y libros sobre aquellos tiempos que guarda en su casa de Alcalá de Henares.

Calleja apunta que aquello fue "la antesala del Hai que Roelo!", una teoría compartida también por otro histórico futbolista granate como Martín Esperanza. "Fue una temporada brillantísima, quizá la mejor junto con la siguiente, que también resultó muy exitosa", apunta. Y es que unos pocos meses después, el Pontevedra logró alcanzar el liderato de la Primera División y fue capaz de finalizar la campaña 65-66 en un brillante séptimo puesto.

La época dorada granate continuó unos años más, hasta que el tiempo y la economía doblegaron a un equipo que ilusionó a toda Galicia y que hace 55 años comenzó a forjar su leyenda.

"El ascenso era algo que se veía venir"

Eduardo Calleja, que tuvo que pagar su libertad al Real Madrid para volver al Pontevedra a pesar del descenso a Segunda, recuerda a aquel PCF como "un equipo fortísimo" con "un entrenador muy bueno".

"Marcel Domingo fue, junto a Héctor Rial, el mejor técnico que tuve. Físicamente nos tenía muy bien preparados", expresa el madrileño. En este sentido, el segundo jugador que más veces ha vestido la camiseta granate en Primera, reconoce que esa temporada se les dio "de maravilla". "Fuimos escalón a escalón. El ascenso era algo que se veía venir. Nos sobraron partidos", apunta.

Para el madrileño, la clave estuvo en Pasarón: "Ganamos la liga en casa". Razón no le falta al defensor, ya que el equipo hizo pleno de 15 victorias en sus 15 encuentros como local. Pero si Calleja era uno de los hombres claves de aquel equipo que ya acumulaba dos años con el mismo bloque, otro futbolista trascendental para aquel ascenso y que había llegado a Pasarón para el debut en Primera fue Martín Esperanza. Para el ourensano, aquel año fue "bastante exitoso" en gran parte también gracias a los "grandes refuerzos de Neme y Rodri".

"Neme era un gran goleador. Rodri era el portero que vino cedido del Atlético de Madrid. Al año siguiente, ya lo reclamaron", recuerda. Esperanza apunta que la campaña comenzó "con dificultad". "Perdimos 3-1 en Gijón con dos expulsiones, una de ellas mía. Pero a partir de ahí, nos mantuvimos muy firmes. Fue miel sobre hojuelas", expresa desde Portonovo.

Tanto fue así que Martín rememora que el último partido en casa, contra el Ourense, el equipo ya no se jugaba nada. Luego cerró la liga en Burgos, donde el PCF cosechó su quinta derrota, todas a domicilio. "Fue una temporada brillantísima", recalca quien disputó 135 partidos en Primera de granate.

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