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La madre de la lucha olímpica

Lydia Pérez aplicando una técnica de lucha a su madre, Mati Touriño, voluntaria en la cafetería del Pavillón Municipal. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Lydia Pérez aplicando una técnica de lucha a su madre, Mati Touriño, voluntaria en la cafetería del Pavillón Municipal. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Tras tantos años viendo brillar en el tatami a una estrella como Lydia Pérez era difícil que Mati Touriño no acabase forjando un vínculo tan fuerte con la lucha como para cerrar su negocio durante el Campeonato Europeo Júnior de Luchas Olímpicas para involucrarse al completo con el evento

Para muchos apartarse durante unos días del trabajo es sinónimo de relajación, calma y esparcimiento, tiempo libre en el que desconectar de la rutina habitual y las jornadas maratonianas, algo muy lejos de la realidad que Mati Touriño Cernello está viviendo durante la celebración del Campeonato Europeo Júnior de Luchas Olímpicas.

Arrastrada al ámbito de la lucha por la fuerza de un huracán llamado Lydia Pérez, esta madre orgullosa y trabajadora nata lleva más de una década vinculada a un deporte que la ha atrapado por completo. Es tal la pasión que se destila de este compromiso tácito que, con el objetivo de colaborar con el evento, Mati decidió cerrar durante tres días la tienda de productos gallegos que regenta y contratar a una persona para que la substituyese durante otros cuatro.

Así, impulsada únicamente por las ganas de ayudar, Mati no dudó en ponerse detrás de la barra de la cafetería del Pavillón Municipal dos Deportes, punto habitual de reunión de más de 1.500 personas de 37 nacionalidades distintas, un escenario en el que pasa más tiempo que los propios deportistas pues "es una semana en la que queremos recaudar lo máximo posible. ¡Nos falta dormir aquí!".

Aunque en el ejercicio de su labor como voluntaria la comunicación, ligada a la gran variedad lingüística que caracteriza a este tipo de citas, podría ser un inconveniente, "ver tanta gente joven que lucha por sacar adelante este deporte y el ambiente, que es muy bueno, es lo que más me gusta", explica Mati, añadiendo que "aunque no dominamos bien el inglés nos entendemos con todos, hasta con los rusos".

Si bien esta es la primera vez que contribuye activamente en el desarrollo de un campeonato de estas características, lo cierto es que, al igual que la mayor parte de las familias, acude a la llamada de la lucha siempre que puede. "En lo que nos necesitan estamos siempre", asegura con rotundidad en este sentido, añadiendo que, además de preparar tortillas, bocadillos o empanadas para las reuniones puntuales o vender lotería navideña in extremis, ha acogido en su casa en multitud de ocasiones a luchadores extranjeros con el objetivo de facilitarles así la participación en eventos internacionales reduciendo el elevado coste que eso conlleva.

Con todo, el vínculo que une a Mati Touriño con la lucha trasciende, en cierto modo, a su papel de madre, pues desde hace dos años ejerce de presidenta en el Club de Loita Pontevedra, una decisión que confirma el fuerte idilio que mantiene con la lucha.

"Me da mucha pena que este deporte se conozca tan poco y sea tan poco apoyado, sobre todo en Galicia, ya que en España somos de los mejores", lamenta Mati. Así, refiriéndose a la trascendencia del evento en la ciudad, critica la falta de proyección del mismo. "Creo que teníamos que haber instalado algunas banderas, unos carteles o algo para que la gente de la ciudad se entere", y viva en primera persona un deporte que, sin darse cuenta, se ha convertido en uno de los pilares de su vida.

Acostumbrada a sacrificar su tiempo y dinero por ver a su hija brillar en multitud de citas autonómicas, nacionales e internacionales, en esta ocasión ambas visten la misma camiseta y comparten objetivos pues, aunque Lydia Pérez no participa en la competición, Mati Touriño no dudó en volcarse por completo aportando algo tan valioso como todo el cariño que solo una madre puede ofrecer.

Criando una leyenda viva de la lucha
"Desde pequeña siempre tuve claro que quería que hiciese algún deporte", explica Mati Touriño aludiendo a su hija, Lydia Pérez, luchadora del Club de Loita Pontevedra y una de las deportistas gallegas más destacadas en el panorama nacional.

Tras haber probado suerte en natación, kickboxing o taekwondo, Lydia decidió que la lucha era su deporte por lo que Mati no dudó en apoyarla desde el primer momento. "Muchos padres oían la palabra lucha y se asustaban. Yo me informé de lo que era y nunca le puse problema", comenta en este sentido, destacando que "tuve la suerte de que son una gran familia, que es lo que buscaba".

"Cuando hablas de lucha olímpica todo el mundo se queda con lucha y se echan las manos a la cabeza. Después, cuando lo explicas o empiezan a verlo, ya cambian de idea", comenta Mati, pues en más de una ocasión tuvo que lidiar con los estereotipos derivados del desconocimiento de este deporte.

Así, aunque asegura que ya perdió la cuenta del número de medallas conseguidas por su hija, recuerda con exactitud una situación vivida con una profesora al respecto de la imagen imperante cuando la lucha sale a la palestra.

"Recuerdo que una profesora de Lydia me había sugerido que la sacase de la lucha, que ese no era un deporte para una niña, que era un deporte muy violento", cuenta, añadiendo que "hace poco, se encontraron y le reconoció que se había equivocado".

Consciente del talento de su hija, Mati no solo se mantuvo siempre a su lado como mera observadora, sino que contribuyó activamente con su carrera tanto en el día a día como en las situaciones más complicadas. "En su primer Europeo la Federación no podía pagarle el viaje a Lydia y se lo pagué yo. Se había ido a Montenegro y recuerdo que fueron 1.500 euros. Me busqué la vida por todas partes ya que económicamente supone un esfuerzo muy grande", asegura.

La madre de la lucha olímpica
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