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La nueva vida de Dani

Dani Hernández, junto a su hijo, celebrando el ascenso de 2017 a Asobal. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Dani Hernández, junto a su hijo, celebrando el ascenso de 2017 a Asobal. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

Hernández habla sobre su salida del Teucro ante la oportunidad que se le abrió a él y a su mujer en Torrelavega ▶"Nos costó dar el paso por mi hijo, solo ha mamado azul", reconoce

Se despidió hace menos de un mes con lágrimas en los ojos en una comparecencia pública. Y lo hizo poco después sobre la pista, con una ovación del Municipal en un choque que no pudo jugar por lesión ante un Torrelavega que era, precisamente, su futuro.

Todavía asimilando el reciente adiós y adaptándose a su nueva vida, Dani Hernández rezuma ilusión por un proyecto naranja (el de fichar por el Ford Alisauto Balonmano Torrelavega) que, junto a la posibilidad de su mujer de trabajar en Cantabria, le hizo cerrar cuatro años y medio de su vida.

"Mi hijo sólo quiere el azul. De hecho, me dice que ni siquiera me querría ver con la selección porque no es el Teucro"

"Se dieron una serie de circunstancias. Por un lado, a mi pareja le salió un trabajo allí. Por otro, a mí me quedaba medio año de contrato en Pontevedra y en Torrelavega me ofrecían hasta 2021. Es un proyecto muy bonito, a medio-largo plazo y con muchas posibilidades de crecer", destaca desde la región cántabra el burelense, asturiano de nacimiento.

Dani continúa analizando aquellas semanas finales de 2018 de incertidumbre, difíciles para él. "Costó mucho dar el paso. Por lo que más, por nuestro hijo. Él estaba muy contento en el colegio, tenía amigos... Y es muy del Teucro. Tiene su camiseta, conoce a todos los jugadores... Solo ha mamado azul desde que tenía un año hasta los seis que tiene ahora", apunta Hernández, que explica que su pequeño no lo quería ver con otro color ni aunque fuese el rojo de la selección española: "Papá, tú no vayas ni con esos. Tú solo con el Teucro".

Sin embargo, pese a las reticencias iniciales de su retoño, Dani comenta que, por el momento, las cosas no pueden ir mejor. "Tiene sólo seis años y no le costó adaptarse. Lleva dos días en el cole y ya ha hecho amigos. Es un chaval abierto y que su tío también esté aquí, ayuda", señala aliviado.

Precisamente ese sentimiento teucrista es algo que comparte con su hijo. "Estos últimos cinco años han sido una de las etapas más bonitas de mi vida", reconoce el primera línea, que explica que en Palma del Río también fue "muy feliz".

Sin embargo, el Teucro es el Teucro. "Llegué con 33 años, pero muy ilusionado. Había estado con Quique Domínguez en el Octavio y él me cambió totalmente la manera de ver el balonmano. Cuando me llamó para fichar en Pontevedra, no me lo pensé", reconoce.

En el Pabellón Municipal, asegura, solo vivió "éxitos". "Son cuatro temporadas fantásticas. El primer año ascendemos. El segundo, luchamos hasta el final en Asobal jugando bien. El equipo no daba para más. Luego volvimos a ascender, con lo difícil que es eso. Y el pasado curso, nos salvamos holgadamente", resume el lucense.

Su llegada, en 2014, le devolvió a sus inicios, cuando firmó por los juveniles del Teucro. "Destacaba en Burela, en una liga local. Cuando llegué a Pontevedra, me di cuenta de que no sabía nada de balonmano. Fueron momentos frustrantes, pero acabé bien la temporada y firmé por Ademar", recuerda. De aquello hace ya más de dos décadas. Pero siempre con el azul en su sangre.

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