Jacobo Estors recuerda el apasionante derbi de Poio del año 2011

«Llegamos al descanso siendo líderes, pero al final perdimos 4-2. Les dejamos ganar». Algún comentario jocoso adorna el recuerdo de Jacobo Estors sobre el derbi celebrado en Poio en enero de 2011. No fue un sábado cualquiera. El entrenador vigués, genio y figura dentro y fuera de la cancha, no puede olvidar aquel día en que su equipo estuvo a punto de conquistar A Seca. «Al final nos ganaron porque mis jugadores no me escuchaban. Cada vez que pedía un tiempo muerto, la afición de Poio tocaba el bombo con más fuerza y no me dejaba dar instrucciones a mis jugadoras».

Fue una ocasión única para el fútbol sala femenino de la comarca. El Poio comparecía en escena como líder. El Leis estaba en la segunda posición, con un punto menos que su adversario.

Los días anteriores se vivieron con especial intensidad. A 24 horas del duelo, el entrenador del Leis se enteró de que la portera Esther Arcos no jugaría. «Se había caído por las escaleras. Me enteré un día antes. Para nosotros era tal la ilusión, que la noche previa al encuentro nos fuimos de cena», explica el entrenador vigués.

Ya sobre la cancha poiense, el Leis comenzó con buen pie. Se puso por delante en el marcador. Logró un 0-2 que se quedó en 1-2 al descanso. «Aquel día se vivieron grandes duelos individuales. Begoña Fraguas y Elian protagonizaron uno de ellos. Fue espectacular », relata el protagonista.

Sin embargo, el rival reaccionó. El Leis desaprovechó la ocasión de sentenciar en una maniobra genial de Luz Bugallo. «Intentó una vaselina desde lejos, desde el centro del campo casi. Habría roto el partido», anunció el técnico, que al final reconoció la justicia del triunfo de su adversario, aunque con matices. «Isa nos marcó el 3-2 con una vaselina sin querer. Sigo creyendo que tropezó y le salió perfecta. Fue un partido increíble, fueron justas vencedoras».

Estors, que suele llamar la atención de algunos aficionados por sus excentricidades, aporta razones para comprender como cordura lo que no pocos creen haber confirmado científicamente como locura. «Eché de menos no haber jugado de cinco todo el partido (con portera jugadora). Para mí los encuentros comienzan cuando acaban, aunque si tú hubieses cambiado todo aquello que deberías, el rival también podría haber reaccionado ante eso. Los errores son lecciones que aprendes de cara al futuro».

Aquel día Estors perdió un partido, pero perfeccionó una filosofía. «Gracias a ese partido comencé a utilizar el juego de cinco».

Hoy no ha dejado de emplearlo, con un gran éxito. Se ha convertido en su mejor mecanismo de ataque y defensa, un arma que ha llevado al renovado Leis de la actualidad a sellar la permanencia.

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