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Lágrimas de acero

''Me pasó lo que nunca imaginé que me fuese a suceder: lloré''. Santi Mariño no pudo con todas las emociones que azotaron su corazón el día que el Pontevedra B ascendió a Tercera División. Vio a su familia en la grada, a su madre, a su padre y a su hermano Enrique y cedió ante el poder de las lágrimas. Hoy lo cuenta y se vuelve a emocionar.

Mariño se bañó de gloria en Vigo, con una plantilla formada por un puñado de magníficos canteranos que el año anterior habían sido despreciados por la entidad -Aitor Díaz, Aitor Gómez, Castaño, Manu Nogueira, Manu Rodríguez, Hugo Soto o Luis-. ''Me costó mucho que volviesen al redil'', recuerda el entrenador. También había algún que otro fichaje extranjero (Fabio, Danilson y Kelvin) y junto a ellos destacaba un joven veterano, Richi González, hoy en la primera plantilla lerezana. ''Sin Richi, no hubieran tenido sentido muchas cosas''. El buenense siempre fue uno de sus favoritos. El tiempo le dio la razón.

Gran peña

Aquellos chicos llevaron el liderato a Vigo, a casa del Gran Peña, rival por el ascenso.

(Más información en nuestra edición impresa del 4 de febrero).

Lágrimas de acero
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