PIRAGÜISMO

Una medalla de bronce 'in extremis'

De los nervios a la emoción. 20 minutos antes de empezar la prueba de C-2 juvenil del Mundial de maratón de piragüismo Pablo Crespo y Diego Piñeiro no tenían barco. Dos horas después estaban en el podio
Diego Piñeiro y Pablo Crespo con la medalla de bronce. GONZALO GARCÍA
photo_camera Diego Piñeiro y Pablo Crespo con la medalla de bronce. GONZALO GARCÍA

Hicieron las maletas sin saber lo que se encontrarían en China. La llenaron de sueños, ilusiones, y un montón de "por si acasos". Nunca se sabe lo que puede haber allí. La trajeron de vuelta con un premio que marcará historia: una medalla de bronce en C-2 en la categoría junior en el Mundial de maratón celebrado en Shaoxing, China. Hablamos de Pablo Crespo y Diego Piñeiro, dos piragüistas que pese a su corta edad, ya saben lo que es representar a su país en un torneo de alto nivel.

Pero no todo es tan bonito como parece. Y es que las casualidades existen. "Tuvimos un barco prestado de los chinos", comenta Diego. Ahora lo recuerdan entre risas, pero la preocupación recorrió su cuerpo veinte minutos antes de dar comienzo la regata. "El selectivo fue mucho después de enviar los barcos hacia allí, y no teníamos barco. Lo conseguimos allí pocos minutos antes de remar, nos lo dejaron y lo probamos en el último momento. Nos vinimos abajo", recuerda Pablo cabizbajo.

Con miedo, incertidumbre y desmotivación por la situación previa, estos jóvenes se subieron al barco envueltos en dudas. "Teníamos mucho miedo, les veíamos a ellos, muy fuertes, muy grandes y nosotros somos muy flacos", comenta Diego entre risas. Pero todos esos factores se convirtieron en su fuerte una vez comenzaron a remar. "Salimos y vimos que la gente empezaba a chocarse y buscar huecos, nos colocamos en el tercer puesto y ahí empezamos a soñar".

Pablo Crespo: "Ibamos desmotivados, pero salimos y vimos que la gente empezaba a chocar. Ahí empezamos a soñar"

Todavía se frotan los ojos. Recién aterrizados tras 15 horas entre aviones. Llegan con sus otros dos compañeros que compartieron con ellos este viaje: Jenifer Casal y Oscar Duro, que también realizaron una actuación magistral. Tienen sueño. No queda muy claro si por no dormir, o por no querer despertar de esta experiencia que firma su debut a nivel internacional. Por su lado pasan sus compañeros de equipo, que les felicitan y abrazan cada poco tiempo. "Es la primera vez que viajamos, todo esto es nuevo", afirma Pablo. "No nos esperábamos este recibimiento. Pensaba que íbamos a llegar aquí, dejar las cosas y nos íbamos a ir a casa". Juventud, divino tesoro.

La inocencia de estos jóvenes se refleja en el brillo de sus ojos al contar la historia. No han tenido apenas tiempo para asimilar nada de lo ocurrido. Atrás quedan fuertes entrenamientos que les ha llevado a competir entre los más grandes de este deporte en su categoría. "Hemos trabajado muy duro para llegar allí, llevamos más de tres meses preparando esta experiencia sin saber seguro si íbamos a ir". Todo han sido dudas en este viaje que retorna con la mayor de las glorias. "No tuvimos claro si íbamos hasta el último momento, entrenábamos para ello pero no lo supimos hasta la última semana", asegura Pablo con mucha firmeza.

Las circunstancias no fueron de cara, pero su lucha hasta el final les ha hecho entrar en la historia del piragüismo, hasta el momento, con letras de bronce.

Y esa es precisamente una casualidad más para esta pareja de deportistas que han formado el tándem perfecto, a pesar de que en sus inicios por separado, ninguno apostaba por este deporte: "No conocía el piragüismo. Primero hice fútbol, después balonmano y luego lucha libre. A partir de ahí caí en el piragüismo gracias a un amigo de mi padre. Vi las piraguas y lo tuve claro. Quería hacer eso", relata Diego.

Diego Piñeiro: "Teníamos mucho miedo. Les veíamos a ellos muy fuertes, muy grandes y nosotros somos muy flacos"

FUTURO. Pablo nunca se planteó practicar este deporte. Curioso si se tiene en cuenta de donde procede. Hijo de José Manuel Crespo, olímpico en los Juegos de Atlanta 96 y Sidney 2000, y Ana Penas, primera gallega en disputar tres Juegos Olimpicos (Barcelona 92, Atlanta 96 y Sidney 2000). Lo lleva en los genes. Sin embargo, Pablo se inició en el fútbol "nunca me planteé hacer esto hasta que un verano, por curiosidad, decidí probar. Me lo pasé muy bien". Y de la casualidad al triunfo. Así es como empiezan las mejores historias.

Ahora toca descansar, pero por su cabeza ya sólo pasan medallas y podiums. "Tenemos que mejorar lo que hemos hecho, no queda otra. Me esforzaré día a día para conseguir mejores resultados", asegura Diego.

Es hora de volver a la realidad. Pablo ya piensa en coger de nuevo los libros para retomar sus estudios de Carrocería, en los que se ha matriculado este curso. "Ha sido un año complicado. Primero fue la concentración y ahora estos diez días. Hay que centrarse". Los pasillos de la escuela en la que Pablo se labra el futuro, esta semana escucharán un único tema de conversación: el recuerdo de esa hazaña que toca relatar con pelos y señales.

Un viaje para no olvidar. Como recuerdo queda una medalla que "colgaremos en casa". Se la quitan con sumo cuidado. Ahora si, fin de la aventura.

'Medallista' mundial antes de nacer 
Pablo Crespo llegó por casualidad al piragüismo. O al menos eso dice él. Su madre, Ana María Penas, destaca por ser la primera gallega en disputar tres Juegos Olímpicos. Pero no sólo eso. La ex palista realizó sus últimas apariciones sobre el barco embarazada de tres meses, en los Juegos Europeos celebrados en Polonia en 2001. Allí obtuvo una medalla de plata y otra de bronce. Una anécdota, que lejos de ser comentada en casa, Pablo asume con naturalidad. "Lo hemos comentado pocas veces", asegura convencido. 

Ana Penas luchó hasta el final, algo que ahora trata de transmitirle a su hijo en esta nueva andadura. La piragüista llevó en silencio aquel embarazo durante la competición, sin embargo, tanto ella como su marido, sabían que aquella experiencia pasaría factura. 

Inocencia 
Sus padres ya conocen de primera mano los sentimientos que recorren el cuerpo de Pablo Crespo en estos momentos. Lo miran con una sonrisa en los labios. Ellos ya vivieron esa situación en su propia piel y ahora recuerdan aquellos momentos en la expresión de su hijo. Este joven todavía acaba de empezar.

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